En medio de los festejos por el triunfo a Inglaterra, la Cancillería emitió una protesta por el paso de un buque de guerra británico hace 11 días
El Gobierno aprovechó los masivos festejos populares por el triunfo de la Selección Nacional contra Inglaterra para publicar -este miércoles a última hora- un comunicado de prensa en el que informó haber presentado una "nota formal de protesta" a la Embajada del Reino Unido en Buenos Aires, en la que expresa "el más enérgico rechazo a la realización de los movimientos del buque HMS Medway" en su ruta entre Malvinas y Punta Arenas, Chile, los días 4 y 5 de julio.
Lo consideró, en línea con la posición argentina sobre el conflicto de soberanía por las Islas del Atlántico Sur, un buque "ilegalmente destacado en las Islas Malvinas" y sostuvo que su paso por aguas nacionales para adentrarse en el Estrecho de Magallanes -que es chileno- "no fue debidamente notificado de conformidad con los acuerdos y declaraciones bilaterales vigentes y que involucró el tránsito por el Mar Territorial argentino".
En Londres, tanto en el Foreign Office como en el Ministerio de Defensa, dijeron lo contrario e incluso sacaron una respuesta oficial. Dijeron que el buque estaba llevando adelante una "misión logística planificada" desde las Islas Malvinas hasta Punta Arenas, en Chile.
Antes, en medio de la polémica, habían dejado trascender que avisaron al Gobierno argentino. El problema es que, según fuentes argentinas, lo hicieron por WhatsApp y tarde. De ahí los chispazos locales entre el Ministerio de Defensa, más nacionalista, y la actual Cancillería.
El nuevo choque entre la Argentina y el Reino Unido, esta vez por el paso del buque, generó posiciones encontradas dentro del Gobierno, entre los militares y hasta un fuerte enojo en Chile contra sus aliados libertarios. Pero, sobre todo, quedó fuertemente mezclado con el partido entre Argentina e Inglaterra porque la posición de no confrontar del presidente Javier Milei, de su canciller Pablo Quirno y de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, se vio descolocada por el enorme paño que desplegaron los victoriosos jugadores argentinos en el estadio de Atlanta, donde se leía en letras gigantes: "Las Malvinas son Argentinas".
La leyenda sumó más leña al fuego en el Reino Unido, donde la política estaba fuertemente enojada y ya había salido a responder una columna de opinión en la que Quirno buscó bajar la espuma por el buque afirmando que las islas tienen "población implantada", que es, en definitiva, la posición oficial argentina.
También había generado malestar el duro mensaje de la vicepresidenta Victoria Villarruel en la previa del partido, cuando afirmó que los británicos son "piratas usurpadores", y la tensión culminó con el mensaje exhibido en plena cancha por los jugadores. En la prensa británica incluso salieron altos miembros del gobierno de Keir Starmer a ironizar: "La Copa Mundial puede no ser nuestra, pero las Islas Falkland definitivamente lo son". Niguel Farage, el líder de la utlraderecha británica y aliado del presidente Milei, tuvo un mensaje desconcertante por X. "Hagámoslo todo de nuevo tal como en 1982", escribió.
Business secretary Peter Kyle has told Sky News that football and politics should remain separate and the holding of a banner about the Falkland Islands by Argentinian team members should be investigated. pic.twitter.com/43WrggCyN1
Con Chile también hay enojo. El gobierno de José Antonio Kast recibió una protesta argentina el pasado 13 de julio. "El Gobierno argentino se ve obligado a remarcar la gravedad de esta situación, que implica el apartamiento del compromiso asumido por el Gobierno de Chile de no permitir el ingreso a puertos chilenos de buques apostados en el área en disputa", protestó la Cancillería por la presencia de marinos chilenos a bordo del Medway el 5 de julio, durante su amarre en Punta Arenas.
Fuentes del Gobierno vecino marcaron su malestar con la Argentina. "La democracia chilena nunca dudó en apoyarlos. Promovemos la resolución en favor de Argentina en el Comité de Descolonización, mientras ustedes nunca nos apoyaron en la causa con Bolivia por la salida al mar. ¿Qué más quieren?", dijo una fuente diplomática en Santiago, muy enojada. El senador Alejandro Kusanovic, representante de la región de Magallanes, fue la única voz on the record que se refirió al tema, aunque evitó responderle al Gobierno argentino y prefirió retrucar al kirchnerismo fueguino.
En las redes sociales circularon durante todo el día mensajes y memes contra el presidente Javier Milei —que quiere viajar con Quirno a Londres en octubre para participar de una actividad llamada "Argentina Week"— por su admiración económica por Margaret Thatcher. También hubo críticas contra Monteoliva porque, aunque no era de su jurisdicción, se sumó al pedido de las autoridades policiales de Estados Unidos —donde la Argentina no tenía nada que hacer— para que los hinchas no llevaran carteles sobre Malvinas, que, según se dijo, estaban prohibidos.
Por si ello fuera poco, el comunicado de Quirno fue leído como "oportunista" y tardío, en una semana en la que hubo numerosos pedidos de información al Gobierno sobre lo ocurrido con el buque. Los impulsaron diputados peronistas, como Guillermo Michel, que quieren hablar con el Gobierno británico por la situación, además de legisladores de Provincias Unidas y del Gobierno de Tierra del Fuego.
Quirno era de la idea de no elevar la protesta por el buque, pero enfrentaba dentro de la Cancillería —y también en la Casa Rosada— a sectores como el encabezado por la secretaria del área Malvinas, Paola Di Chiaro, que exigían una posición más dura frente a los británicos. Según pudo saber Clarín, el Reino Unido informó por WhatsApp y tardíamente el movimiento del Medway —que realiza ejercicios de disuasión, patrulla y defensa—, cuando la normativa vigente desde los años noventa, dentro de las medidas de confianza acordadas entre ambos países tras la guerra de 1982, establece que, por el porte del buque, debía notificarse con 48 horas de anticipación.
El propio Quirno no quiso dar la cara ante los británicos y envió a su lugarteniente, Juan Manuel Navarro. Los asesores de la Marina en la Cancillería también apagaron la voz de Di Chiaro y de otros sectores libertarios que querían endurecer la respuesta. Milei mismo, más allá de su afinidad con la visión ultraliberal de Thatcher, siempre reivindicó que las Malvinas son argentinas.
"En la diplomacia, el trabajo no se grita como en los goles, pero nos mueve la misma convicción: el orgullo de ser argentinos y la defensa permanente de nuestros intereses", tuiteó Quirno para acompañar el comunicado, que este jueves fue rebatido por el Ministerio de Defensa británico.
En el texto, la Cancillería sostuvo que "la navegación del HMS Medway por el mar territorial argentino constituye una violación de los mecanismos de fortalecimiento de la confianza en materia militar acordados entre ambos países tras el restablecimiento de las relaciones diplomáticas". En particular, cita la Declaración Conjunta del 25 de septiembre de 1991, que sustituyó parte de los acuerdos de Madrid de 1990 y fue posteriormente actualizada mediante la Declaración de Buenos Aires y Londres de 1993. Se trata de un mecanismo que obliga a ambas partes a intercambiar información y realizar notificaciones sobre determinados movimientos militares, obligación que, según el Gobierno argentino, no fue cumplida en este caso.
El comunicado también interpreta el episodio como una nueva acción unilateral británica en el Atlántico Sur. En ese sentido, sostiene que el tránsito del HMS Medway se suma a otras decisiones adoptadas por Londres que, a juicio de Buenos Aires, contradicen la Resolución 31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que insta a la Argentina y al Reino Unido a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales en la situación de las Islas Malvinas mientras permanezca abierta la disputa de soberanía.
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