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clarin.com · hace 8 horas · Clarin.com - Home

Las gambetas de la Selección al gobierno de los Milei

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El 14 de julio del 2014 fue un día que empezó a incubar la distancia que la selección nacional de fútbol empezaría a tomar de la política doméstica. En el predio de la AFA en Ezeiza se montó una recepción a los futbolistas que habían caído derrotados en la final contra Alemania en Brasil. Estaba el entonces mandamás, Julio Grondona. También la presidenta de ese tiempo, Cristina Fernández, que habló de manera informal. La ceremonia fue transmitida por televisión.

El último en dejar un saludo forzado, tímido, breve, fue Lionel Messi. Visiblemente incómodo con la situación. El líder del grupo era en ese tiempo Javier Mascherano, bastante más ducho para esas circunstancias de formalidad que el joven rosarino. En todos, particularmente en el crack, quedó la impresión que habían sido objeto de alguna utilización política. El DT, Alejandro Sabella, ya fallecido, poseía cierta cercanía con aquel mundo de la que carece ahora Lionel Scaloni.

La anécdota serviría para ilustrar las dificultades que han tenido los gobiernos en la Argentina para extraerle rédito a la selección de fútbol que acaba de redondear el ciclo más brillante de la historia que, justamente por su distanciamiento de las identidades políticas, aunque las tengan, trabó un vínculo emocional inédito con una amplísima mayoría de la sociedad.

Alberto Fernández y Cristina quedaron pagando en 2022 cuando pretendieron que un enviado, Eduardo De Pedro, ministro del Interior, los convenciera para algún acercamiento o, al menos, un saludo al regreso de Qatar. El dirigente oriundo de Mercedes fue bloqueado por el propio Claudio “Chiqui” Tapia. Un hombre de lazos con cualquier peronismo. Incluso protegido hoy, a raíz de las causas judiciales, por el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof. El titular de la AFA es todo lo que se pueda suponer, menos un tonto. Su capital es la selección. Sus palenques principales Messi y Scaloni. La vida tiene esas cosas.

Tanto es así que Javier y Karina Milei dieron una vuelta de campana en su idea original de acorralar a Tapia con causas judiciales que involucran también a otro personaje sombrío, Pablo Toviggino. Rosarino mutado en santiagueño por adopción a raíz de sus vínculos con el ahora senador y patrón de la provincia, Gerardo Zamora.

Los hermanos del poder, luego de la fantástica victoria del equipo ante Inglaterra, no resistieron la moderación que, salvo el episodio de las Malvinas, habían observado durante todo el campeonato. En realidad, lo del reclamo de las islas tuvo que ver con el desconocimiento de la historia en ese conflicto y el corsé al cual los somete la concepción de las relaciones internacionales. Se tentaron con ser partícipes de una gran fiesta popular. Dejaron circular ofertas: un feriado, un día no laborable, un escenario de celebración en el Obelisco.

Incluso promesas más osadas. Vaciar la Casa Rosada para permitir el saludo de los jugadores a una presumible multitud. Como había hecho Raúl Alfonsín, corriéndose del foco, en 1986 o Carlos Menem en 1990 compartiendo la escena con Diego Maradona. Pero vale volver al origen: esta selección prefiere permanecer lejos de esas simbologías del poder. Le teme, con razón, al engaño y la triquiñuela. Aunque Messi no es Diego. Es tan fenomenal como lo fue aquel jugando al fútbol. Pero tiene otro género interior.

Messi, casi de modo inadvertido, luego de la remontada ante Inglaterra, deslizó que la dedicaba a las “personas que la pasan mal y no llegan a fin de mes”. Concepto siempre rebatido por Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo. El propio nuevo portavoz, Adrián Ravier, dijo que “no coincidía” con la postura del futbolista. Después otro vocero paraoficial sostuvo que, en realidad, tenía razón.

Varios funcionarios del Gobierno salieron a polemizar por distintas razones para no resultar ajenos a la euforia. “Toto” Caputo se cruzó en dos ocasiones con el periodista británico Piers Morgan, proclive al amarillismo constante. Quizás un espejo para el ministro. El canciller Pablo Quirno, amordazado cuando brotó durante el Mundial el pleito por las Malvinas, acusó al Club Rosario Central de promover una grieta por un agradecimiento al seleccionado con una fotografía donde faltaron Messi y Scaloni. Ambos surgidos de Newell’s, el clásico rival de los canallas.

Pudo haber sido, simplemente, un error de comunicación institucional. Difundieron la foto del equipo que enfrento a Jordania. En ella aparece Giovani Lo Celso, surgido de las inferiores del club de Arroyito. Autor en ese partido de un golazo. Tal vez el departamento de comunicación de la entidad no tuvo en cuenta que un día antes de la final contra España todo el plantel y el equipo técnico se tomó una fotografía. Incluídos Lisandro Martinez, formado en Newell’s, campeón de la reserva y con partidos en primera, y el ayudante técnico Walter Samuel, también nacido en la entidad del Parque Independencia con recorrido en Boca, Roma de Italia y la Selección.

El club de Arroyito se sintió ofendido por las críticas a raíz de la publicación de aquella foto incompleta de la selección, cuestionó a Quirno y amenazó con acciones judiciales. En ese descargo recién se ocupó de realzar la figura de Messi. Debe haber incidido la mano del titular de la entidad, Gustavo Belloso, y de la vice, Carolina Cristinziano, su mujer. Gente tan desleal y turbia –por ser piadosos- como tuvo también su clásico rival en épocas de Eduardo López e Ignacio Astore.

La pretendida fiesta del Gobierno se terminó desinflando por dos razones. Messi decidió no regresar de inmediato. Se fue a Miami y ayer aterrizó en Rosario en un vuelo privado. Blindaje perfecto ante cualquier pretensión de su utilización política. La simple maniobra, que acompañaron otros nueve jugadores que volvieron a sus clubes europeos, pusieron un broche definitivo a la historieta.

Habrá que observar cuánto dura esta nube emocional que terminó envolviendo durante el último mes a la sociedad. En el interín, algunos de los principales logros libertarios estuvieron en el mundo judicial. El juez Marcelo Martínez de Giorgi dejó afuera a los querellantes de la causa $LIBRA (estafa con criptomonedas promocionadas con un tuit de Milei). Su esposa, Ana Juan, fue elevada a jueza por un decreto presidencial. También la Casación se encargó de dejar en duda en que fuero se investigarán las maniobras financieras de Toviggino que, directa o indirectamente, tocan además a Tapia.

El Gobierno debe ahora accionar los motores de la política y la economía porque aquella nube emocional, se advierte, ya perdió densidad. Nada es eterno. O todo pasa, como solía pontificar don Grondona.

Eduardo van der Kooy

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