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infobae.com · hace 10 horas · Rafael Ramírez

Alimentación saludable: una decisión que empieza con información clara

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El primer artículo de la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable menciona claramente el objeto de la misma: garantizar el derecho a la salud y a una alimentación adecuada, promoviendo la toma de decisiones asertivas y resguardando los derechos de los consumidores. En la base de ese objetivo, las enfermedades no transmisibles, principalmente cardiovasculares, cáncer, diabetes y enfermedades respiratorias crónicas, representan aproximadamente dos de cada tres muertes en el país. Y gran parte de la carga de muchas de estas enfermedades está asociada a factores de riesgo vinculados con la alimentación, entre ellos el sobrepeso y la obesidad, la hipertensión arterial y el colesterol alto.

Argentina es el tercer país de América Latina en prevalencia de exceso de peso en menores de 5 años (UNICEF, 2023). Según la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud de 2019, 4 de cada 10 chicos de 5 a 17 años presentan exceso de peso en el país. Los productos ultraprocesados –con exceso de sal, sodio y grasas- representan más del 35% de la ingesta energética diaria de niñas y niños, según un informe de UNICEF y FIC Argentina de 2023. El consumo de frutas y verduras alcanza solo el 20% de lo recomendado, según el mismo estudio.

Para contribuir con la salud y el bienestar nutricional de la niñez, la estrategia global de UNICEF propone acciones complementarias para promover entornos alimentarios saludables para niños, niñas y adolescentes. Esto incluye considerar lo que pasa en las escuelas y los kioscos, la publicidad a la que están expuestos los más chicos, o el acceso a alimentos frescos y nutritivos. También se promueve la lactancia materna, los impuestos o subsidios que incentiven elecciones más saludables, y la promoción de reformulación de productos para reducir componentes como el azúcar, la sal y/o las grasas nocivas.

Y se incluye también el etiquetado frontal de advertencias. Su valor es simple pero poderoso: permite que cualquier persona, en pocos segundos, identifique si un producto tiene exceso de azúcares, sodio o grasas saturadas, para tener la libertad de elegir de una manera informada. Sin necesidad de conocimientos técnicos, sin cálculos ni interpretaciones complejas. Aquí la prioridad es acceder a información importante de modo sencillo, tal como sucede y se ha normado en otros ámbitos últimamente. La Ley de Modernización Laboral y su reglamentación, por ejemplo, incorpora un gráfico de torta en los recibos de sueldo para que los empleados puedan ver con claridad cuál es el costo laboral total. Muy interesante, y ejemplifica bastante bien la conveniencia de la información gráfica y sencilla, más aún cuando se relaciona con proteger la salud de la población.

Los resultados del etiquetado frontal son positivos: en Argentina, 9 de cada 10 personas consideran que los sellos ayudan a identificar rápidamente productos menos saludables (UNICEF y FIC Argentina, 2024). En México, 4 de cada 10 consumidores reportaron haber cambiado sus decisiones de compra a partir del etiquetado (Instituto Nacional de Salud Pública, 2025). En Chile, donde estas políticas se aplican mediante una ley integral, se observaron reducciones tanto en el consumo de productos poco saludables como en indicadores de exceso de peso infantil (Paraje et al., The Lancet, 2026; Taillie et al., 2021).

El etiquetado incentiva a la industria además a mejorar la calidad de sus productos. En Argentina ya se registran cambios en la composición nutricional, con más productos sin sellos y menos con múltiples advertencias (Flores et al., 2026).

Por supuesto, siempre hay espacio para mejorar, ya sea para fortalecer la implementación, potenciar el impacto o armonizar internacionalmente. El proceso de mejora debe ser técnico, contrastado y basado en evidencia, asegurando que se equilibren los objetivos de la sociedad, incluido el de la ley vigente. Pero el punto de partida es claro: contar con información visible, sencilla y objetiva no limita la libertad de elegir. Al contrario, la hace posible.

En definitiva, se trata de que las decisiones importantes —como la alimentación de las familias— dependan de información clara para que elegir mejor sea más fácil, protegiendo también a los más chicos de la publicidad y mientras están en la escuela. Para que toda la sociedad tenga más oportunidades de acceder a una alimentación saludable, especialmente las niñas y niños.

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