Crecer en movimiento
Sesenta minutos por día. Esta es la cantidad mínima de tiempo que un chico entre 5 y 17 años debe dedicarle a la actividad física para estar saludable. Así lo establecen las directrices de la Organización Mundial de la Salud. Para los niños hasta 4 años de edad, la recomendación es de al menos 30 minutos diarios, empezando desde bebés con juegos activos en el suelo. Estos son apenas los requerimientos mínimos: cuando se trata de movimiento, más es mejor.
En la Argentina urbana, según un estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, se estima que más del 45% de los niños y los adolescentes entre 5 y 17 años registra niveles insuficientes de actividad física.
Las rutinas de vida actuales, con adultos más ocupados, cansados y estresados, y con una oferta interminable de estímulos digitales que compiten por el tiempo libre de grandes y chicos, hacen que sea difícil hacer espacio en las agendas para el movimiento infantil.
Pero el movimiento es una necesidad natural de la infancia. Diferentes estudios a nivel mundial comprueban que la actividad física desde los primeros años de vida no solo ayuda a la salud física, al desarrollo motriz y previene el sobrepeso y la obesidad. También impacta positivamente en el desarrollo cognitivo de los chicos, favoreciendo la atención, la memoria y el rendimiento académico. Y en la dimensión social y emocional ya que, a través de la actividad física y el deporte, los chicos hacen amigos, aprenden habilidades sociales y reducen niveles de estrés y ansiedad.
¿Cómo hacer del movimiento un hábito para todos los chicos? En primer lugar, rescatando el valor del juego activo: más plaza, más canchita. Integrando el movimiento a las rutinas cotidianas: más trayectos a pie, más uso de bicicletas o rodados para desplazarse por las ciudades. También creando momentos de actividad física compartida en familia, promoviendo desafíos y aceptando riesgos moderados, cuidando a los chicos sin sobreprotegerlos. Y si es al aire libre, mejor todavía.
Alrededor de los seis años, cuando muchos pasan del juego activo a la práctica deportiva, el desafío es acompañarlos a encontrar el deporte que les gusta. Sin exigencias de performance, enfatizando el valor de la experiencia.
Claro que no todo depende de las decisiones familiares. Se requieren espacios adecuados y disponibles para el ejercicio, políticas públicas que promuevan el movimiento, ciudades seguras y dispuestas a alojar la actividad física infantil, entre otras muchas variables.
Pero, en la medida de los posible, se trata de tomar conciencia de la importancia fundamental que tiene el movimiento en la infancia y promoverlo a partir de la más temprana edad, desde el disfrute y la alegría. Sin presiones. Como una actividad saludable, expresiva y vital.
Porque los chicos que incorporan el hábito de la actividad física desde sus primeros años tienen mayores posibilidades de convertirse en adultos activos. Pero sobre todo, tienen mejores herramientas para crecer más felices.
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