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perfil.com · hace 20 horas · Hugo Haime

Una Selección que tiene banderas

Hugo Haime

Mientras el país festeja y espera con el corazón en la boca la final del domingo, en la política pasan muchas cosas. Es probable que buena parte de la sociedad no esté prestando atención a los movimientos del Gobierno, que en silencio viene planificando cómo asegurar la reelección de Milei en 2027. La búsqueda de cambio de reglas electorales, intentando anular y/o suspender las PASO junto con la habilitación de colectoras, es pensada como un instrumento esencial para dichos fines. Menos estará la opinión pública mirando a la oposición, que parece estar más preocupada por la interna que por generar una alternativa creíble para todos quienes están buscando el cambio. A unos y a otros quizás les convenga mirar un poco qué sucede en la calle y, en la cancha

Estamos viendo más camisetas con los colores argentinos que símbolos patrios para festejar el 25 de Mayo y el 9 de Julio. La tarde noche del miércoles vimos a gran cantidad de jóvene que salieron a festejar. No vivieron la guerra de Malvinas ni vieron jugar a Diego. Pero la raíz cultural nacional los atraviesa a todos. En muchas esquinas cantaban “el que no salta es inglés”.

En los días previos al partido contra Inglaterra, tanto desde la Selección como desde el Gobierno se insistió en que se trataba de “un partido más” sin ningún tipo de connotación extrafutbolística. Está claro que la selección blufeó, no tenía más remedio, pero el gobierno afirmó sus ideas tanto a través de Monteoliva como del propio Milei, que sigue diciendo que se trata de un nacionalismo barato y que no hay que mezclar las cosas. En coordinación con FIFA, la seguridad estadounidense y representantes británicos, se había dispuesto que no ingresaran al estadio banderas, camisetas o carteles alusivos a Malvinas, por considerarse contenido político. Pero para muy pocos argentinos se trataba de un partido más. Por algo esta Selección canta en el vestuario “por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”. Y apenas terminó el partido, flamearon una bandera blanca con letras negras: “Las Malvinas son argentinas”. La prohibición había durado exactamente lo que duró el pitido final. La selección no es solo rebelde en el juego. También lo es en relación a la realidad del país. Por más que muchos de sus jugadores construyan su destino económico en el extranjero, no han perdido el sentido de ser argentinos. Tienen a sus padres sus amigos sus parientes en el país y saben lo que sucede acá.. Por algo Messi dijo: “En Argentina hay gente que no tiene trabajo, que la vive peleando y no llega a fin de mes” Se equivocan los que piensan que los jugadores son desclasados que olvidaron sus orígenes. Y aunque lo estuvo evitando el gobierno terminó politizando las cosas cuando el vocero de Milei salió a cruzar las palabras del Capitán. Eso no significa que los jugadores tengan que dar apoyo político a ningún dirigente ni fuerza política. Eso no los convierte en traidores. Pero más allá de lo que cada uno de ellos vote, todo el tiempo hablan de la unidad y de representar la emoción popular. Volvamos a la pregunta que siempre nos hacemos: ¿un gran sentimiento nacional unifica y puede trasladarse a la política? Una gran mayoría que está entre enojada y deprimida que hará cuando termine el Mundial. ¿Volverá a la resignación social o, en la búsqueda de esa alegría, habrá un vuelco hacia el reclamo a la política? Si tomáramos como ejemplo el 86 o el 2022, la gente se volcó a la calle por la Selección y después hubo cambios de gobierno. Que haya sucedido antes no quiere decir que se repita. Pero la pregunta sobre si la población va a seguir aceptando el estado actual de cosas, o va a empezar a demandar mejoras concretas en su vida cotidiana, no es una pregunta en vano.

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