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lanacion.com.ar · hace 2 horas · Esteban Bullrich

Argentina es más que lo peor que se ha dicho de ella

LA NACION

En las últimas semanas he visto cómo mi país -y nuestra selección de fútbol- se convirtió en blanco de acusaciones que van mucho más allá de la crítica a una conducta inaceptable. Se ha retratado a Argentina como una nación racista. Algunos incluso han sugerido que nuestra identidad nacional está de algún modo entrelazada con el nazismo.

Como todos los países, tenemos racismo, prejuicio, ignorancia e intolerancia. Tenemos personas que dicen cosas ofensivas, personas que discriminan y personas que no logran ver la dignidad del otro ser humano. Nunca deberíamos negar esa realidad. Debemos enfrentarla con honestidad.

Admiro a Samuel L. Jackson desde hace décadas. Su trabajo ha entretenido e inspirado a millones de personas en todo el mundo, incluido yo. También respeto a todo líder público que elige luchar contra el racismo. La humanidad necesita más voces así, no menos.

Sin embargo, la admiración no elimina la responsabilidad de disentir cuando el desacuerdo está justificado.

Cuando figuras públicas reducen a Argentina a caricaturas, pasan por alto una historia que merece ser conocida.

En 1813, cuando buena parte del mundo todavía aceptaba la esclavitud como algo normal, Argentina sancionó la Ley de Libertad de Vientres, que declaraba libres a los hijos de mujeres esclavizadas. Cuarenta años después, en nuestra Constitución de 1853, la esclavitud fue abolida por completo.

Esas decisiones llegaron medio siglo antes de que Abraham Lincoln firmara la Proclamación de Emancipación y una década antes de que la Decimotercera Enmienda aboliera la esclavitud en todo Estados Unidos.

Una nación no debería ser juzgada solo por su capítulo más oscuro, ni por sus voces más ruidosas.

Los críticos suelen señalar que criminales de guerra nazis huyeron a Argentina después de la Segunda Guerra Mundial. Eso ocurrió. Es una mancha en nuestra historia que ningún argentino serio busca borrar.

Pero la historia también nos dice que muchos países -incluidos Estados Unidos, Canadá y varias naciones europeas- recibieron a antiguos nazis a través de distintos programas de inmigración u operaciones de inteligencia durante la Guerra Fría. El mal explotó circunstancias políticas en varios continentes.

Concluir de esa realidad que Argentina es “un país nazi” es tan injusto como decir que Estados Unidos se define por la esclavitud o que Europa se define por el colonialismo.

Quizás lo que más me entristece es que estas acusaciones surgen en un momento en que el mundo necesita desesperadamente menos desprecio y más humildad.

La humildad comienza por reconocer nuestros propios fracasos antes de condenar los de los demás.

Ninguna nación ha completado la tarea de reconocer la igual dignidad de cada ser humano.

Como alguien que vive con ELA, dependo gran parte de mi vida de la bondad de los demás. Ya no puedo hablar con mi propia voz. Solo muevo los ojos. La enfermedad me ha despojado de toda ilusión de autosuficiencia.

El verdadero liderazgo rechaza el racismo sin convertir a naciones enteras en estereotipos.

Condena las palabras de odio sin olvidar la humanidad de quienes las pronunciaron.

Recuerda que la justicia sin misericordia se convierte fácilmente en autocomplacencia moral.

El fútbol, como la política, a menudo magnifica nuestros peores instintos. La pasión puede volverse arrogancia. La celebración puede volverse insulto. El orgullo nacional puede volverse exclusión.

Pero las disculpas nunca deberían exigir aceptar identidades falsas impuestas por otros.

Está construida por inmigrantes que cruzaron océanos cargando poco más que esperanza.

Por maestros, médicos, agricultores, trabajadores y voluntarios que sirven silenciosamente a sus comunidades todos los días.

La lección más profunda de mi enfermedad es que a ninguno de nosotros nos recordarán por las discusiones que ganamos en las redes sociales ni por los insultos que dirigimos a desconocidos.

Júzguennos por nuestra voluntad de reconocer nuestros fracasos y seguir creciendo.

Esteban Bullrich

Exministro de Educación de la Nación, exsenador nacional por la provincia de Buenos Aires

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