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lanacion.com.ar · hace 17 horas

Cartas de lectores: Coherencia, lo mejor y lo peor, premiación

LA NACION

Mala intención en la crítica. Resulta profundamente contradictorio -y hasta hipócrita- que ciertos países se arroguen la autoridad moral para criticar a otros, cuando son precisamente ellos quienes arrastran una larga historia de racismo, colonialismo y dominación. Muchos de los que hoy señalan con el dedo son los mismos que durante décadas -o siglos- sometieron pueblos, explotaron recursos ajenos y construyeron su poder sobre la desigualdad. No solo eso: en la mayoría de los casos, jamás tendieron una mano real para ayudar a otros países a crecer o recuperarse. Argentina, en cambio, tiene una historia muy distinta. Con el transcurso del tiempo -y especialmente después de la Segunda Guerra Mundial- abrió sus puertas, brindó oportunidades y fue tierra de reconstrucción para miles de personas que escapaban del horror. Esa memoria también cuenta. Esa solidaridad también define quiénes somos. Por eso, antes de emitir juicios livianos o cargar de prejuicios un evento que debería unir, sería más honesto revisar la propia historia. El deporte, la cultura y los encuentros internacionales deberían ser espacios de respeto, no de superioridad moral selectiva ni de discursos teñidos de conveniencia. Porque la verdadera grandeza no está en señalar al otro, sino en ser coherente con lo que se predica.

Jugando como nunca, perdiendo como siempre. La frase es el reflejo de la Argentina en el mundial. Al igual que en una Libertadores, Copa América o el torneo que la memoria nos traiga del pasado. En la suma de minutos, Argentina no fue sobresaliente. En los minutos decisivos tuvo arrojo y contundencia. Pero al término de la final, mostró lo peor de lo que somos. Cambiando los colores de la camiseta, pudo haber sido cualquier equipo de fútbol local en cualquier partido o torneo decisivo. De ahí el título, nuestros finales son siempre malos, desafortunados y de una intensidad tal que en muchas oportunidades logran borrar todo lo hecho hasta ese momento. Mayoritariamente en el mundo quedaran las últimas escenas del final. Lo peor.

Permanencia en el césped: la FIFA no exige que el subcampeón permanezca en el campo observando cómo el campeón levanta la copa. Por razones emocionales y para permitir los festejos del rival, la gran mayoría de las selecciones subcampeonas eligen dirigirse a los vestuarios o acercarse a saludar a sus propios aficionados. ¿Recordamos qué hizo Francia en 2022? ¿Otros subcampeones de otros campeonatos qué hicieron? Me hubiera encantado ver a la Argentina aplaudir a España y después saludar a quienes los acompañaron en la cancha en representación de todos los argentinos. Sin embargo, está pensado y no hemos juzgado a quienes en otras oportunidades no lo han hecho. Si durante 45 días pudimos llevar nuestra camiseta puesta todos juntos, sigamos el consejo de Martín Fierro, “los hermanos sean unidos…”

Tuve una situación inmejorable como periodista en relación a la última audiencia del jury del juez federal Alfredo López, ya que estuve presente en ella (también concurrí a las primeras tres audiencias). Varios medios, incluido este diario, aseguraron que allí “irrumpió un grupo antisemita”. Paso a relatar exactamente lo que ocurrió esa mañana del 13 de julio en el tercer piso de Libertad 731, CABA. El inicio estaba programado para las 11. Seríamos unas 50 personas sentadas para presenciar los alegatos finales de la acusación (a cargo de Luis Juez y Alberto Maques) y la defensa (a cargo del mismo magistrado y sus abogados Pedro Mercado y Guillermo Fanego). Antes de comenzar dichas alocuciones, el dirigente político Raúl Padró increpó a viva voz a Luis Juez, diciéndole que era un corrupto, que había sido un discriminador con los ecuatorianos cuando fue embajador en su país al calificarlos de “mugrientos” y que había reconocido una hija natural recién a sus 17 años, luego de que la justicia cordobesa lo conminaba a hacerse la prueba de ADN. Lógicamente fue invitado por el presidente del jurado Marcelo Bartumeu Romero a retirarse, cosa que el susodicho acató. A mitad de la exposición de Luis Juez, cuando éste estaba refiriéndose a la diputada y titular de FACA Sabrina Ajmechet -denunciante del juez López ante el Consejo de la Magistratura y testigo en las audiencias anteriores- la médica Chinda Brandolino se levantó para retirarse y antes se dirigió al senador planteándole que esa mujer había ofendido la bandera argentina y que quería regalar las Malvinas a Inglaterra. Ahí se generó un espontáneo aplauso entre algunos de los presentes, por lo que Bartumeu Romero anunció que había decidido desalojar la sala. Varios se retiraron tranquilamente; otros le solicitamos permanecer, ya que no sabíamos que no estaba permitido aplaudir. Finalmente el presidente accedió a que nos quedáramos y la audiencia continuó normalmente. Durante algunos silencios se escuchaba desde la calle al mencionado Padró gritando junto a otras personas “Luis Juez corrupto”. Agrego que al final de la audiencia yo me dirigí al presidente recriminándole que cuando yo declaré como testigo en la segunda audiencia (7 de julio) el senador Juez me propinó dos epítetos ofensivos y discriminatorios, “fanático antivacuna” y que él no le había llamado la atención. Cabe aclarar que hay siete testigos calificados para que ratifiquen la crónica de los hechos que acabo de hacer: nada menos que los siete miembros del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados de la Nación, que estaban presentes, quienes deberán decidir si López seguirá a cargo del juzgado federal n°4 de Mar del Plata o destituirlo. Ellos son: los jueces Marcelo Gastón Bartumeu Romero y Néstor Pablo Barral, los diputados Nicolás Mayoraz y Christian Alejandro Zulli, las senadoras María Belén Monte de Oca y María Florencia López, y la abogada Ana Beatriz Fernández.

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