← Volver
clarin.com · hace 23 horas · Clarin.com - Home

Irán, Trump y la sombra de Jimmy Carter

Google

En abril de 1980, el ex presidente Jimmy Carter ordenó una operación militar para rescatar a 53 rehenes que el recién instalado régimen teocrático de Irán mantenía entonces en la embajada estadounidense de Teherán. Uno de los varios helicópteros enviados a la zona por su gobierno se estrelló contra uno de los aviones que participaban de la incursión hasta entonces secreta. Ocho militares murieron y ningún rehén de Irán pudo ser ser rescatado. Fue un colosal fracaso de EE.UU., uno de los peores en su historia.

Trump se mira ahora en ese espejo. Durante años, el republicano se burló del demócrata Carter. Lo trató como si fuera un político inepto, alguien incapaz para el liderazgo, un perdedor. Pero el mes pasado, cuando le preguntaron por qué no había enviado a las fuerzas especiales del Pentágono para hallar y apoderarse del oculto uranio enriquecido iraní, esencial para la fabricación de una bomba atómica, Trump respondió sin dudar: “Porque no quería parecerme a Carter”.

El entonces presidente, que buscaba su reelección, perdió ante el actor Ronald Reagan. Y Teherán liberó finalmente los rehenes el 20 de enero de 1981, día de su asunción al poder.

A su manera, Trump viene a descubrir ahora que él también está lidiando con los mismos problemas que enfrentaba su denostado antecesor. Es el líder demócrata el verdadero fantasma de su segundo mandato. Como lo hizo Carter, Trump también padece a Irán con una guerra sin fin a la vista y mientras la inflación no cede en su propio país. Un lastre que el republicano no ha sabido controlar, aunque había insistido siempre en que con su experiencia empresarial la erradicaría.

Últimamente, Trump ha dejado de hablar de Carter. El cambio coincide con la acumulación de problemas y mientras los paralelos entre ambos presidentes son cada vez más difíciles de ignorar.

La interminable peripecia de Trump en Oriente Medio es parte de su desorientación en la guerra contra Irán. Las llaves de poder que han sostenido los intereses estadounidenses en otras partes del planeta no siempre funcionan allí. Y Trump llega a advertir, como muchos de sus predecesores lo supieron antes, por qué la región ha sido un pozo sin fondo para las ambiciones de la Casa Blanca durante generaciones.

Con el odiado Carter en el espejo, Trump descubre ahora, amargamente, que con su aventura en Irán ha destapado su propio avispero.

Claudio Mario Aliscioni

Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín

Newsletter Clarín