El desafío de construir la casualidad hacia 2027
Esperaban los gobernadores y Diego Santilli a que comenzase el acto en Tucumán en la madrugada del jueves. El resto de los invitados había sido desalojado del recinto para esperar a Javier Milei, que demoraba su aparición. De pronto se abrió la puerta y entró... Victoria Villarruel. Entusiasmada, hizo una vuelta olímpica besando a todos los gobernadores y al "colorado" ministro del Interior. Y se fue.
Santilli musitó: "Espero que nadie me haya sacado una foto con ella" (mi plataforma de AI, al cierre de esa nota, informa que "No hay ninguna foto de Victoria Villarruel y Diego Santilli en los actos de Tucumán por el Día de la Independencia").
Para la micropolítica, esos detalles señalan los padecimientos de los protagonistas de esta alegre transición. El drama de Milei, que dice asumir Santilli, es que debe recrear la martingala que lo hizo presidente en 2023 para 2027.
Para eso no le sirve la inteligencia artificial, ni la otra. Esa carambola a tres bandas - así la calificó el propio Milei cuando explicó cómo había llegado al cargo - fue consecuencia del fracaso de las dos coaliciones mayoritarias que se enfrentaron en 2023. Milei fue el beneficiario pasivo de ese tropiezo, y lo salvó la cláusula fusible del balotaje.
¿Cómo repetir la magia que resolvió la crisis de ese año gracias a la solidez del sistema político argentino, que Milei quiere destruir al atacar al sistema electoral que sostiene la democracia - es decir la alternancia - que tiene la Argentina?
¿Es posible construir la casualidad? Es la meta que se propone Milei para reelegir.
El fabulista Tomás de Iriarte nos entretuvo en nuestra infancia con la fábula de "El burro flautista" que se encontró con una flauta, la sopló y se creyó músico: "«¡Oh!», dijo el borrico, / «¡qué bien sé tocar/ ¡y dirán que es mala/ la música asnal! / Sin reglas del arte, /borriquitos hay/ que una vez aciertan/por casualidad."
Ha gobernado dos años con la especial asistencia de los partidos que formaron antes Cambiemos, que lo apañaron en el balotaje con fondos y logística.
Al ganar las elecciones, le aportaron todo el funcionariado que fue del macrismo de 2015 y los programas que habían preparado para que gobernasen Horacio Larreta o Patricia Bullrich. Con el apoyo de los bloques amistosos del Congreso se apoderó de la representación del no peronismo que ganó las legislativas de 2025.
¿Están esos socios de acuerdo en renovarle el mandato? Seguramente sí, porque ha gobernado para ellos, al punto de que creen que le gobiernan a él. Lo admitió en la madrugada del jueves en el discurso de Tucumán, cuando agradeció por su apoyo a los gobernadores. Eran en 2023 el objetivo de su ataque, y prometió "hacerlos mierda".
Hoy depende de ellos, y de los aliados del no peronismo del Congreso, para poder repetir lo que en 2023 fue casualidad. Un juego que debe ensayar por el desfiladero de espejos que es toda construcción colectiva. Y no hay otro método que el convencional, necesario, pero nunca suficiente para festejar algún éxito.
Lo aconseja un personaje de Taylor Sheridan - autor de la serie "Yellowstone": "En política, o jugás el juego o el juego juega contigo” (se lo dice la senadora de Montana al gobernador que encarna Kevin Costner, que no se quiere bajar del caballo).
¿Es posible aprender a hacer política después de los 50 años? Raúl Alfonsín decía que después de esa edad no se podía aprender ya a hacer política ni a lo otro. Para eso han llamado a Santilli, socio Línea Fundadora del partido de Mauricio Macri, de cuya mesa nacional es parte, y al que no ha renunciado como afiliado.
Se impone con gestos a la ficción que sostuvo la narrativa oficial de que todo dependía de lo que hicieran la hermana y Caputo chico. Algo imposible de probar porque no hay acto de gobierno que se les pueda atribuir. Gobiernan Caputo grande, los asesores externos de estudios jurídicos, y el círculo de empresarios que ha logrado recrear la promoción industrial - eso son el RIGI, el Super RIGI o sus variantes.
Lo hacen con tanta liberalidad que los grupos empresarios tradicionales renuevan las concesiones de Hidrovía, Aeropuertos, energéticas y obras públicas que tenían desde anteriores gobiernos peronistas. Los apellidos son los mismos, y eso no es casualidad, diría el fabulista Iriarte.
Reinventar la casualidad implica también recrear los errores que cometieron las dos coaliciones que compitieron en 2023. Mauricio Macri, con lo que le queda de resuello, promete oxigenar a una nueva generación de dirigentes del PRO para que se convierta en custodia de la gestión de Milei si no se encarrila.
Nadie cree hoy que ese pulso prospere en una candidatura alterna, que se anime a dividir el espacio del no peronismo que hoy se amarra a la alianza PRO-La Libertad Avanza. Si eso ocurre, el cisma pondrá al peronismo en condiciones de competir con ventaja en 2027. Nadie quiere eso.
¿Se animaría Macri a promover otra oferta al electorado firme y cohesionado del 41% que tuvo Cambiemos? Que lo diga en voz alta, le reclaman dirigentes como Santilli y Cristian Ritondo a Macri: Si vos jugás en 2027 estamos a muerte con vos. Pero si no jugás, dejanos que hagamos la nuestra. Por ahora hacen la de ellos.
La batalla por las PASO es ajena a Milei. Las PASO son un problema de los partidos, y Milei no tiene partido. El debate sobre el reglamento que disparó el gobierno – como antes Alberto Fernández cuando era presidente, está cargado de fantasías y prejuicios, que conviene despejar:
1) No está probado que no haya votos para eliminar las PASO. Un conteo de votos en Diputados suma ya 131 votos para aprobar por lo menos la suspensión. Para eliminar las PASO sobran votos en el Congreso. Lo que falta es saber cuánto, cuándo y cómo está dispuesto el gobierno a pagar por esos votos. Nadie quiere defender las PASO con mucho énfasis, pero gratis nada. Para que no las haya, los gobernadores van a cobrar y como siempre, al contado y antes que todos.
2) No está claro que el peronismo esté convencido de defender las PASO. El gobierno cree que Unión por la Patria las va a defender solo para contradecir al gobierno. El peronismo nunca necesitó ningún procedimiento de debate de base para elegir candidatos. Las PASO son tan ajenas a el PJ como lo son a Milei, que no tiene partido. Si algo sabe hacer el peronismo es encontrar herramientas de disciplinamiento interno cuando tiene que disputar el poder.
3) Tampoco está probado que el recurso de las colectoras que está ofreciendo Santilli a los gobernadores vaya a beneficiar al gobierno y perjudicar al peronismo. Lo desmiente la historia del peronismo como beneficiario de todos los sistemas de "sumatoria de votos" a los que ya acudió desde 1987, cuando Vicente Joga importó de Bélgica (vía Uruguay) la Ley de Lemas para Formosa. Desde entonces el peronismo usó la Ley de Lemas para construir poder, como Perón en 1946, cuando fue presidente con tres listas de legisladores de partidos colgadas de su fórmula, y con dos en 1973.
No hay sistema que mejor se adapte a la idiosincrasia del peronismo que la "sumatoria de votos". En el momento en que el peronismo tuvo su máximo poder – la crisis de 2001 - se animó a una rareza institucional que nunca se ha examinado con detalles: cuando renunció Fernando de la Rúa la Asamblea Legislativa convocó a elecciones con la Ley de Lemas para elegir presidente de la Nación.
Fue una sugerencia de José Manuel de la Sota. La colectora de Santilli es otra forma de la sumatoria de votos. Reformar la ley de Boleta Única para permitir que un candidato a presidente pueda colgar varias listas de legisladores nacionales - algo que existió siempre hasta la prohibición de la colectora por Macri – es un recurso que puede beneficiar al oficialismo y también al peronismo.
El gobierno quiere apurar los acuerdos con la foto de hoy para que los dirigentes provinciales aprovechen las colectoras para negociar "sparrings" en sus provincias. Pero esos van a esperar que siga rodando la película, para ver quién tiene mejor chance presidencial y colgarse de una lista del oficialismo o del peronismo con tal de ganar.
Ni qué decir si el peronismo avanza en la idea nunca abandonada de promover directamente la Ley de Lemas, cuya pertinencia en estos días vuelve a discutirse en La Rioja para reinstalarla en la elección de gobernador. La Corte ha admitido la constitucionalidad de los lemas en dos ocasiones.
Una fue cuando rechazó una impugnación al sistema en la elección de Carlos Reutemann para un segundo mandato en Santa Fe. En otra causa, por impugnación a Alicia Kirchner en Santa Cruz, la Corte declaró que no era un buen sistema pero que era constitucional.
Una corriente contraria sostiene que son manifiestamente inconstitucionales porque el artículo 23.2 del Pacto de San José de Costa Rica y el Pacto de Derechos Civiles y Políticos dicen que el voto tiene que ser universal e “igual. En cuanto a los “neolemas”, otra ficción institucional de la época de Duhalde que rigió en las elecciones de 2003, la justicia la consintió porque nadie avanzó en su impugnación.
Una mirada a la micropolítica que transita por senderos de contracorriente permite advertir gestos que marcan tendencia:
• En el acto de Tucumán hubo gran despliegue de Victoria Villarruel y permaneció mucho más tiempo que el fugaz Milei, que llegó, dio un discurso y se fue. Se exhibió como protocandidata al decir que "Me gustaría ser la persona que sirva a los argentinos". Villarruel no necesita demostrar que no tiene nada que ver con Milei. Y todo lo que pueda sumar como figura para 2027 lo puede facturar como votos propios.
¿Qué dimensión puede tener? Representa un nacionalismo de base con fuerte impregnación católica y de aire malvinero con posibilidades de llegar a una franja que le puede quitar a Milei la unanimidad en la representación del centro derecha.
Si eso prospera y presenta una candidatura aparte a la de La Libertad Avanza, le sacará votos a Milei y, como minoría de la minoría, puede entrar de rebote en el balotaje, sistema en donde los segundos suelen tener más chances de ganar que los primeros. Aportó matices, como llegar en el mismo vuelo con la senadora por Santa Cruz Natalia Gadano, que milita en el frente del gobernador Claudio Vidal y está anotada como opositora.
• Estuvo ausente Patricia Bullrich, que no deja oportunidad de marcar diferencia. Lo hace desde la crisis de Adorni y confronta en lo pequeño con el núcleo del gobierno como manera de afirmar un pedestal propio.
A diferencia de Villarruel, Bullrich es Milei-dependiente como antes era Macri-dependiente o Carrió-dependiente. No está segura de que si lo enfrenta al presidente retenga el prestigio que tiene en las encuestas. Eso pone en duda la posibilidad de tener algún protagonismo, también como una segunda candidata de la centroderecha en unas elecciones con balotaje
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