← Volver
clarin.com · hace 20 horas · Clarin.com - Home

La carrera del futuro (o manejar mirando el retrovisor)

Google

Inteligencia artificial? ¿Ciencia de datos? ¿Biotecnología? ¿Programación? ¿Cuál es la carrera del futuro? La pregunta no es menor, toda vez que, más allá de sus innegables beneficios cívicos y personales, estudiar demanda costos elevados que deben sopesarse con los réditos económicos que la elección de una carrera universitaria conlleva.

Los medios y las redes sociales explotan con artículos sobre el tema. Más aún, por pereza o comodidad, muchas notas y comentarios terminan con la resbalosa aclaración “según la IA”.

Pero más allá de la urgencia (entendible) de la pregunta, las respuestas imperantes tienen una utilidad relativa, cuando no nula. En algún sentido, las respuestas a la pregunta de qué carrera estudiar recuerdan a una jocosa anécdota que contaba el economista Juan Carlos De Pablo. Cuenta De Pablo que una vez escribió un libro titulado “Cómo patear penales”.

El argumento es simple: el secreto del éxito consiste en patear al lado contrario adonde se tira el arquero. Continúa diciendo que tal fue el éxito del libro que no pudo resistir escribir la saga: “Cómo atajar penales”, cuya regla sugiere que los arqueros se tiren adónde va la pelota.

Las recomendaciones acerca de “la carrera del futuro” se topan con dos problemas relacionados con la chanza de De Pablo. En primer lugar, predecir cuál es la carrera del futuro implica poder pronosticar el futuro. En segundo lugar, creer que tal o cual carrera es la del futuro conlleva suponer que esa elección masiva no altera el futuro mismo.

“Pronosticar es muy difícil, en particular el futuro”, decía el notable físico Niels Bohr. Si bien la profusión de datos y algoritmos permite predecir varias cuestiones relevantes (la cantidad de autos que pasan por una autopista, si alguien pagará un crédito), la mayoría de las cuestiones importantes de la sociedad permanecen ajenas al escrutinio de los datos y la IA. Quién será el próximo presidente, cuál va a ser el valor del dólar de acá a dos meses o quién ganará el Mundial son preguntas en las que poco (si algo) se ha avanzado.

No porque falten datos o capacidad computacional sino porque muchos eventos de la política y la economía son el resultado de complejas interacciones estratégicas. En este marco, posicionarse con precisión acerca del futuro del mercado laboral (máxime cuando ese futuro refiere a los muchos años que demanda una carrera universitaria) es cuestionable, cuando no irresponsable.

Los ejemplos abundan. En la década del ‘80 se decía que quien en el 2000 no supiese programar sería un analfabeto. Así, muchos jóvenes se volcaron a aprender BASIC, COBOL o Pascal para enfrentar el futuro del mercado laboral. El auge de la computación personal de los ‘90 hizo que las computadoras se acercasen al usuario y no al revés, lo que provocó una huida masiva de los flamantes programadores hacia herramientas como Lotus, QPro y luego Excel o Word.

Más recientemente, la “fiebre por el código” (Python, R) de hace una década parece haberse detenido abruptamente con la irrupción de la IA y el ChatGPT, que redujo sustancialmente los costos (y por ende la rentabilidad) de saber programar. El problema con decir cuál era “la carrera del futuro” es que fue muy difícil predecir la irrupción masiva de las computadoras personales y, mas recientemente, la de la IA y el ChatGPT.

Pero el problema más grave tiene que ver con que la elección masiva de “la carrera del futuro” termina alterando el futuro mismo, como las creencias del arquero ante lo que sospecha que hará el delantero que le pateará el penal. Hace relativamente poco, un artículo de diario contaba que “el mejor día para sacar pasajes de avión es el miércoles”, sugerencia que ofrece una ventaja limitadísima: algo así como cuánto dura un billete de cien dólares tirado en la esquina de Corrientes y Florida. Creer que tal o cual es la carrera del futuro implica suponer, ingenuamente, que actuar en consecuencia no alterará las condiciones del mercado y que otras personas no se volcarán masivamente a esa misma carrera.

La pregunta acerca de la carrera del futuro es crucial, pero decir que la profesión del futuro es aquella más “recalentada” en el presente se asemeja a eso de pretender “manejar mirando solo el espejo retrovisor” que dicen que dijo una vez Warren Buffett. Nadie sabe cual es la carrera del futuro, por las mismísimas razones que nadie sabe qué nos deparara el mercado laboral y la sociedad dentro de unos años.

Tal vez, la carrera del futuro sea cualquiera que nos prepare y motive para aprender permanentemente.

Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín

Newsletter Clarín