La Copa del Mundo como reflejo del orden internacional, por Adrián Tuninetti
La Copa del Mundo 2026 está empezando a transitar sus instancias finales y, como desde el principio, las críticas y las injerencias políticas sobre el evento han estado en permanente exposición. Lo que debía enfocarse en el análisis deportivo ha quedado marcado por controversias políticas que han incrementado la dimensión geopolítica del evento.
La última ha sido la injerencia directa de Donald Trump sobre la FIFA respecto a la situación del delantero estadounidense Folarin Balogun (que nació en Estados Unidos, siendo hijo de nigerianos residentes en Londres). El jugador, que fuera expulsado en el partido ante Bosnia y Herzegovina, y la confesión del Presidente de Estados Unidos admitiendo que intervino ante el órgano rector del fútbol para revertir la decisión del árbitro, se convirtió en uno de los hechos más controvertidos de la historia moderna de la FIFA.
En ese contexto, la entidad presidida por Gianni Infantino ha sido altamente rigurosa con aquellas federaciones, especialmente africanas, asiáticas y latinoamericanas, amenazando con suspenderlas o expulsaras ante la mínima intromisión de los gobiernos locales en las cuestiones de sus asociaciones locales.
La situación demuestra el ejercicio del poder y la influencia de Trump que, fiel a su estilo histriónico y personalista, intentó torcer las reglas institucionales para sacar ventaja en el campeonato que organiza, financia y promueve en gran parte. A su vez, la figura de Infantino acumula críticas dentro y fuera de la FIFA, mostrando una sumisión pocas veces vista en los tiempos modernos de la entidad. El suizo intentó justificar la decisión y dijo que habló con Trump “como recibo llamadas de jefes de estado, funcionarios, partes interesadas en el fútbol y ejecutivos de todo el mundo”.
Lo cierto es que la situación con Balogun, no fue una excepción sino la regla que ha atravesado todo este campeonato, incluso desde antes de comenzar. En primer lugar, con la polémica decisión de la FIFA de ser un evento organizado por tres países distintos por primera vez en la historia y en extender el número de participantes, buscando mayores réditos económicos en un certamen que aspira a ser visto por más de cinco mil millones de personas.
Desde el punto de vista geopolítico, la selección de Irán fue la más perjudicada ya que fue obligada por las autoridades norteamericanas (y sin que la FIFA intervenga para revertirlo) a entrar unas horas antes de cada partido y a salir de manera inmediata a su concentración en la ciudad de Tijuana, no sin antes ser requisados varias horas por los agentes migratorios. Su himno fue abucheado en Los Ángeles, donde los opositores a la Revolución Islámica portaron las banderas de los tiempos del Shá, con el león y el sol, a pesar de la prohibición que agentes de la FIFA pretendían de esas manifestaciones. No obstante todo ello, su actuación fue más que digna quedando eliminada por una combinación de resultados, lo que llevó al secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Markwayne Mullin, a celebrar con cánticos y bailes. La debilidad de la FIFA también se expuso en este caso, porque abre la posibilidad a que otros anfitriones puedan hacer lo mismo en futuras ediciones de la Copa del Mundo frente a selecciones que estén enfrentadas políticamente.
Si bien el Mundial de 2026 pretende ser el más inclusivo (por la cantidad de participantes), se ha convertido en uno de los más exclusivos de la historia. En primer lugar, por el elevado precio de las entradas. Y luego, por las controversias en Estados Unidos debido a su política migratoria. Incluso a varios protagonistas se los recusó de forma exhaustiva, siendo el caso más controversial lo sucedido con el árbitro internacional de Somalia, Omar Abdulkadir Artan, quien fue retenido varias horas en el aeropuerto de Miami y finalmente impedido de ingresar a territorio norteamericano.
Analizando un contexto la actitud de Trump expone el momento que se vive a nivel global y cómo el orden liberal construido luego de la Segunda Guerra Mundial, está en una aguda crisis. Se analiza que el sistema internacional está en plena reconfiguración tanto política, jurídica, económica, social y cultural y que Estados Unidos (el propio constructor de ese orden), lo está socavando no sólo se aplica a hechos y situaciones de política tradicional, sino también sobre aquellas regulaciones y normativas que demuestren y exhiban cómo es el poder internacional.
Es posible sostener que la realidad internacional actual se puede calificar como un “realismo personalista”, porque el poder y el orden global ya no es posible encuadrarlo únicamente (y cada vez menos) en el diálogo, la cooperación o en las reglas del sistema jurídico, sino que depende de cómo los grandes líderes políticos intenten sacar réditos para sus propios intereses. El fútbol continúa siendo un juego maravilloso e impredecible, demostrado por la grata sorpresa de selecciones como Cabo Verde y a pesar de la hipertecnologización que ha impuesto la FIFA, pero que también refleja las transformaciones del orden internacional, la nueva distribución del poder global y la creciente mercantilización de la experiencia deportiva. En definitiva, es una herramienta para comprender los tiempos que corren.