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perfil.com · hace 4 horas · Eduardo Reina

Héroes por partida doble: el deporte en Argentina y en España, ¿dónde radica la diferencia?

Lionel Messi y Lamine Yamal

Ser héroe es actuar con valentía, abnegación y empatía para inspirar y ayudar a los demás. Eso volvió a demostrar la Selección Argentina. No solo juega al fútbol: representa una manera de enfrentar la adversidad, de no rendirse jamás y de competir siempre por un objetivo colectivo.

El gran mérito de esta generación es que surge de un país donde el deporte en Argentina rara vez ocupa un lugar central en las políticas públicas, tanto nacionales como provinciales. Mientras España cuenta desde hace décadas con un Consejo Superior de Deportes, una planificación de largo plazo y un sólido esquema de financiamiento público-privado, en Argentina el deporte ha sido históricamente relegado a un área de segundo orden, dependiendo de la voluntad política de cada gobierno.

Hoy la Secretaría de Deportes está a cargo de Daniel Scioli, (cargo político puro) quien convive con una estructura en medio de permanentes cambios, ajustes y recortes. No se le conoce una estrategia ni plan de fomento al deporte nacional con objetivos claros, continuidad y resultados medibles que puedan exhibirse ante la sociedad.

Hay algo que muchas veces la política no alcanza a comprender. Un deportista no solo compite por una medalla: representa a su país. Lleva la bandera nacional sobre su indumentaria, hace sonar el himno en los podios, transmite valores, fortalece la marca país y construye reputación internacional. El deporte también es diplomacia, prestigio e influencia. Cuando un atleta triunfa, gana mucho más que él: gana toda una Nación.

La diferencia entre el modelo español y el modelo argentino es profunda. España construyó su éxito con políticas sostenidas, entre ellas el Plan ADO, una alianza entre el Estado, el Comité Olímpico Español y las empresas privadas para financiar el alto rendimiento. A ello se suman una extensa red de polideportivos municipales, deporte escolar, Centros de Alto Rendimiento e infraestructura destinada a detectar y desarrollar talento desde la infancia.

Los resultados reflejan esa planificación. España fue campeona del mundo de fútbol masculino en 2010; ganó las Eurocopas de 2008, 2012 y 2024; conquistó el Mundial femenino en 2023 y la Liga de Naciones femenina en 2024-2025. En los Juegos Olímpicos de París 2024 obtuvo 18 medallas —cinco de oro, cuatro de plata y nueve de bronce—, incluyendo el oro en fútbol masculino, waterpolo femenino, triple salto, marcha por relevos mixta y vela. Además, cuenta con referentes mundiales como Carlos Alcaraz en tenis y una histórica selección de básquet, campeona del mundo en 2006 y de Europa en 2009, 2011, 2015 y 2022.

Argentina, en cambio, alcanzó resultados igualmente extraordinarios recorriendo un camino mucho más difícil. Fue campeona del mundo de fútbol en 1978, 1986 y 2022; ganó las Copas América de 2021 y 2024; conquistó la Finalissima de 2022 y obtuvo dos medallas de oro consecutivas en fútbol olímpico, Atenas 2004 y Pekín 2008. Dio al deporte mundial figuras irrepetibles como Diego Maradona, Lionel Messi, Guillermo Vilas, Lole Reutemann, Gabriela Sabatini, Manu Ginóbili, Luis Scola, Juan Martín del Potro, Paula Pareto entre muchos otros. Todos ellos surgieron de un país que nunca dejó de producir talento, aun cuando careció de un sistema que lo acompañara.

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España demuestra lo que puede lograrse cuando existen planificación, financiamiento, infraestructura y continuidad. Argentina es más sorprendente, incluso cuando el Estado no acompaña como debería, su sociedad sigue siendo capaz de producir campeones con presente y con futuro.

España campeón de la Copa del Mundo 2026

Gran parte de ese mérito pertenece a los clubes de barrio, verdaderas instituciones sociales sin fines de lucro que sobreviven gracias al esfuerzo de sus socios, dirigentes y familias. Muchos apenas pueden pagar la luz, el gas y el mantenimiento de sus instalaciones, mientras el crecimiento de los clubes privados y la falta de políticas de apoyo profundizan su deterioro. Y, sin embargo, es allí donde siguen naciendo los campeones en potreros o canchas con pisos quebrados.

El éxito argentino tiene un valor extraordinario. No nace de una estructura sólida y previsible, sino del sacrificio, la pasión y la resiliencia de miles de entrenadores, familias, dirigentes y voluntarios que trabajan en silencio para formar deportistas, pero también ciudadanos.

La Selección Argentina es mucho más que un equipo de fútbol. Es la prueba de que el talento, la solidaridad y el coraje pueden imponerse a las dificultades. Pero también es una advertencia: ningún país puede depender eternamente del esfuerzo individual para alcanzar la excelencia.

Invertir en deporte no es gastar. Es invertir en salud, educación, inclusión, disciplina, cohesión social y futuro.

Las políticas públicas deportivas no pueden aplicar la motosierra mirando únicamente una planilla de Excel. Detrás de cada recorte hay un chico que abandona un sueño, un entrenador que pierde herramientas, un club que cierra porque ya no puede pagar la luz o el gas y un posible campeón que desaparece antes de tener su oportunidad.

La Selección Argentina ya hizo su parte. Ahora le toca a la dirigencia decidir qué país quiere construir. Podemos seguir viviendo de la épica y del esfuerzo individual, o desarrollar una política deportiva de Estado que multiplique las oportunidades para las próximas generaciones.

Los campeones argentinos seguirán apareciendo , mientras consigan individualmente un apoyo privado y se formen en el las élites del exterior, de esta forma el talento alcanzará sólo para ganar una vez; mientras un sistema deportivo sólido permite ganar siempre.

Lautaro Martínez