← Volver
clarin.com · hace 14 horas · Clarin.com - Home

No llores por mí, Argentina

Google

Mientras David Lebón y Pedro Aznar cantaban, no pensé en Charly García. Pensé en el maestro Hermenegildo Sábat.

Tardé un rato en entender por qué. Después caí en la cuenta de que el recital de la semana pasada en el Movistar Arena y los dibujos de Sábat hablaban, en el fondo, de la misma cosa: de las obras que sobreviven al tiempo en que fueron creadas.

Sábat dibujó durante décadas en Clarín con un ojo puesto en la noticia del día. Sin embargo, cuando uno vuelve hoy a ver sus obras, descubre que no hace falta recordar exactamente qué había pasado entonces para que sigan conmoviendo. La noticia envejeció. El dibujo no.

Al escuchar “No llores por mí, Argentina” se me apareció uno de esos dibujos. Charly García le estrecha la mano a Carlos Gardel y, en ese gesto, a Gardel se le escapa una lágrima. Sábat lo hizo en 1982, en plena Guerra de Malvinas. Más de 40 años después sigue diciendo algo verdadero, incluso para quien ya no recuerde el contexto preciso en que fue publicado.

1982. Dibujo de Hermenegildo Sábat

“Canción de Alicia en el país”, por ejemplo, nació en un tiempo. Pero como las grandes obras, consiguió trascenderlo.

Serú Girán, una de las bandas más importantes de la historia del rock argentino.

Eso hacen los clásicos. Sobreviven a su tiempo. Esperan, con paciencia, que la actualidad envejezca.

Vale para un dibujo de Sábat, para una canción de Serú Girán y también para una obra de Beethoven.

Hay un momento en que las partituras dejan de tener fecha. Se siguen interpretando porque ya no hablan solamente de una época: hablan de nosotros.

Mientras escribo estas líneas, volvemos a mirar la camiseta celeste y blanca con esa mezcla de ilusión, orgullo y nervios que sólo el fútbol consigue provocar.

Mañana, cuando ruede la pelota en la final del Mundial, el equipo de Scaloni estará escribiendo algo que algún día dejará de ser actualidad para convertirse en memoria.

Hoy y siempre. El festejo de la Selección el miércoles pasado. Foto Juano Tesone

Pasarán los años. Las nuevas generaciones tal vez no recuerden toda la formación de este seleccionado ni el minuto exacto de cada gol. Como hoy pocos podrían reconstruir la coyuntura en la que nació un dibujo de Sábat o fueron escritas muchas canciones de Serú Girán.

Pero sí recordarán lo que todo eso hizo sentir. La emoción compartida. La alegría. El orgullo. Las lágrimas.

Porque hay un momento en que la actualidad termina. Y empieza la historia: aquello que una sociedad decide no olvidar.

Recuerdos de Japón: ¿un buda? ¿una geisha? Nada que ver

Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín

Newsletter Clarín