Delia Ferreira Rubio: “La transparencia, la integridad y la ética son todavía asignaturas pendientes en la Argentina”
-En términos globales, ¿cómo ve hoy la relación entre la función pública y la ética de los gobernantes?
-La falta de integridad de la dirigencia, la debilidad de los mecanismos de control y la impunidad están en el centro del problema de la corrupción. Los escándalos de corrupción pueden producirse en cualquier país. La diferencia entre los países reside en la reacción de las instituciones y de la sociedad. Cuando no hay consecuencias, la impunidad está garantizada y la sociedad mira indiferente o sigue votando corruptos; cuando esto sucede la corrupción se normaliza, generaliza y se transforma en un sistema.
-Argentina no logra salir de la zona del aplazo, a pesar de las promesas y los discursos. En el Índice de Percepción de Corrupción 2025 de Transparencia Internacional Argentina registra un punto menos que en el año 2024, con 36 puntos sobre 100 posibles. La transparencia, la integridad y la ética son todavía asignaturas pendientes. En las encuestas de opinión, la corrupción aparece entre las tres o cuatro mayores preocupaciones de la población. Obviamente, los escándalos agudizan esa percepción, pero no parece que la corrupción sea un factor determinante a la hora de votar.
-Mirando nuestro país y la región en clave de calidad republicana, ¿qué observa sobre el funcionamiento de los poderes del Estado?
-A nivel global se observa una erosión de las democracias, con distintos focos problemáticos, según el país. Latinoamérica no es la excepción. Uno de los principales problemas es la falta de independencia del poder judicial y de los organismos de control. Otra área de preocupación es la relacionada con libertad de expresión y de prensa, así como las restricciones al acceso a la información pública, elementos centrales para una democracia de calidad. La desinformación -potenciada por las redes sociales y las nuevas tecnologías- también contribuye a la erosión de la democracia y va de la mano de la polarización política, la fragmentación social y la imposibilidad de un diálogo civilizado.
-Se observa una tendencia hacía el aumento de los rasgos autoritarios aún en los países con sistemas democráticos: la concentración de poder en los ejecutivos en detrimento de los poderes legislativos; la falta de independencia del poder judicial; los ataques a la prensa; las restricciones y obstáculos a la participación. La constante pérdida de confianza en las instituciones y las malas políticas sumadas a la corrupción producen insatisfacción con los resultados. Las políticas no responden a las necesidades y demandas de la sociedad. Es un círculo vicioso en el que se pierde la confianza en las instituciones y se deteriora el apoyo a la democracia. El Latinobarómetro, por ejemplo, revela que a un 25% promedio de la población en la región le da lo mismo vivir en democracia o en un régimen autoritario.
-¿De qué forma influye el financiamiento en la actividad de los partidos políticos y los procesos electorales?
-La relación dinero-política es siempre complicada. Para hacer campaña, competir en elecciones y mantener una estructura partidaria hacen falta fondos. El problema empieza cuando la política se transforma en negocio; cuando los aportes de campaña son un mercado a futuro de decisiones políticas; cuando nadie sabe de dónde vienen los fondos y en qué se gastan; cuando los representantes que elegimos no representan a los ciudadanos, sino a los intereses de quienes bancaron su carrera, lo cual se agrava en el caso del financiamiento proveniente del crimen organizado. No hay un sistema de regulación perfecto. Las normas deben adaptarse a los contextos institucionales, políticos y sociales. Como en toda política pública, los objetivos perseguidos pueden variar: en algunos países se privilegia el financiamiento de la política como una forma de la libertad de expresión; en otros se busca limitar el costo de las campañas; otro objetivo posible es el de garantizar una competencia equitativa donde el dinero no sea el determinante de las chances de ganar. A mi juicio, el principio central e irrenunciable desde el punto de vista de la calidad de la democracia es la transparencia en el origen y destino de los fondos de campaña y del patrimonio de los partidos. Este principio fue recogido por la reforma constitucional de 1994 que también introdujo la obligación del Estado de contribuir al sostenimiento económico de los partidos y la capacitación de los dirigentes. En este momento el Senado discute el proyecto de reforma electoral que incluye normas sobre el financiamiento político que pueden resultar problemáticas, como la eliminación de los topes de gastos de campaña, la eliminación del financiamiento público para campaña, un predominio del financiamiento privado y la introducción de los llamados “gastos independientes” sin limitación alguna. No creo que la norma se apruebe tal como la propone el Poder Ejecutivo. Veremos.
- Pensando en el Lobby, ¿de qué manera se relacionan la articulación de intereses y su posible regulación?
-El problema del lobby se vincula a lo que podríamos llamar el ecosistema de la influencia. Influir en las decisiones públicas es de la esencia de la república y de la democracia. El problema es la influencia encubierta, orientada no a la mejora de las decisiones, sino a la generación de privilegios y prebendas. Tradicionalmente se recurrió a los registros de lobistas y de audiencias para saber quién se reunía con qué decisor y qué intereses representaba. Los registros no son la solución para la opacidad de la influencia indebida, sino más bien una respuesta burocrática que forma parte de un relato de transparencia. La OCDE en sus recomendaciones respecto a la integridad de los mecanismos de influencia reconoce que el enfoque de los registros no ha solucionado el problema. Por otra parte, el contexto global del poder ha cambiado y ahora los CEOs de las cuatro o cinco grandes empresas tecnológicas se reúnen mano a mano con los jefes de Estado, como en la reciente reunión del G7. En este sentido, el proyecto de ley que se discute en Diputados me parece inútil y excesivamente burocrático.
-En un escenario político complejo y polarizado, ¿qué papel juegan las organizaciones de la sociedad civil?
-Las organizaciones de la sociedad civil canalizan la participación de los ciudadanos de a pie, organizan esa participación para hacerla más efectiva. Hay muy distintos tipos de ONGs que tienen objetivos y focos diversos. Hoy por hoy son un actor relevante en el sistema democrático. Y en algunos países con regímenes autoritarios -aun corriendo serios riesgos- han contribuido a la resistencia y la movilización de la ciudadanía. En la actualidad se registra una tendencia a obstaculizar la labor de las organizaciones de la sociedad civil cuestionando su legitimidad y restringiendo su espacio de actuación. Es una tendencia preocupante porque se vincula al proceso de desgaste de la democracia del que hablábamos antes.
Delia Ferreira Rubio es abogada (Universidad Nacional de Córdoba), Doctora en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) es miembro del Consejo Global sobre Buen Gobierno del Foro Económico Mundial. Se desempeñó como presidente de Transparencia Internacional (2017-2023); miembro del Comité Directivo de la Alianza de Gobierno Abierto (2018-2021); Co-presidente del Consejo Global Anti-Corrupción del Foro Económico Mundial (2019-2022) y miembro del Board del Pacto Global de Naciones Unidas (2020-2023).
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