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perfil.com · hace 12 horas · Walter Curia

El laboratorio electoral de Milei, entre Moody's y el GBA

Caputo y Milei

El lunes se publicará el Índice de Confianza en el Gobierno de julio de la Universidad Torcuato Di Tella. Una persona familiarizada con el estudio anticipa que, aunque había mostrado una recuperación el mes anterior tras un semestre consecutivo de caídas, el indicador volvería a ser negativo.

Otro estimador de la Di Tella, el Índice de Confianza en el Consumidor, anticipó el jueves ese comportamiento: se retrajo casi 5% respecto de junio después de dos subas consecutivas (mayo y junio) y más de 12% en la comparación interanual. Aunque impacta en todas las regiones, niveles de ingreso y horizontes de temporalidad, la caída de la confianza es especialmente significativa en el Gran Buenos Aires, entre los sectores bajos, y respecto a las expectativas sobre el futuro.

“Las calificadoras de riesgo le suben la nota a Milei, la mayoría de la sociedad le empieza a bajar el pulgar”, dice a PERFIL un reconocido analista de opinión pública sobre estos indicadores.

La agencia Moody´s, en efecto, elevó el miércoles la nota de la deuda argentina y se alineó con la mejora anunciada semanas atrás por S&P y Fitch, las otras dos grandes calificadoras de deuda soberana de Wall Street. No se pudo medir sin embargo cuál fue el resultado de ese upgrade en el riesgo país, que mide la sobretasa que pagan los bonos argentinos y volvió a acercarse a los 440 puntos debido a la disparada del petróleo por la tensión en Oriente Medio (y por la caída de esos mismos bonos).

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La reflexión del analista nos lleva a la pregunta sobre cómo el Gobierno está procesando esta disociación entre la mirada de los mercados, que advierten una mejora en la capacidad de pago de los compromisos que tiene por delante el Tesoro, y las expectativas de la sociedad, reflejada en dos índices clave como los mencionados al comienzo. Este tipo de tensiones suelen liberarse de manera inesperada. Ahora que descubrió el arte de la política con Diego Santilli, el Gobierno no debería ignorarlo.

El ministro Luis Caputo presentó en las últimas semanas un cronograma de pagos que cubrirá, según promete, todos los vencimientos de deuda externa con los privados hasta finales de 2027, cuando termine el mandato de Milei. Un seguro contra default. Los esfuerzos de Caputo están enfocados ahora en que el Congreso apruebe una modificación a la ley de inocencia fiscal aprobada en diciembre pasado, con la expectativa de que los argentinos que los tienen, gasten sus dólares no declarados, o bien los vuelquen al circuito financiero.

La expectativa de Caputo es que los dólares del colchón contribuyan a sacar a la economía del estancamiento y generen un repunte de la recaudación, que está siendo golpeada precisamente por la caída de la actividad y obligando al Gobierno a hacer más recortes en el gasto público. Un perro que se muerde la cola. Como adelantó el ministro, no dan las cuentas para que el Presidente anuncie nuevos recortes en las retenciones a las exportaciones del agro, este domingo, en la inauguración formal de la Exposición Rural.

Pasados ya seis meses de la primera edición de la ley de inocencia fiscal, los argentinos que atesoran dólares en la informalidad (US$170 mil millones, según el cálculo del ministro), el sector más que acomodado al que se apunta, no le han otorgado a Caputo la confianza que sí le dieron las calificadoras de riesgo. Se verá cuando salga la versión corregida/aumentada si esa confianza sigue siendo esquiva.

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En un gobierno normal, después de dos años y medio de gestión con un proyecto de reelección presidencial en el horizonte cercano, el ala política y sobre todo los legisladores estarían presionando al ministro por resultados económicos.

No parece ser el caso, por el momento: el secretario de política económica José Luis Daza, un hombre que hasta ahora demostró un grado de sensatez difícil de hallar en el Gobierno, afirmó que ya se están empezando a ver “los brotes verdes” de la recuperación económica, metáfora maldita que condenó al gobierno de Mauricio Macri (y que Daza, un ciudadano del mundo, al parecer ignoraba).

Nadie dijo una palabra, ni siquiera por supervivencia, incluso cuando horas después de la afirmación de Daza, el Indec publicó que en mayo la actividad retrocedió por segundo mes consecutivo y que, aun cuando la energía, la minería y el campo empujan, en el último año la economía apenas avanzó un 0,2%.

Lejos de cualquier cuestionamiento, el laboratorio oficialista trabaja bajo la hipótesis de que la reelección de Milei está cifrada en la reforma del sistema electoral, por la vía de la suspensión o derogación de las primarias, cuestión que deberá definir el Congreso cuando vuelva a la actividad.

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El supuesto de ese proyecto, que demanda la compleja incorporación de listas colectoras en la boleta única vigente (sistema que, vale recordar, hasta el momento se usó una sola vez, en 2025), descansa en que el Gobierno cuenta con una base electoral sólida reflejada en las encuestas, que bien administrada, con la colaboración de un grupo de gobernadores y partidos amigos, en un juego transaccional, le garantizará a Milei la reelección en segunda vuelta.

Dar por segura la reelección con una martingala electoral es un pronóstico temerario.

Luis Caputo