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perfil.com · hace 13 horas · Jaime Duran Barba

La reelección de Milei

Jaime Duran Barba

No es posible decir con certeza que Milei va o no ser reelecto cuando falta tanto tiempo para las elecciones. El tiempo pausado de la antigua sociedad, fue reemplazado por uno vertiginoso. El celular, esa parte de nuestro cuerpo que nos comunica con todo, exige respuestas que deben ser inmediatas aunque no sean ciertas. Mandamos mensajes todo el tiempo y esperamos que los otros los respondan de inmediato, sin esperar que gasten su tiempo en analizar o en pensar.

Todo es fugaz: en el pasado los niños compartían su niñez con hermanos y familiares que eran para toda la vida, que les trasmitían formas de ver el mundo y valores semejantes. En el parvulario fueron reemplazados por profesionales que cambian frecuentemente, al igual que sus compañeritos, procedentes de distintas familias, con los que establecen relaciones que son siempre provisionales.

En la política esto se refleja en la facilidad con la que los electores cambian de preferencias, llegan a las urnas con porcentajes de indecisión que van entre el 30% y el 50%, toman decisiones a la velocidad de un mensaje de la red, movidos por razones que generalmente no tienen que ver con la política. Si comparamos las métricas de la red, pocos entran a las plataformas para consultar algo sobre El Capital de Marx, el pensamiento de Max Weber, las veinte Verdades Peronistas, el pensamiento de Leandro Alem o el de Anibal Ponce. La mayoría de la gente quiere conocer las últimas noticias acerca de la Inteligencia Artificial y de otros temas que interesan. En Argentina, Alem es menos conocido que Mbappe.

El tema es que, para ganar las elecciones o para gobernar, necesitamos comunicarnos con la población como es, no como querríamos que sea. Es imperativo comprender de otra manera la política, como analizamos en nuestro libro, de próxima aparición, “Que diablos nos pasó”. No hay ninguna posibilidad de que volvamos al pasado.

La fugacidad afecta también a los dirigentes que surgieron de la revolución tecnológica. Fuera de los países que celebran elecciones amañadas como Nicaragua, El Salvador y la Venezuela trumpista de Diosdado Cabello, en esta década, el único presidente americano que logró reelegirse estando en funciones fue Daniel Noboa de Ecuador. Todos los demás, incluidos Trump en 2021 y Bolsonaro en 2023, que intentaron hacerlo en países en los que eso es fácil, no lo lograron. Si Milei es reelegido, sería el segundo mandatario que lo consigue en el continente.

Existen nuevas formas de comunicación política. Los electores actuales no son personas aisladas, que hablan ocasionalmente con personas de su entorno. Antiguamente, los partidos elaboraban programas de gobierno y preparaban presentaciones que difundían a través de los grandes medios. Desde la difusión de la radio los candidatos fueron oradores que cautivaban con su discurso. La gente no tenía mucho que hacer, la oferta de placer era limitada, la política ocupaba un gran espacio del tiempo de la clase media que votaba.Actualmente tenemos una población que está conectada todo el tiempo, tiene acceso a todo tipo de información y diversión. Se informa sobre lo que ocurre en vivo y en directo. Tiene cosas que le interesan, más allá de lo que opinen quienes quieren manejar sus preferencias. En estos días, por ejemplo, casi nadie quiere hablar sobre las elecciones presidenciales del próximo año porque el futbol copa todos sus espacios y mueve sus pasiones. Es esa población caótica e independiente la que determina el curso de las elecciones. Hasta hace algunos años la tarea de los consultores políticos era más simple. Ayudábamos a preparar el contenido de lo que comunicaba el candidato, aconsejábamos sobre cómo usar los grandes medios para difundir el mensaje, y estudiábamos cómo reaccionaba la población ante lo que se había comunicado.

Actualmente desapareció la frontera entre el emisor de la comunicación y el receptor. Es tan importante comprender cómo interpreta el mensaje la gente común, que es la principal difusora de la comunicación política. Todos reciben el mismo mensaje, pero cada uno lo interpreta a su manera, lo rehace, lo comenta con sus contactos, que dan más credibilidad a lo que dice su amigo, que a la publicidad o a lo que dicen los políticos en la televisión. No es suficiente controlar los grandes medios para determinar cómo se difunde nuestra propuesta. Existe una nube de sitios alternativos que compiten con los grandes medios, que en algunos países tienen mucha incidencia en las elecciones. Pero sobre todo hay que analizar la inmensa telaraña de comunicaciones que se forma con las relaciones de todos los ciudadanos, que se integran a comunidades virtuales cuya identidad es a veces más fuertes que las que antes teníamos.

Es necesario trabajar con una comunicación que no puede manipular al elector, en la que no hay mensajes providenciales que lo muevan. La sociedad cobró vida autónoma y, para tener éxito, los dirigentes tienen que acompañar a la gente impulsando sus ideas desde una nueva horizontalidad.

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