El Scaloni que le falta a la educación
Las crónicas deportivas no se cansan de destacar el papel que ha tenido Lionel Scaloni durante su ciclo en la Selección. No hace falta ser un experto en fútbol para darse cuenta de que, además de la calidad de los jugadores, estos años hubo un entrenador que construyó un proyecto, fijó reglas claras, consolidó un grupo, generó confianza y sostuvo un rumbo. En otras palabras, hubo liderazgo.
Ahora, si el liderazgo fue decisivo para que la Selección alcanzara su máximo nivel, ¿por qué la Argentina sigue subestimando su importancia en otros ámbitos, como la educación?
Desde hace años, las investigaciones coinciden en que uno de los factores más determinantes para el aprendizaje de los alumnos no son solo los recursos, los programas o la infraestructura, sino la calidad de quienes conducen las escuelas. El liderazgo de los directores aparece entre las variables que más inciden en el funcionamiento de una escuela.
Las evaluaciones internacionales dan algunas pistas de lo que pasa dentro del ámbito escolar. La prueba PISA, por ejemplo, viene señalando, hace años, que las aulas argentinas son las más desordenadas del mundo y donde más tiempo de clase se pierde en actividades ajenas al aprendizaje.
En su última edición reveló, además, que los estudiantes argentinos son los que más se distraen con el teléfono celular.
No pueden atribuirse los malos resultados solo a los directores, pero tampoco se puede creer que el liderazgo escolar no tiene nada que ver con una cultura escolar donde hay reglas, autoridad y prioridades a compartir.
El último informe de la prueba Aprender ofrece otra señal. Informa, entre otras cosas, que casi 7 de cada 10 alumnos van a escuelas cuyos directores llevan 5 años o menos en el cargo.
Muestra, además, que existe una relación entre la permanencia de los directivos y los mejores desempeños de los estudiantes.
Hay distintas razones de esta alta rotación y habrá que debatirlas. Pero el dato invita a preguntarse por qué el sistema educativo no genera las condiciones para que los directores duren más en sus cargos.
Tras los anteriores fracasos de la Selección, Scaloni pudo fijar un rumbo y convencer a los jugadores de sostenerlo. En educación aún cuesta construir y mantener proyectos exitosos.
Para dar vuelta el partido de la educación también necesitamos, como tuvo la Selección, liderazgos que ordenen los equipos, sostengan un proyecto y sigan el tiempo suficiente hasta que los resultados lleguen.
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