La nafta y esa costumbre de subir mucho y bajar poco (o nada)
Desde que estalló el conflicto bélico en Medio Oriente Argentina fue el país latinoamericano exportador de energía que más aumentó los combustibles, salto que promedió 27% desde marzo. La no intervención estatal y concentración del mercado hace difícil que esos precios retrocedan tanto como subieron, aunque el petróleo volvió casi a valores preguerra.
El crudo es el insumo más relevante en la producción de naftas y gasoil y su precio interno está alineado con el internacional, decisión política que fogonea la creciente producción y exportaciones.
Desde el inicio de la guerra en marzo, el barril de petróleo subió desde un promedio de 70 dólares hasta un pico de 126 dólares por el temor a la escasez.
Eso impulsó un aumento de los combustibles en casi todo el mundo, aunque con efecto diferente según las políticas oficiales y si el país en cuestión necesita importar petróleo y naftas (Uruguay) o no (Argentina). Distintos informes ilustran ese aumento de precios que termina impactando en la inflación. El Instituto Argentina Grande estima la suba de los combustibles en el mercado local en en casi 25% (cálculo modesto en relación a otros análisis) contra 14,7% de Ecuador, 10,70% de México, 4,9% de Brasil y 1,9% de Colombia. Todo petroleros, pero con otras políticas sectoriales.
Cuando en mayo se percibió que la provisión de petróleo en el mundo podía garantizarse a pesar de la guerra, el barril empezó su derrape hasta los 72 dólares de hoy. Pero no todos los surtidores reflejaron esa baja.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, acusó el 24 de junio en un posteo en redes sociales que los carburantes no estaban bajando en la misma proporción que el crudo: advirtió que los consumidores estaban siendo “estafados” y que llevaría el tema a la Justicia.
Junio resultó un mes clave en el divorcio entre petróleo más barato y combustibles más caros, en particular en países donde se supone que esos valores deben moverse a unísono y donde no hay una intervención estatal que atenúe el impacto de los cimbronazos externos.
Según análisis de expertos que circulan por el mercado, el resultado de esa disociación se traduce en diferencias (spread) “espectaculares y con pocos precedentes en la historia”. Toda la cadena petrolera mejoró ingresos con el conflicto bélico pero, en las últimas semanas, la refinación se lleva la parte del león.
Los otros países de Latinoamérica que producen y venden crudo al exterior tienen distintos mecanismos para evitar que los aumentos en el mercado internacional estén atenuados en las estaciones de servicio o en sus canales mayoristas, generalmente con costo fiscal.
Brasil aumentó impuestos sobre las ventas externas para reorientar la producción al mercado interno, al tiempo que recortó los que gravan las importaciones y subsidió la producción de gasoil, a condición de que esas ventajas sean trasladadas a los consumidores.
México también recortó impuestos y dio otros estímulos fiscales priorizando el gasoil, combustible clave para el transporte. Y Colombia fue el exportador regional que menos ajustó gracias al Fondo de Estabilización administrado por el Gobierno, que deja casi fijo el precio de los combustibles en cierto nivel: si el costo baja, se acumula plata en el fondo que se usa para cuando sube.
La improvisada y provisoria versión local de ese esquema es el “buffer” promovido por YPF, empresa integrada que lidera la refinación. La fórmula habría fijado precios de nafta y gasoil sobre un valor teórico acordado de alrededor 90 dólares el barril, menos que el efímero valor pico de la guerra pero bien por encima del precio actual.
Según ese esquema, ahora se estaría en la fase de “compensación”, tal como lo plantea el lema “Yo te ayudo, vos me ayudás” publicitado por el entusiasta CEO de YPF, Horacio Marín. Cuándo termina la ayuda de los consumidores y cuánto bajarán los combustibles es una incógnita.
Otras productoras de petróleo que no refinan como Pluspetrol y Vista adhirieron a la fórmula pero no todas las transacciones del mercado argentino reflejaron aquellas pautas, que resultaron de un acuerdo privado sin un poder público que centralice la información y la controle, a diferencia de lo que ocurrió en Colombia.
Más aún. Una resolución del ministerio de Desregulación liderado por Federico Sturzenegger eximió a las empresas del sector a informar sus precios: eso dificulta un seguimiento detallado y previsión sobre el futuro.
El valor el petróleo es decisivo en la formación del precio de las naftas y el gasoil pero no el único factor que promueve subas: impuestos, biocombustibles y el tipo de cambio son motores de futuros aumentos.
Hay un resorte estatal que el gobierno de Javier Milei no resignó como herramienta para contener los precios en canales mayoristas y minoristas. Por decisión oficial, el Impuesto sobre los Combustibles Líquidos y el Impuesto al Dióxido de Carbono -en conjunto representan 17% del precio final- no están siendo ajustados según el índice de precios al consumidor, como manda la ley. De hecho esos tributos tienen un atraso real de 53% en las naftas y de 27% sobre el gasoil, a pesar de que la gestión libertaria viene aumentándolos discrecionalmente de modo importante.
Por ahora es el único freno directo del cual dispone el Gobierno para evitar combustibles más caros y como consecuencia mayor inflación. Al mismo tiempo representa una herramienta de recaudación difícil de resignar.
Algo similar pasa con el precio de los biocombustibles con los que se mezclan los carburantes. Su precio está controlado por la secretaría de Energía y también acusa atrasos, a pesar de haber tenido importantes actualizaciones. Hay una lista de resoluciones incumplidas sobre el valor de mercado del bioetanol y el biodiesel, imputable a distintas gobiernos. Aunque más indirecta, esta también es una manera oficiosa de regular precios que formalmente son libres.
Otro impulsor de las subas en surtidor es el tipo de cambio, ya que el petróleo cotiza en moneda dura. Dólar más caro, naftas y gasoil, también, lo que hace que cualquier corrección cambiaria hacia arriba pueda tener un impacto en los surtidores.
No hay fecha ni ajuste precisos, pero sí certeza de que los combustibles seguirán encareciéndose por razones ajenas a lo que pase en el alterado mercado mundial, en el que Argentina está irrumpiendo como exportadora.
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