"Se lo pagó él": el Gobierno defendió el viaje VIP del senador Bartolomé Abdala a la final del Mundial
El oficialismo encontró rápidamente una fórmula para justificar lo que las redes sociales ya habían expuesto ante los ojos de todo el país. Cuando las fotos del senador libertario Bartolomé Abdala caminando por Nueva Jersey rumbo a la final del Mundial se volvieron virales, la respuesta desde la cúpula de La Libertad Avanza no fue el repudio ni el silencio, sino una defensa basada en la billetera personal. "Se pagó todo él", fue el argumento unificado que bajó desde las filas del Gobierno en diálogo con La Nación para blindar al presidente provisional del Senado y segundo en la línea de sucesión presidencial, validando así su presencia en el choque decisivo entre Argentina y España.
Sin embargo, la aclaración sobre el origen privado de los fondos no logró apagar el debate sobre los números astronómicos que maneja un dirigente en tiempos de motosierra. Dar el presente en las tribunas del MetLife Stadium exigió una verdadera fortuna: según las estimaciones del mercado, los paquetes turísticos rondaron los 8.000 dólares, pero la fiebre por ver a la Selección disparó los costos totales por encima de los 14.000 dólares. El gran filtro fue la entrada, ya que en las plataformas de reventa legal de Estados Unidos los tickets treparon a 10.000 dólares tras la victoria ante Inglaterra. Un lujo enorme para un legislador que, a partir de agosto, cobrará un sueldo neto cercano a los 7 millones de pesos mensuales.
En los pasillos del Congreso optaron por naturalizar la escapada. El entorno del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, avaló la travesía indicando que "después de la sesión eran libres". En la misma sintonía, desde el sector que responde a Patricia Bullrich apelaron a la ironía y deslizaron que simplemente "arrancaron las vacaciones". La postura marca un giro radical respecto a la directiva original de la Casa Rosada, que exigía a sus funcionarios mantener el perfil bajo y evitar las fotos en los estadios.
Abdala no es el único dirigente oficialista que rompió esa norma no escrita para mezclar política y pasión deportiva. Días atrás, Santiago Viola, secretario de Justicia y número dos del ministro Juan Bautista Mahiques, también había sido fotografiado disfrutando en la tribuna del cruce contra Suiza. En aquella oportunidad, la cartera intentó calmar las aguas explicando que el funcionario había solicitado una licencia formal y que su escapada mundialista representaba "una excepción".
Durante casi dos décadas, el legislador fue dirigente de la Liga Sanluiseña de Fútbol y ocupó distintos cargos dentro de la AFA. Sin embargo, este movimiento por el país norteamericano lo vuelve a poner en la mira por chocar de frente con los ideales anticasta que pregona su espacio.
El archivo reciente persigue de cerca al senador libertario. En septiembre de 2024, Abdala protagonizó un importante escándalo al sincerarse frente a las cámaras de televisión sobre el uso que le daba a los recursos del Congreso Nacional. En una entrevista con TN, admitió sin filtros que mantenía una estructura gigantesca de empleados pagados por el Estado con el único objetivo de financiar su proyecto político. "Tengo más de 15 seguro, tengo muchos en San Luis. Es la verdad. Mi deseo es ser gobernador y para eso necesito mantener vivo el territorio", dijo, confirmando que sus asesores se dedicaban a armarle el juego político en su provincia.
Aquel sincericidio mediático incluso se quedó corto frente a los registros oficiales. En ese momento, el senador acumulaba un total de 20 personas contratadas bajo su ala, repartidas estratégicamente entre la planta permanente y la transitoria. Aunque el impacto de la polémica lo obligó a recortar personal (actualmente la web del Senado muestra una reducción a 12 colaboradores), el daño al relato oficialista ya estaba hecho.
Frente a la indignación ciudadana, Javier Milei debió marcarle la cancha a su propia tropa con un claro mensaje. "La casta política está organizada para cagarle la vida a la gente de bien, al laburante", marcó el Presidente, exigiendo "organización y disciplina". Un reto severo que hoy parece difuminarse.