Los porcinos tienen su lugar en Palermo: una actividad que se hace con “pasión” y con ejemplares que pueden llegar a valer $ 7,5 millones
La ganadería porcina es una de las principales actividades agropecuarias del país, que en las últimas décadas ha tenido un crecimiento exponencial de la mano de un salto del consumo interno de su carne en fresco, logrando posicionarse como un uno de los alimentos preferidos de los argentinos.
Ese salto productivo tuvo sus comienzos en el trabajo de las cabañas para mejorar y perdurar el puñado de razas que se producen en el país: Pietrain, Duroc Jersey, Landrace, Yorkshire, Hampshire y Spotted Poland, todas ellas presentes en la muestra.
Si bien la cría de cerdos de pedigree no es una actividad de larguísima data en el país, como lo son la vacuna u ovina, sí tiene su historia y su extensa presencia en la Exposición Rural de Palermo.
Juan Carlos Greco es de la localidad bonaerense de 9 de Julio y conduce la cabaña La Blanquita, la primera del país, fundada en la década del 50 por su abuelo, y desde 1979 que participan de manera ininterrumpida en la muestra. Es uno de los 30 establecimientos que funcionan en el país.
En ese interín, Greco vio cómo el mercado porcino fue cambiando, expandiéndose y cómo también mutó el negocio de las cabañas. “Esto se hace más por pasión que por otra cosa. TTenés que llevarlo un poquito en la sangre, porque hacer genética, si bien hoy es nuestro negocio, te tiene que gustar”.
“Si bien hoy hay muchas cabañas, hace siete u ocho años atrás había más, casi 60, porque los hijos no continuaron. Pero es algo muy importante mantenerlas, porque si se pierde la raza pura, no vamos a tener material para lograr hacer una genética. Obviamente que hay que ir teniendo más, haciéndolo más moderno, porque los tiempos van cambiando a la línea de cada raza, pero siempre tratando de mantener la conformación de las mismas”, comentó.
En este sentido, Greco indicó que con la producción intensiva de cerdos para consumo fueron los denominados “grupos genéticos” los que comenzaron a ocupar un mayor espacio en la provisión de animales reproductores. “Ahí ya tuvieron que cambiarse un poco las razas que se utilizaban: se incorporaron muchas razas blancas, que aguantan mucho más el tema de los pisos de cemento, por las pezuñas, mientras que el resto de las razas puras, por ahí suelen tener un poco más de problemas y aguantar menos esos pisos. Pero no tenemos que olvidar que siempre esas razas genéticas, parten de una base pura”.
Pero más allá de la pasión, también es un negocio. De hecho, entre los varios premios que cosechó La Blanquita en esta edición de la Expo Rural, se destacó el 1er premio Gran Campeona a una hembra de 7 meses de la raza Duroc Jersey, que Greco logró vender en $ 7,5 millones, todo un número para la actividad, que suele comercializar los reproductores premiados en un promedio de $ 4 millones.
Por su parte, Leandro Gabrich, propietario de la cabaña Don Valentín, del sur de Santa Fe, comentó que lo que venden los establecimientos “son animales mejoradores, que supere lo que tienen los compradores en el campo. Por ejemplo, en las líneas carniceras, obviamente mejores cuartos, rendimiento, crecimiento, desarrollo y estos son animales que están medidos para llegar a un nivel superlativo, como pasa con las vacunos y los ovinos”.
Para Gabrich, cuya cabaña logró dos grandes campeones y tres grandes campeones reservados, sostuvo que “la idea es siempre ir progresando y mejorando y si, tenés la posibilidad, de mostrar y ganar en una exposición así, mejor”.
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