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Tras estar 28 años prohibido, el videojuego Carmageddon volvió a ser legal en la Ciudad gracias a la Ley de Hojarasca

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Tras una prohibición de más de de 28 años, la venta del controversial videojuego Carmageddon volvió a estar permitida en la Ciudad luego de que a fines de junio la Legislatura porteña sancionara su propia Ley de Hojarasca que, en forma similar a la norma del mismo nombre que en mayo obtuvo media sanción en Diputados, deroga normativas obsoletas, innecesarias o que cayeron en desuso. La prohibición para comercializar el título databa de 1998, cuando los legisladores porteños habían considerado que incitaba a la violencia y a la violación de las normas de tránsito.

Desarrollado por Stainless Games y publicado por THQ Nordic, Carmageddon había salido a la venta el 30 de junio de 1997, en una época en la que todavía era habitual ir a locales físicos para comprar videojuegos que el jugador recibía dentro de una prolija caja de cartón que contenía, además de uno -o varios- CDs, los manuales que le explicaban al usuario cómo instalar el juego e incluso cómo jugar.

El título generó controversia casi de inmediato en el ámbito gamer de la época. Es que, lejos de la premisa habitual de los juegos de carreras, al colocar al jugador detrás del volante, Carmageddon no lo obligaba a cruzar primero la línea de meta para ganar. En cambio, le ofrecía la posibilidad de entrar en un raid de destrucción en el que poco importaba la pole position.

Así, el jugador podía chocar a los vehículos de sus rivales para destruirlos y dejarlos fuera de la competencia, o atropellar personas para sumar puntos y prolongar el tiempo que duraba la partida. Incluso, había peatones que daban puntaje adicional al ser arrollados, como los niños o las mujeres embarazadas.

Con una premisa semejante, era cuestión de tiempo para que llegaran los cuestionamientos. En mayo de 1997, a poco de que el juego saliese a la venta, la British Board of Film Classification (BBFC) se negó a otorgarle una clasificación, lo que impidió que el título pueda comercializarse en Reino Unido. Para sortear ese obstáculo, los desarrolladores lanzaron una versión modificada en la que los peatones fueron reemplazados por zombis. Meses más tarde, en noviembre de 1997, Brasil se convirtió en el primer país en prohibir el título, cuando su Ministerio de Justicia vetó su fabricación, distribución, difusión y venta.

La polémica no tardó en llegar a la Legislatura porteña, de la mano de un pedido de la Asociación Civil de Familiares y Víctimas de Accidentes de Tránsito (FAVAT), y el 26 de marzo de 1998 se trataron en conjunto tres proyectos de ley que buscaban retirar al videojuego de los locales porteños.

Una de las iniciativas, impulsada por los entonces legisladores Juliana Marino y César Torres, en ese momento del PJ, expresaba respaldo a las gestiones de FAVAT "tendientes a la prohibición de videojuegos orientados a la destrucción de personas". Las otras dos pertenecían a la UCR. Una había sido presentada por el diputado Silverio Fernández Gaido y la otra pertenecía a los legisladores Roberto Clienti y Jorge Casabé. En ambos casos se exigía prohibir la venta y sancionar a quienes comercializaran el videojuego.

El juego había sido prohibido en la Ciudad por incitar a la violencia y fomentar los delitos viales

Clarín accedió a la versión taquigráfica de la sesión del 26 de marzo de 1998, en la que quedó plasmado el corto debate que se dio sobre el tema y en donde ni siquiera un vez llegó a escribirse correctamente el nombre del juego, que siempre apareció como "CARMAGGEDON".

“’Carmaggedon’ no es un mero entretenimiento de diversión y esparcimiento, sino que su utilización se traduce lamentablemente bajo la consigna ‘CONDUCIR PARA MATAR’, consigna absolutamente antagónica a la idea del respeto a la vida y la integridad física y moral de las personas”. Con esas palabras describió el videojuego el secretario Parlamentario, Miguel O. Grillo. El extenso texto que leyó también expresaba preocupación por el concepto del título y el hecho de que presumiblemente estuviese agotado en las jugueterías y casas de computación.

“Debemos inferir de este razonamiento enfermizo e insano, que una mujer embarazada otorga mayor puntaje porque son dos vidas en una misma persona las que se aniquilan. Cuesta creer que cobre difusión un 'entretenimiento' en el que el usuario al 'manejar' su automóvil elija quien será su próxima víctima en razón del puntaje que cada cual le otorga, tomando este proceder como algo normal y hasta trágicamente cómico”, leyó también el secretario de la Cámara a la hora de introducir el tratamiento de la iniciativa.

A continuación, la Legislatura daba luz verde al tratamiento de la que al final del día se convertiría en la Ley 16 que, durante casi tres décadas, prohibió la venta del polémico videojuego en el territorio de la Ciudad.

En sus considerandos el proyecto destacaba que el título “trata de acumular puntaje a medida que se atropella a diversos peatones" y subrayaba que "quien atropella a un anciano no recibirá tanto puntaje como quien atropella a una mujer embarazada o a alguien que hace aerobics”.

Así contaba Clarín la prohibición de Carmageddon en 1997

El debate no fue particularmente extenso, pero dejó intervenciones que, al menos en la actualidad, resultarían llamativas.

El legislador radical Silverio Fernández Gaido, autor de uno de los proyectos, contó que sus asesores tuvieron que salir a buscar el juego y su traducción, porque "viene en inglés". Durante su intervención remarcó la mecánica de atropellar peatones "y vacas" y sostuvo que "resulta importante hacer notar cómo es la presentación de este juego para que todos vean cuál es el grado de repulsión que puede causarles y lo interesante que puede resultar dictar una ley que prohíba su venta, producción, distribución y comercialización".

En tanto, Roberto Clienti (UCR) abrió su discurso recordando la Masacre de Jonesboro, un tiroteo escolar ocurrido pocos días antes en EE.UU. y que relacionó con el videojuego al hablar de un "síndrome de violencia que está viviendo la sociedad de fin de siglo sigue siendo impulsado por algunos industriales y comerciantes inescrupulosos". Mencionó además que ese año se habían registrado 11.000 víctimas de accidentes de tránsito en el país "y que el 36% de los causantes de los accidentes -los que estaban al volante- tienen entre 17 y 20 años". "Prácticamente estamos diciendo: 'conduzca para matar'", remató.

Aníbal Ibarra, que luego sería jefe de Gobierno, fue incluso más allá y pisó el acelerador al sostener que el juego incurría en "apología del delito". El entonces legislador resaltó en ese sentido que Carmageddon no era el único juego que proponía "puntajes a partir de la muerte". "Si bien éste tiene la característica de que se hace a través de atropellar personas con vehículos, sumando puntaje, otros lo hacen a través de armas, con puños, con aviones, con bombas", destacó. Y llegó a proponer que, tal vez, debería extenderse la prohibición "a los demás juegos".

El Boletín Oficial de la Ciudad del 29 de abril de 1998, en donde apareció publicada la ley que prohibía Carmageddon

"Aún con la indignación que esto nos genera, debemos decir que hay decenas de estos juegos que promueven la muerte y la violencia y que dan puntaje por mayor muerte y mayor violencia, tanto en realidad virtual como en software de computadora, o en juegos que se conectan al televisor", remarcó.

Poco más de un mes después, el 29 de abril de 1998, la Ley que dejó -o intentó dejar- a Carmageddon fuera de los anaqueles pareció publicada en el Boletín oficial, ratificada con la firma del entonces jefe de Gobierno porteño, Fernando de la Rúa. Y, unos meses después, la ciudad de Rosario también se subiría a la iniciativa, al aprobar dos decretos del entonces intendente Hermes Binner que prohibían comercializar tanto ese videojuego como Grand Theft Auto (más conocido como "GTA") y Postal.

Juliana Marino y César Torres, dos de los legisladores que en 1998 impulsaron la iniciativa, reconstruyeron cómo era el clima de época cuando se votó la prohibición de Carmageddon. En diálogo con Clarín, ambos recordaron que en ese momento había una gran preocupación por la seguridad en ámbitos escolares.

Torres, que hoy es el titular de la Unidad de Relaciones Federales y Vinculación Interjurisdiccional de la Ciudad de Buenos Aires, rememoró que por esos años se habían registrado varios hechos de violencia dentro de las escuelas y que por ese motivo se ocuparon de la cuestión junto a Marino, que presidía la comisión de Educación en la Legislatura porteña.

"Me acuerdo que el juego tenía premios por matar gente, era muy violento para la época", destacó el ex legislador en diálogo con Clarín. También recordó que varios docentes les habían pedido trabajar sobre el tema. Durante la conversación, Torres defendió casi 30 años después la ley e incluso, a contramano de lo que votó el PRO en la Legislatura, que por unanimidad dio luz verde a la Ley que derogó la prohibición, consideró que está última decisión se tomó en forma apresurada . "La verdad que con lo que se ve hoy en el día a día, no sé si estaba para sacarlo por Hojarasca, me parece que hay que tener un poco más de control de lo que está pasando", afirmó.

El juego había sido prohibido en la Ciudad por incitar a la violencia y fomentar los delitos viales

El ex legislador destacó además que en esa época no hubo muchas voces en contra de la iniciativa, aunque sí existió "alguna diferencia" sobre qué hacer con el juego, ya que un diputado porteño "no estaba muy de acuerdo a la prohibición" y prefería emitir una declaración.

Por su parte, Marino, quien durante mucho tiempo también presidió la Comisión de Tránsito y Transporte en la Legislatura porteña, ubicó la iniciativa en una época en la que había una gran preocupación social acerca de los accidentes viales. Sin embargo, destacó que incluso en ese contexto, la propuesta de prohibir un videojuego resultaba controversial. En ese sentido, aunque en la versión taquigráfica no constan objeciones al proyecto, la ex legisladora apuntó que sí hubo cuestionamientos en el debate previo por parte de los legisladores de la UCeDé.

"No sé si prohibir es la respuesta, pero no me arrepiento del proyecto", sostuvo hoy Marino, y afirmó que, a pesar de que existan títulos igual o más violentos que Carmageddon, permitir su comercialización puede llegar a fomentar que los menores normalicen conductas tales como las que se dan dentro del juego.

En su redacción original, la norma prohibía "la distribución, comercialización, venta y/o alquiler y promoción publicitaria del juego electrónico denominado 'CARMAGGEDON'" y "de cualquier clase de videojuegos o programas (software) para entretenimientos electrónicos orientados a la destrucción de personas por medio de la conducción de un vehículo automotor o que encuadren en las conductas tipificadas en la legislación de tránsito vigente en la Ciudad".

La violación de la Ley era sancionada inicialmente "con el equivalente de 40 a 400 unidades de multa", y el decomiso de los elementos, "para proceder a su inmediata destrucción". En caso de reiterarse la conducta, el comercio infractor incluso podía ser clausurado por hasta diez días. En el año 2000 -aún en épocas del 1 a 1- la Legislatura actualizó esas multas que pasaron a ser de 500 a 5000 pesos. Y con el tiempo, y otras reformas, las multas directamente se eliminaron de la ley. Pero, en los pepeles, la prohibición siguió.

En la práctica, la norma lleva años sin aplicarse. De hecho, la versión electrónica del juego puede adquirirse en toda la Argentina sin inconvenientes desde julio de 2014 por 5,79 dólares a través de la plataforma Steam, -en la que también se comercializan numerosos videojuegos de la misma temática-. Durante la época de rebajas, llegaba a ofrecerse por 1,44 dólares.

Finalmente, el pasado 18 de junio, en la misma sesión en la que la Legislatura de la Ciudad aprobó la ley que endurece las penas para los trapitos, también le dio el visto bueno a su propia Ley Hojarasca, que deroga más de 30 leyes, múltiples ordenanzas y artículos obsoletos o en desuso en el territorio porteño. Entre ellos estaba la ley que le había puesto el cepo comercialización de Carmageddon, que ahora puede volver a las estanterías de los comercios porteños.

Fernando Zeoli

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