Gobernar la conversación
Los partidos marcaban los horarios, las redes sociales tenían un mismo tema y hasta la discusión política parecía entrar en pausa. No porque desapareciera, sino porque había algo más poderoso ocupando el centro de la escena: una historia compartida.
Pero cuando termina el torneo, ese espacio vuelve a quedar vacío. Y allí reaparece uno de los principales desafíos de cualquier gobierno: recuperar la iniciativa.
Desde hace décadas, la teoría del agenda setting sostiene que quien logra instalar los temas sobre los que habla una sociedad obtiene una ventaja política importante. Sin embargo, en la actualidad eso ya no alcanza. Las redes sociales aceleraron tanto la circulación de información que un tema puede dominar la conversación durante unas horas y desaparecer al día siguiente.
El gobierno de Javier Milei conoce muy bien esa lógica. Ha demostrado una enorme capacidad para instalar debates, provocar discusiones y convertirse rápidamente en el centro de la escena. Pero una cosa es generar conversación y otra muy distinta es construir una narrativa.
Durante buena parte de la gestión, el relato oficial estuvo sostenido por una idea clara: atravesar un período de sacrificio para dejar atrás el modelo económico anterior. Esa explicación alcanzó para ordenar los primeros meses de gobierno. Pero el tiempo modifica las demandas sociales.
Llega un momento en que la sociedad ya no pregunta únicamente de dónde viene. Empieza a preguntar hacia dónde va.
Y esa respuesta no puede construirse solamente a partir de nuevos conflictos, polémicas o batallas culturales. Cada uno de esos episodios puede ganar la discusión del día, pero difícilmente alcance para explicar el futuro.
Ese es el riesgo del acontecimiento permanente: cuando todos los días necesitan un nuevo impacto para mantener la atención, la conversación nunca logra transformarse en una dirección.
El Mundial dejó una enseñanza que excede al deporte. Las sociedades necesitan historias capaces de organizar la incertidumbre. Durante algunas semanas, la Selección ocupó ese lugar. Había un objetivo compartido, un camino y una ilusión.
Ya no alcanza con instalar el tema del día ni con dominar la conversación en las redes sociales. El desafío pasa por construir una idea de futuro que permita entender por qué vale la pena atravesar el presente.