Amigas son las amigas (y lo que un varón nunca entendería)
Hace un tiempo me enteré de que hay una “app” que junta gente con intereses en común y te arma una especie de cita para que coman juntas y se conozcan. O sea un tinder de amigas. Me gusta la idea. Porque las apps de citas no tienen porqué ser solo para garchar y buscar pareja.
Y además nosotras sabemos muy bien el quilombo que es armar un encuentro entre nosotras, la cantidad de información que intercambiamos, la cantidad de temas que empiezan a surgir y nos desfocalizan de concretar un encuentro. Por eso, siempre necesitamos en el grupo a esa amiga que nos pone los puntos, nos dice un día y un horario concreto y ¿quién viene?, y nos mete presión para que dejemos de dar tanta vuelta.
Casi nunca es fácil lograr la juntada, y muchas veces termino yendo sola a los lugares que quiero ir para evitarme tanto caos de información.
Igual, cuando el milagro ocurre, logramos coincidir, y sabés que te vas a ver con las chicas, la felicidad es inexplicable. Ya el encuentro tiene esa emoción especial que ningún varón entendería porque ellos no saben lo complicado que fue armar todo. Pero acá finalmente estamos y queremos dar lo mejor para que el plan se convierta en planazo.
La vida es un casting permanente de todo. De amigas también. Está el elenco estable, las “famiamigas”, esas que son como primas o como hermanas, porque las conocés desde chica y te vinculás con ellas como si fueran familia, porque a veces no se soportan pero ni loca dejarías de ser su amiga. Son esas que sabés que van a estar, las fundamentales. Porque con los años una confirma que en el tema vínculos, importa más la calidad que la cantidad.
Porque también están las otras, las que te caen recontra bien, las querés, te divierten, pero no contás con ellas para demasiado.
Y como en el amor, también están las no correspondidas. Las que te hubiera encantado que te den bola, pero prefieren a otras, y hay que bancarse el rechazo. Y así como es espantoso querer ser amiga de alguien y no ser correspondida, es hermoso el flechazo de entrar a un grupo nuevo, ver a alguien y sentir que quisieras conocerla mejor. ¿Alguna vez te pasó que entraste a un grupo y pensaste “me encantaría hacerme amiga de esa persona”? Y a veces ocurre el milagro y a esa persona le paso lo mismo, y alcoyana alcoyana somos re amiguis, y otras mmmm… Que feo cuando no gusta de vos como amiga… Como en el amor. Porque la amistad es otra de las tantas maneras de amar.
Pero cuando la cosa va, y te hacés una amiga nueva, es genial. A mi me copa conocer gente nueva, estrenar amigas, hacer nuevas incorporaciones a la trama de mi vida, conocer sus historias de cero, sorprenderme con vidas que no conocía.
Además la amistad bien entendida es mucho más liviana que estar en pareja: No exige fidelidad, ni siquiera tenés que hablar ni verte tan seguido con la otra persona. La amistad sólo pide tener ganas de compartir un poco con el otro. Es como alguien que te gusta pero sin el peso erótico, no te tenés que lookear para verla, ni tenés el compromiso de hablar todos los días, la podés compartir, hacer triejas de amigas, orgías de amigas. Porque a veces también pasa eso con una amiga: vos querés presentarle a una amiga que conocés de otro lado porque intuís que se llevarían re bien.
El próximo 20 de julio se celebra el día del amigo en la Argentina, uno de los países más amigueros del mundo, un país donde las cosas se celebran intensamente: los mundiales, los cumpleaños, la amistades. Y sabemos que el lunes si querés ir a comer afuera con amigas, vas a tener que planificarlo bien porque muchos lugares colapsan.
Particularmente después de muchas idas y vueltas, con las chicas (no todas porque nunca podemos toooodas), vamos a irnos a un spa, no me envidien, las conozco hace más de 40 años y es la primera vez que lo festejamos así.
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