Esta no es una historia real
A veces un libro duerme dentro otro. La idea de escribir “Malas lenguas”, cuenta Alan Pauls, surgió mientras traducía un inédito de Proust de 80 páginas, atrapadas en un volumen de 3oo: el resto eran prólogos, prefacios, epistolarios entre académicos… “Fui leyendo entrelíneas las rivalidades, los litigios, las querellas; allí había una novela de intrigas”, desgranó el autor de “El pasado” en tertulia con Javier Montes, durante la presentación madrileña.
Con esa pólvora y ganas de recrear un mundillo cerrado en el que a veces parece que se puede matar por una cita errónea, Pauls imaginó una voz narradora poco fiable que glosa la biografía de un tal Baldó, erudito no se sabe bien en qué, escrita por otra académica con quien rivaliza.
Quien lee busca obsesivamente en ese libro menos pistas sobre el biografiado que sobre Bernal, un joven examante suyo al que la biógrafa dedica una mención escuálida. Esa sed convierte a “Malas lenguas” para su autor en una novela “sobre el hechizo de la juventud como si todo lo demás (inteligencia, mundanidad, brillo, talento…) fueran capas de ropa que subliman la joya diabólica de la juventud”.
Cómo se cuenta una vida; qué merece ser contado y cuándo dejar de narrar; qué entra y qué sale del relato son cuestiones que la novela escenifica. “El artista inventa una vida de artista; en un momento dado dice: ‘Yo soy esto’. Todo lo que vivió antes no me parece relevante”, postula Pauls, a favor de las biografías que se desmarcan, a contracorriente.
En la pulseada actual entre imaginación y autoficción, hay escritores argentinos que militan en la primera. César Aira se luce sobre el tema en “Evasión”; Fernanda García Lao alerta cada vez que puede sobre cierto desdén del presente por el enorme trabajo de inventar y Alan Pauls descree del plus de valor que para algunos tiene una historia cuyo trasfondo es real, que impone desde hace 20 años la autoficción como “exigencia y truco”.
“Malas lenguas” miente gozosamente como sólo la gran ficción sabe hacerlo. Nunca se vislumbra si los artistas son tales; todo es dudoso y movedizo, algo trash. Abundan pasión, inquina, celos, humor, erotismo, maledicencia y, sobre todo, para disfrute de los lectores, una escritura libérrima y exhaustiva, que celebra a la vez los detalles y la deriva; boyar, perder el hilo, dejarse llevar. Antes, durante y después, todo es literatura.
Periodista y poeta, construyó una carrera a ambos lados del Atlántico. Es autora de cinco libros de poemas, entre ellos, "Riesgos de la noche" y "Monstruos privados", ambos publicados por Alción. [email protected]
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