Soquetes y zoquetes
La editorial Adriana Hidalgo viene publicando la obra completa de Hebe Uhart (1936-2018), una escritora que leí poco y salteado, pero que siempre me dio placer. Hace poco salieron los Cuentos completos, las Novelas completas y las Crónicas completas y los editores me obsequiaron gentilmente los dos primeros, aunque no el tercero. Y yo quiero las crónicas porque parece haber consenso en que son lo mejor de su obra. Y, además, en un momento de su carrera, Uhart decidió terminar con la ficción y pasarse a esa variante de la narrativa. Según me informó mi amiga Astrid Riehn, encargada de prensa de Adriana Hidalgo, esa transición se inició en 2003 con la publicación de El cielo a casa, un libro que reúne diecisiete piezas breves.
El libro acaba de ser reeditado y lo recibí antes del mundial de fútbol. Desde entonces lo leí dos veces porque me interesaba esa mudanza del cuento a la crónica. Me gustó mucho, pero no logré determinar exactamente cuáles son los capítulos que pertenecen a un género y cuáles al otro. O si cada uno es una mezcla de los dos géneros, es decir crónicas disfrazadas de cuentos, o cuentos que están en vías de transformarse en crónicas. Finalmente concluí que poco importa, ya que la voz de la autora se escucha en cada una de las páginas, tanto si narra cosas con apariencia de verídicas o completas falsedades.
Astrid me recomendó especialmente el segundo capítulo, que se llama “Congreso” y trata sobre una escritora argentina poco conocida a la que invitan a un congreso de literatura en Alemania. Es efectivamente un cuento, o una crónica, o lo que sea. A Astrid le hizo especial gracia el modo en el que Uhart se burla de los alemanes. Pero eso es porque Astrid es alemana. En particular, me habló del episodio de los “zoquetes”. Pero, en realidad, se trata de “soquetes”, es decir de calcetines cortos (los zoquetes son troncos o personas torpes). Está mal escrito en el libro. Pero ese error lleva a una reflexión.
En realidad, bajo la apariencia de hablar de los soquetes absurdos que la narradora intenta vestir en una conferencia hasta que una amiga la disuade, está hablando de zoquetes. Y los zoquetes son los escritores y los investigadores que sienten que los congresos son el lugar perfecto para aprovechar sus privilegios y desplegar sus vanidades, en este caso frente al decorado metódico provisto por los alemanes.
Estos relatos son sátiras en tono menor cuyo blanco son todos los personajes que se pongan a tiro de la mirada de la autora, incluyendo a ella misma. Hay una convicción en Uhart: la del profundo e insalvable ridículo de los seres humanos (nunca de los animales) que se refleja inexorablemente en la lengua, que siempre está de algún modo en falta. Pero lo que distingue a Uhart como escritora satírica es su extraordinaria paleta de tonos mediante los que revela sus sentimientos hacia los personajes. Y eso la vuelve muy imprevisible porque Uhart puede ser feroz, en algunas ocasiones cruel, pero también es capaz de tratar a algunas de sus criaturas (las que logran sortear el filtro de la pretensión y la banalidad) con una ternura imprevista, que parece sorprender a la propia autora su prosa la termina expresando. Es como si la gracia se abriera camino en esas raras ocasiones y no quedara más remedio que reconocerla.