El multilateralismo de la OEA
Con frecuencia se comenta que el multilateralismo o las instituciones internacionales han perdido su relevancia ante un mundo crecientemente dominado por el unilateralismo, el nacionalismo, la polarización y la política de poder. A la Organización de los Estados Americanos (OEA), en particular, se la tilda de anacrónica y de ser un foro de discursos solemnes y de inacción e irrelevancia ante los desafíos del hemisferio. Las críticas, en muchos casos, desconocen la naturaleza de la Organización; ignoran que su secretaría general no es la OEA en su totalidad, y que la componen Estados miembros que la financian y la conducen: no es una Organización supranacional o autónoma. Los 34 miembros la dinamizan o la paralizan, la hacen relevante o irrelevante.
En su reciente Asamblea General número 56, en Panamá, sus miembros han demostrado que la Organización sigue siendo un instrumento útil para la defensa de la democracia en el hemisferio. Bolivia ha vivido una situación que excede la protesta social legítima. Bloqueos violentos de carreteras paralizaron el país y restringieron el acceso de ciudadanos a alimentos, combustibles y atención médica, causando enormes pérdidas económicas, numerosos heridos y víctimas fatales. Sectores movilizados parecían buscar la desestabilización, si no la caída del gobierno constitucional elegido democráticamente apenas unos meses atrás.
Ninguna democracia puede sobrevivir cuando una minoría ignora el voto popular y pretende imponer su voluntad vía la presión callejera, el bloqueo, la violencia o la coacción. La oposición, la crítica y la protesta son elementos esenciales de una sociedad libre; pero deben ejercerse dentro de los marcos institucionales y legales de la democracia representativa.
Bolivia enfrenta las nuevas amenazas a la gobernabilidad democrática, que ya no provienen de los tradicionales golpes militares o de los más recientes autogolpes, sino de movimientos sociales capturados por estructuras político/corporativas, de sindicatos como instrumentos de presión y violencia política, del financiamiento del narcotráfico, y de organizaciones radicales que bloquean infraestructura crítica y paralizan la economía. En respuesta a ese amenazante contexto, en la Asamblea de Panamá, los Estados miembros aprobaron unánimemente la Declaración de Panamá sobre “Multilateralismo firme en defensa de la democracia, la seguridad hemisférica y la estabilidad en los Estados americanos”, así como la resolución sobre “Situación en el Estado Plurinacional de Bolivia”.
Tales pronunciamientos rechazan los bloqueos, la violencia y los intentos de destituir al legítimo gobierno constitucional de Rodrigo Paz, destacando que ello no solo representa una amenaza para la democracia boliviana, sino también para el orden democrático, la paz y la seguridad del hemisferio. La resolución adoptada acogió “el despliegue de una misión de alto nivel de los Estados miembros para apoyar al gobierno boliviano democráticamente elegido en sus esfuerzos por restaurar la paz y garantizar el orden constitucional”.
El gobierno de Bolivia solicitó al secretario general el envío de tal misión. Importa su presencia para contrarrestar los intentos de derrocar al gobierno, así como para documentar la magnitud de la crisis humanitaria, verificar las pérdidas económicas, constatar las violaciones de derechos fundamentales, producto de esos intentos. La misión es un ejemplo concreto más de la contribución que puede hacer la cooperación multilateral, encarnada en el organismo hemisférico, para proteger la democracia.
Los pronunciamientos y la acción colectiva de los gobiernos democráticos de la región confirman el compromiso de los Estados miembros con el multilateralismo, la cooperación, las respuestas coordinadas, no unilaterales, a los desafíos que ponen en peligro la democracia en el hemisferio. Afirman así la vigencia de la OEA, su Carta Democrática (2001) y el principio de que la democracia es condición básica y necesaria para el desarrollo, la paz y la seguridad en la región. Nada de anacronismo o irrelevancia aquí.
Su utilidad como actor político/diplomático sigue vigente cuando se trata de proteger la democracia; aun imperfecta, esta es todavía el sistema preferido de gobernanza en el hemisferio. La acción multilateral puede ser útil para evitar su colapso –como lo ha hecho en varias ocasiones desde 1991, y más recientemente en Guatemala, ante varios intentos de socavarla y colapsarla–.
La OEA es un espacio de deliberación, diálogo y decisiones de sus miembros, y su Carta Democrática estableció un principio revolucionario para la región: “La democracia representativa es un derecho de los pueblos y los gobiernos tienen la obligación de promoverla y defenderla”, y en función de ello la arquitectura institucional incluye procedimientos específicos para su defensa colectiva, tanto en clave preventiva como restaurativa.
Pero eso requiere un accionar colectivo militante, dispuesto a actuar tempranamente en defensa de gobiernos democráticamente electos, particularmente ante las nuevas amenazas desestabilizadoras en el hemisferio, como acaba de suceder en Bolivia. La defensa de la democracia exige no solo garantizar elecciones íntegras, sino también apoyar a gobiernos democráticos que enfrentan desafíos al pleno ejercicio de su mandato. Y requiere de un secretario general proactivo, que vele por el cumplimiento de la Carta Democrática y denuncie su violación. El multilateralismo de la OEA, con sus altos y bajos, es todavía indispensable para la defensa de la democracia en los Estados miembros.
Jaime Aparicio O. fue embajador de Bolivia ante la OEA; Perina fue funcionario de la OEA
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