Felipe Pigna: "Les molesta que, siendo un país de América Latina, estemos orgullosos de nuestro país"
Las acusaciones de racismo contra Argentina se multiplicaron durante el Mundial 2026. Cánticos en las tribunas, discusiones en redes sociales y críticas de dirigentes, periodistas y exfutbolistas instalaron un debate que excedió al fútbol y terminó poniendo en discusión la identidad del país.
Para el historiador Felipe Pigna, sin embargo, definir a la Argentina como una sociedad racista implica desconocer buena parte de su historia. En diálogo con PERFIL, sostuvo que si bien existen expresiones discriminatorias que deben ser condenadas, por ejemplo en las canchas de fútbol, "no es un país racista" y cuestionó que se extrapolen conductas individuales o coyunturales a toda la sociedad.
"Lo primero que yo diría es otra cosa: nos acusan de racistas a nosotros y los españoles ejercieron un racismo brutal durante la conquista, con una sociedad organizada en castas durante tres siglos. Los estadounidenses tuvieron hasta la década del 60 iglesias segregadas y colectivos para blancos y para negros. Los franceses y los belgas fueron grandes potencias coloniales. Entonces también hay que preguntarse desde dónde vienen esas acusaciones", señaló.
A partir de esa comparación histórica, Pigna consideró que Argentina "no ha sido una sociedad racista en los términos en que sí lo fueron otros países". Reconoció que durante la etapa colonial existieron prácticas discriminatorias, pero sostuvo que comenzaron a revertirse con el proceso independentista.
Javier Milei respondió a las críticas contra Argentina tras el Mundial: “Ahora el mundo verá dónde puede llegar un país lleno de argentinos”
"Con la Revolución de Mayo hubo intentos concretos de avanzar hacia una mayor igualdad. Está la Libertad de Vientres y también la incorporación de los esclavos a los ejércitos patriotas, donde obtenían la libertad al sumarse a combatir", explicó.
Como ejemplo, recordó el accionar de José de San Martín durante la campaña libertadora. "Hay un batallón entero de afrodescendientes, el Batallón Nº 8, que tuvo una actuación destacadísima en el Cruce de los Andes. Incluso, cuando las autoridades del Directorio no aceptaban ascender a soldados afro, San Martín nombró oficiales a varios de ellos. Es un hecho muy emblemático", afirmó.
Uno de los argumentos que suele aparecer cuando se discute el racismo en Argentina es la aparente desaparición de la población afrodescendiente. Para Pigna, esa explicación suele estar simplificada.
"No es que desaparecieron. Hubo un fuerte mestizaje. También influyeron la participación en las guerras, donde murieron muchos afrodescendientes, y otras circunstancias históricas. Pero no existió una segregación entre blancos y negros como sí ocurrió en otros países", sostuvo.
En ese sentido, rechazó la idea de que la ausencia de una comunidad afro numerosa responda exclusivamente a la fiebre amarilla. "Hubo distintos factores y, sobre todo, un proceso de mestizaje que fue integrando a la población", explicó.
El historiador también consideró que, al analizar la historia argentina, resulta más apropiado hablar de negación que de racismo en relación con los pueblos originarios y la comunidad afroargentina.
"Durante mucho tiempo esos sectores no aparecieron en los relatos oficiales. No había un discurso de odio permanente, sino un enorme desconocimiento construido desde arriba", afirmó.
Argentina y la discriminación: "Todos, absolutamente todos, tenemos racismo", justificó Nata Calpurnia
Según explicó, esa invisibilización tuvo uno de sus momentos más fuertes durante la llamada Generación del '80, influenciada por teorías positivistas y raciales que circulaban en gran parte del mundo. "Hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX predominó una literatura muy crítica hacia los pueblos originarios. Recién con la recuperación democrática comenzó a difundirse más esa historia y a generar un mayor respeto", sostuvo.
Para Pigna, ese relato también explica por qué durante décadas la identidad argentina quedó asociada casi exclusivamente a Buenos Aires y la inmigración europea. "Hubo un relato detrás de esa idea de que orgullosamente éramos europeos, de la 'América blanca'. Eso dejó en un segundo plano la historia del norte argentino, de los pueblos originarios y de los afroargentinos", señaló.
Sin embargo, aclaró que esa construcción fue impulsada principalmente por sectores dirigentes y no necesariamente reflejó el comportamiento cotidiano de la sociedad.
"La gente convive. Hay solidaridad entre las personas y muchos valores que están por encima de esa imagen que hoy se intenta instalar", afirmó.
Pigna también diferenció el racismo del clasismo, al recordar uno de los episodios más simbólicos de la historia política argentina: el 17 de octubre de 1945, cuando miles de trabajadores llegaron a Plaza de Mayo y "mojaron las patas" en su fuente.
"La indignación de ciertos sectores tenía mucho de clasismo. Sentían que les invadían esa ciudad europea que imaginaban como propia. Expresiones como 'cabecita negra' muestran esa mirada despectiva hacia los sectores populares", explicó.
Consultado sobre el fútbol argentino y la defensa habitual de ciertos insultos bajo la idea del "folklore de la cancha", el historiador fue tajante. "Es espantoso y hay que sancionarlo. No hay que admitir ese tipo de expresiones", sostuvo.
No obstante, cuestionó que esos episodios sean utilizados para caracterizar a toda la sociedad argentina. "Puede haber gente racista, claro que sí. Como ocurre en cualquier país. Pero una cosa son determinadas personas y otra muy distinta decir que la Argentina es un país racista. No es lo que nos define", remarcó.
Además, "hay una enorme ignorancia cuando se acusa a la Argentina de racista. Se confunde al gobierno de turno con toda la sociedad, como si todos los argentinos pensaran igual", sostuvo. En ese punto, también cuestionó que muchas veces se identifique al conjunto de la población con las posiciones del gobierno nacional.
La Selección argentina y una campaña internacional que mezcla prejuicios, racismo y falsedades
Para Pigna, además, las críticas que recibió Argentina durante el Mundial responden a una combinación de factores que exceden a los episodios ocurridos en las canchas. El historiador sostuvo que detrás de algunas acusaciones persiste una mirada histórica sobre América Latina y que, en determinados casos, también se mezcla el rechazo al gobierno de Javier Milei con una descalificación hacia el país.
"Lo futbolístico es una excusa. Siempre estamos del lado de la barbarie. Es una rara mezcla: hay quienes lo hacen por una mirada racista hacia Latinoamérica, como si el discurso fuera volver a la colonia. Les molesta que, siendo un país de América Latina, estemos orgullosos de nuestro país. Las potencias muchas veces buscan bajar la autoestima de las antiguas colonias y desmerecer sus logros", afirmó.
En esa línea, agregó que también observa otro componente político en algunas críticas. "Creo que se divide entre esa mirada histórica y sectores que, por repudiar a Milei, terminan repudiando al país", opinó.
Aun así, insistió en que esa discusión no debe impedir condenar las conductas discriminatorias cuando aparecen. "Los insultos racistas deben sancionarse. No hay discusión sobre eso. Pero otra cosa muy distinta es convertir esos hechos en una definición sobre toda la Argentina", concluyó.