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clarin.com · hace 17 horas · Clarin.com - Home

El acuerdo Trump / Xi Jinping lleva a Taiwán de vuelta a China

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Los mercados emergentes que se referencian en el Índice bursátil MSCI de Wall Street lograron un nuevo record histórico en los últimos 10 días y treparon 17% desde enero de este año, pero lo han hecho con una particularidad significativa: más de la mitad de este incremento ha sido logrado por 2 gigantes productivos de tecnología avanzada surgidos en países emergentes: la surcoreana Samsung Electronics ha trepado 122% en este periodo, sólo que liderada por su filial high tech SK Hynix, que aumentó 146%; la otra extraordinaria competidora del MSCI ha sido la taiwanesa TSMC que aumentó 48% en los últimos 6 meses, pero lo ha hecho con una capitalización de mercado que es el doble de la de Samsung, y que asciende a más de US$ 2 billones.

Esto implica que en el mundo de hoy la capacidad competitiva de los países emergentes se mide fundamentalmente con la de los más avanzados, ante todo Estados Unidos; y esto tiene lugar en el terreno de las tecnologías decisivas de la 4° Revolución Industrial, en especial la Inteligencia artificial (IA).

De estos hechos surge una primera constatación: la economía global se ha integrado absolutamente en la fase de la IA, hasta el punto de excluir la diferencia entre el “adentro” y el “afuera”; y la categoría estratégica predominante ya no es más el “espacio” o el “tiempo”, sino la “instantaneidad”.

La economía global, en suma, se ha convertido en una gigantesca plataforma digital que vive, actúa y se expande en el único mundo de lo instantáneo, de modo que para ella no hay “pasado” ni “futuro”, sino sólo un “presente eterno”.

Pero los países emergentes también se caracterizan por su crónica volatilidad, que muestra el arrastre que todavía tiene el pasado.

De ahí que el mundo emergente contraponga a su intrínseca volatilidad una superior capacidad de crecimiento; así, por ejemplo, el MSCI se expandió 31% en 2025, 12 puntos más que el mundo avanzado.

Esta disparidad se ha convertido en una de las nuevas tendencias de la época y el resultado es que lo que en la década del ´70/´80 era el denominado “tercer mundo” hoy se ha convertido en la principal fuente de capitales de los países avanzados; en especial, en el área decisiva de la infraestructura energética en que se funda la IA.

La red de data centers que se despliegan hoy por todo Estados Unidos fueron construidas con recursos de los fondos soberanos de Emiratos Árabes, Qatar, y Arabia Saudita, entre muchos otros.

Este fenómeno de reversión de tendencias ha modificado la geopolítica global y ha diseñado un nuevo sistema de poder en el mundo.

El caso de TSMC ha adquirido las características de un auténtico arquetipo de una nueva época histórica.

Sus datos fundamentales son los siguientes: las ganancias aumentaron 77% en el 2° trimestre de 2026, debido a su condición de gran protagonista del boom mundial de la IA; y sus ingresos netos alcanzaron a US$ 22.000 millones en igual período.

Ahora se espera que en el 3° trimestre sus ingresos aumenten 37% anual, que alcancen a US$ 45.000 millones, y al mismo tiempo desde Taipei han señalado que tienen previsto invertir en capital este año más de US$ 56.000 millones, para lo cual van a recurrir al endeudamiento en el mercado financiero internacional.

El trasfondo de estos datos híper positivos es que ya ha establecido 10 nuevas plantas de fabricación de chips en el estado de Arizona, para lo que ha hecho una inversión de US$ 265.000 millones; y en estas últimas 2 semanas ha decidido aumentar esas inversiones en US$ 100.000 millones más, todas ellas centradas en la fabricación de semiconductores o chips de última generación, capaces de competir con los de Nvidia y las “estrellas” de la República Popular (Huawei, Alibaba, Tencent, y otros).

Esto significa que ya está en Estados Unidos más de la mitad de la industria manufacturera de semiconductores del mundo, un ejemplo notable de “reindustrialización” de la economía norteamericana que ha decidido Donald Trump. Al mismo tiempo, desde el punto de vista geopolítico, esto equivale a restarle a la Isla de Taiwán la única actividad que le otorgaba relevancia internacional.

Esto sucede cuando la totalidad del interés geopolítico de Washington está centrada en China Continental, con la que ha establecido un acuerdo estratégico de largo plazo para modificar las corrientes mundiales de comercio y multiplicar por tres las exportaciones norteamericanas de alta tecnología, encabezadas por las de Nvidia y ahora también las de TSMC.

Aquí está, entre Estados Unidos y China, el nuevo centro del poder mundial, que es tanto geopolítico como tecnológico, los dos fusionados.

En esta nueva ecuación de poder que existe en el mundo hoy el papel de Taiwán sigue la regla de Clausewitz de que “lo accesorio sigue siempre la suerte de lo principal”.

Cheng Li-wun, titular del principal partido opositor de Taiwan, Kuomintang (KMT), en una visita al presidente de China, Xi Jinping, en abril. CTI via REUTERS TV.

Por eso, y con el cuidado de subrayar que el análisis estratégico aborrece de los pronósticos, es imperioso advertir que es altamente probable que Taiwán se reincorpore a China en 2027 a más tardar.

Raymond Aron recuerda siempre que “la historia no es determinista, pero hay un determinismo en la historia”.

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