Odiar a la Argentina
Es imposible negar que Argentina es el país más racista del mundo. Sería imposible negar que cualquier país es el más racista del mundo y, cuanto más esfuerzo ponen los ciudadanos de cualquier país para demostrar que no merecen esa etiqueta, más racistas serán, al parecer, de la opinión pública digital. Negar el racismo en Argentina es imposible. En primer lugar, porque el racismo existe; en segundo lugar, Argentina; en tercer lugar, porque la probabilidad de observar un acto racista nunca es cero. No lo es en ningún país del mundo.
Es suficiente con un evento de racismo, y es suficiente con negar ese evento públicamente, para demostrar que uno es racista o, por lo menos, que niega la existencia del racismo. No lo digo solo como un problema cultural, sino también como un problema lógico. Un solo video con un acto racista de un solo hincha de la selección argentina es suficiente para demostrar que todos aquellos que en Argentina niegan el racismo serán percibidos como racistas.
el racismo existe; en segundo lugar, Argentina; en tercer lugar, porque la probabilidad de observar un acto racista nunca es cero."
Ese es el motivo por el cual, en la hoguera de las vanidades, no existe un escape a la sanción moral que toma cuerpo social. No hay duda de que en Argentina las expresiones de racismo, misoginia y xenofobia han hecho sufrir a nuestros pueblos originarios, afroargentinos, inmigrantes y todos aquellos que se han sentido discriminados. Es por eso tan doloroso para quienes tomamos posiciones abiertamente antirracistas el no poder decir “¡eso no es cierto!”.
Pero explicar que Argentina legisló en contra de la esclavitud antes que otros países o que la invisibilización de minorías afro-argentinas es resultado de un proceso complejo y a menudo violento de acomodamiento social, racial y cultural entre 1813 y 1860, como describe una cuidadosa historiografía en Argentina, no tiene espacio en el mundo digital. Hacerse eco de esta historiografía será percibido nuevamente como una demostración de que Argentina no quiere confrontar su historia racial. Esto es cierto de la Argentina y, en el mundo digital, también sería cierto de cualquier país acusado de racismo.
La paradoja de las acusaciones de racismo contra la Argentina es que, por tanto, no pueden ser refutadas sin demostrar que somos un país racista. Un problema de lógica argumental que afecta por igual a todos quienes hayan sido acusados de racistas, injustamente o no. Es la diferencia entre el racismo y el #racismo.
En defensa de la argentinidad cultural y futbolística (y en contra del algoritmo)
En las redes sociales de la Argentina, la indignación frente a las acusaciones de racismo produjo intervenciones que, por supuesto, prueban el racismo. Gran cantidad de usuarios en Argentina se sintieron personalmente ofendidos por la acusación de racismo, lo que llevó a que casi el doble de los mensajes sobre el racismo surgieran en Argentina.
Parafraseando a George Lakoff, “no pienses que Argentina es racista” pone en circulación la asociación semántica entre Argentina y racismo. Hoy las redes sociales están inundadas de mensajes que contienen las palabras “Argentina” y “racismo”, y el mayor productor de esa asociación son usuarios argentinos que discuten, se enojan, insultan, sufren, se indignan, se abruman, se estresan, y lo expresan en infinidad de mensajes más o menos agresivos que, nuevamente, demuestran que la Argentina es racista.
Porque es imposible negar que la Argentina es el país más racista del mundo si el universo digital está repleto de mensajes que tienen esas dos palabras en un mismo párrafo. Las intervenciones denunciando estas acusaciones son, extrañamente, inversamente proporcionales al nivel de racismo. Aquellos que sentimos que es una acusación injusta, pero sabemos que el racismo es un problema social en Argentina, nos quedamos callados.
Hoy las redes sociales están inundadas de mensajes que contienen las palabras “Argentina” y “racismo”, y el mayor productor de esa asociación son usuarios argentinos que discuten, se enojan, insultan, sufren, se indignan, se abruman, se estresan, y lo expresan en infinidad de mensajes más o menos agresivos que, nuevamente, demuestran que la Argentina es racista."
Quienes no se perciben como racistas, pero en realidad carecen de empatía hacia quienes sufren por el racismo, intervienen parcialmente. Aquellos que son racistas, pero no lo saben, intervienen con mucha frecuencia; en tanto que el grupo de argentinos que son abiertamente racistas lo expresa de modo que aumenta la cantidad de racismo tóxico expresado localmente y exportado al mundo.
Visto de conjunto, composicionalmente, la indignación frente a la acusación de racismo ha producido una gran cantidad de material tóxico que nuevamente “demuestra” que Argentina es el país más racista del mundo, como todos los países del mundo que son los más racistas del mundo. En lo que respecta al racismo, parafraseando a Garrison Keillor, “todos los países son más racistas que el promedio”, porque la acusación de racismo conlleva la discusión sobre el racismo.
No es simplemente la visibilización de las comunidades marginadas, sino también la indignación del que es percibido como su clase dominante. El problema con ser el país más racista del mundo es que el lenguaje digital tóxico que prolifera es el que aumenta la prevalencia de los discursos racializados, racializantes y racialmente tóxicos. Ser el país más racista del mundo hace que aumente el racismo, y no solo la percepción del racismo, porque les da voz y voto digital a los sectores conservadores que mejor alineados están con comunidades supremacistas en el orden internacional.
Es por eso que, con cierta sorna, la ultraderecha española enarbola la bandera de civilizados europeos contra la barbarie racista, utilizando metáforas violentamente coloniales y racistas. Hoy, todos los países del mundo que participaron del discurso de odio contra Argentina son también más racistas que ayer, y el mundo es menos libre, menos igual y más violento que antes de que el odio a la Argentina se volviera este huracán digital. En todos estos países, sus actores más tóxicos, sus grupos menos sensibilizados respecto del sufrimiento de quienes han sido marginalizados, han dado un paso al frente.
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Hay gente que realmente sufre y yo, sin embargo, soy un privilegiado. ¿Por qué debería hacer el duelo de haber perdido la voz para expresar mi enojo cuando se comete una injusticia contra grupos que han sido marginalizados, cuando el sufrimiento mayor es el de quienes han sido marginalizados? Y, sin embargo, duele perder la autoridad ética para hablar del tema, porque somos parte del país más racista del mundo.
Eso es cierto de todos los colegas progres que ven cómo los discursos de odio crecen afuera y adentro, quedando al mismo tiempo inhibidos de criticar o solidarizarse sin ser percibidos como “parte del problema”. Es por eso que los discursos de odio hacen también crecer el odio. Quienes son víctimas se sienten más víctimas. Quienes luchan junto a las víctimas son percibidos con desconfianza. Quienes atacan a todos los que son marginalizados, en cambio, pueden dar rienda suelta a sus creencias, en un círculo vicioso del cual es muy difícil escapar.
Como fanático del fútbol y un enamorado de mi país, he visto la desconfianza de colegas preguntando “¿cuál es la historia con Argentina?” luego de esta Copa del Mundo. “¿Cómo se puede apoyar al equipo de fútbol del país más racista del mundo?”, me preguntan. Por tanto, la incapacidad de negar que Argentina es el país más racista del mundo, les regala la Argentina, mi país, a los peores actores, y hace sufrir a la gente que más quiero.
“Al final es todo sobre cómo vos te sentís”, pueden decir con total validez. Y, sin embargo, acaban de ser anuladas muchas de las herramientas a mi disposición para disminuir el racismo en la Argentina y, en cambio, se les han dado todas las herramientas a los racistas para que estos discursos de odio se propaguen. Eso es también lo que pasa en todos los países que son “el país más racista del mundo”.
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Al igual que en el caso #Nisman, el origen político de Argentina como el país más racista del mundo viene no solo de la intensidad del fútbol. En un análisis de más de 500.000 tuits únicos y cerca de 40 millones de eventos de amplificación, las comunidades hablando de fútbol, el madridismo, cristianismo (por Ronaldo), los medios especializados en deporte, son uno de los actores presentes. Muchos actores crearon contenido sobre el racismo en Argentina por motivos pragmáticos que responden a la política local de cada país.
La lucha interna por el corazón del Partido Demócrata transformó la acusación de racismo en Estados Unidos en un litmus test. Argentina en Estados Unidos, y parcialmente en España, fue categorizada como pro-Israel, en tanto que España fue categorizada como no racista y pro-Palestina. Poco importa que España sea también el país más racista del mundo, y desafío a todo español a que demuestre que esto no es cierto tanto como desafío a todo argentino para que me demuestre que Argentina no es el País más Racista del Mundo. Probar este negativo es lógicamente imposible, y no simplemente porque España tiene un penoso historial en materia de derechos raciales, tanto a nivel doméstico como internacional.
Al igual que en el caso #Nisman, distintas comunidades construyeron narrativas de Argentina como un país racista (EE. UU.) o de un país bárbaro (España, Inglaterra, Francia), como estrategia para dirimir conflictos entre sus propias facciones políticas y para crecer sus electorales locales. En España, el lenguaje de odio contra Argentina ha tenido menos carga de su sector progre y mucha mayor presencia de Vox y otros actores supremacistas blancos, nacionalistas, no solo del madridismo. Al igual que en Argentina, los actores más solidarios, menos xenófobos y su movimiento antirracista son los que han permanecido callados. En España, como en Argentina, las redes sociales muestran su peor cara.
Desafío a todo español a que demuestre que esto no es cierto tanto como desafío a todo argentino para que me demuestre que Argentina no es el País más Racista del Mundo."
En los millones de eventos en redes sociales que he estado recopilando, luego de la Argentina, que es el mayor productor de mensajes sobre “Argentina” y “Racismo”, le siguen la izquierda de Estados Unidos y la derecha en Europa, muy vocales en producir una huella digital sobre la actualidad argentina. Notablemente ausentes están gran cantidad de voces de minorías étnicas, raciales y culturales de la Argentina.
Pero, ¿por qué deberían los ciudadanos afroargentinos, los miembros de los pueblos originarios, o cualquier otra persona afectada por el racismo en Argentina salir a defender a nuestro país? ¿Acaso deberían defender a los Estados Unidos sus minorías marginalizadas, las víctimas de la violencia policial, los secuestrados por ICE? La Argentina nunca asesinó a un líder afroamericano, pero ¿acaso no reprimió recientemente protestas de sus pueblos originarios? En todos los países que son acusados de racismo, la defensa no tiene por qué estar en sus minorías marginalizadas, quienes tienen derecho a quedarse calladas y no defender el lavado de cara de quienes los lastiman. Pero, nuevamente, el que calla otorga y los actores más tóxicos son los que ganan espacio político. Porque dominar el mensaje en las redes es también crecer en la política.
El futuro del antirracismo en Argentina ha perdido una batalla importante en estos días. Argentina es notablemente más racista que hace una semana, como resultado del discurso de odio posmundial y de nuestra defensa del no-racismo local. En todo futuro cercano, una búsqueda sobre el racismo en Argentina en Google, Claude o ChatGPT va a devolver enorme información, alguna verdadera y alguna falsa, producida durante estos pocos días.
La información sobre la Argentina como un país racista se ha multiplicado en órdenes de magnitud, aun si Argentina hoy sigue sin tener historia de linchamientos, masacres, persecuciones, encarcelamientos masivos o cualquier otra característica de racismo institucional de otros países que, como la Argentina, también son los más racistas del mundo. La historia digital es escrita por las asimetrías en actividad de quienes viven en el mundo digital. Por tanto, una derecha más activa implica que la derecha ha ganado mucho terreno.
El racismo hoy es más abundante en el mundo digital, gracias al discurso tóxico de quienes atacaron a la Argentina, como por la gran cantidad de contenido digital creado por los argentinos que nos indignamos con la acusación. Vivimos en el mundo de #LaHogueraDeLasVanidades, un mundo que primero se expresó masivamente en #Nisman y que hoy sufrimos como colectivo.
*Prof. de Ciencia Política (Northwestern University) y Prof. en Univ. de Maryland.