La innovación no ocurre por decreto: se construye
En los últimos días se instaló la idea de que "Buenos Aires compite o desaparece" a partir del impacto que la inteligencia artificial tendrá sobre las ciudades. Más allá de la provocación del título, vale aprovechar el debate para mirar el panorama completo. El desafío no es únicamente la IA: es la economía basada en el conocimiento, uno de los principales motores del crecimiento global.
La Argentina acaba de superar los US$10.000 millones anuales en exportaciones de servicios basados en el conocimiento, consolidando al sector como el tercer complejo exportador del país. Una parte sustancial de ese valor se genera en la Ciudad de Buenos Aires. Y no hablamos solo de empresas tecnológicas: también forman parte de esta economía los servicios profesionales, financieros, jurídicos, contables, creativos y de consultoría.
¿Qué hace competitiva a una ciudad en el siglo XXI? La conectividad, el talento y reglas de juego que favorezcan la innovación. Buenos Aires reúne esas condiciones. Cuenta con universidades de excelencia, capital humano altamente calificado, infraestructura digital y un ecosistema emprendedor consolidado que permite transformar ideas en empresas con proyección global.
Además, la Ciudad dispone de un conjunto de políticas que muchas veces pasa inadvertido: promoción para actividades de la economía del conocimiento, exportación de servicios con alícuota cero de Ingresos Brutos, exenciones para profesionales, mecenazgo científico, distritos de innovación, el Parque de Innovación, nuevos regímenes de inversión y una estrategia creciente de incorporación de inteligencia artificial en la gestión pública y la formación de talento. Siempre hay margen para mejorar, pero desconocer estos avances impide tener un diagnóstico completo.
Ahora bien, también existe una deuda pendiente que limita la competitividad porteña: la ausencia de una zona franca para la exportación de servicios. Mientras países como Uruguay y Chile ofrecen incentivos que atraen empresas, inversiones y talento, la Ciudad continúa sin acceder a una herramienta que viene solicitando desde hace décadas. No se trata de inventar modelos nuevos, sino de adoptar instrumentos que ya demostraron ser efectivos en la región.
Por eso, más que discutir si hace falta una ley específica sobre inteligencia artificial, conviene concentrarse en aquello que realmente impulsa el desarrollo: menos burocracia, menor presión tributaria, reglas estables y herramientas que permitan competir globalmente. En buena medida, la Ciudad ya viene avanzando en esa dirección.
El paso que falta depende del Gobierno nacional: autorizar una zona franca para servicios fortalecería el liderazgo de Buenos Aires como hub regional de innovación y economía del conocimiento. Incluso podría convertirse en un modelo replicable para otras provincias, potenciando el talento argentino con una mirada verdaderamente federal.
Buenos Aires tiene el talento, el ecosistema y la vocación para liderar. Con las herramientas adecuadas, puede consolidarse como una de las grandes capitales de la economía del conocimiento en la región.