La última cabalgata de Marine Le Pen
Al día siguiente de la sentencia dictada el 7 de julio de 2026 por el Tribunal de Apelación de París, Marine Le Pen lucía una sonrisa triunfal en el mercado de La Flèche (departamento de Sarthe), dando inicio a su precampaña para las elecciones presidenciales de abril de 2027.
Intentemos extraer las principales enseñanzas de esta situación inédita, de cara a unas elecciones presidenciales que se celebrarán dentro de nueve meses, situación que confiere al partido Rassemblement National (Agrupación Nacional) un resurgimiento de credibilidad ante la opinión pública.
1. Para Marine Le Pen, que se presenta como un ave fénix, se trata de un renacimiento
¿Cuál fue el origen del asunto que estuvo a punto de conducirla a la Roca Tarpeya? Se trata del caso de los asistentes parlamentarios europeos puestos a disposición de los diputados del Rassemblement National (Agrupación Nacional) por el Parlamento Europeo.
Este había constatado que varios de esos asistentes, que debían trabajar para diputados europeos del RN, eran utilizados en realidad como empleados permanentes del partido.
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Tras la denuncia presentada por el Parlamento Europeo ante la OLAF (Oficina Europea de Lucha contra el Fraude), la justicia francesa, a través de la Fiscalía de París, abrió en 2016 una investigación judicial.
Esta investigación demostró efectivamente la existencia de un sistema fraudulento de utilización de salarios financiados por el presupuesto europeo, organizado por el partido de extrema derecha entre 2004 y 2016 con el fin de remunerar a parte de sus empleados permanentes.
Marine Le Pen, figura central de este sistema desde 2011 (año en que sucedió a su padre Jean-Marie Le Pen al frente del antiguo Front National, hoy RN), terminó en el banquillo de los acusados.
Desde entonces, Marine Le Pen quedó estrechamente vinculada al procedimiento judicial. En marzo de 2025, durante el juicio en primera instancia, fue condenada severamente, pese a que no se acreditó enriquecimiento personal, por malversación de fondos públicos europeos: cuatro años de prisión y cinco años de inhabilitación, y, severidad extrema, con ejecución provisional.
La conclusión era clara: no podría presentarse como candidata a las elecciones presidenciales de 2027. Se encontraba entonces al borde del abismo.
En julio de ese mismo año, la sentencia del Tribunal de Apelación de París cambió por completo la situación. Aunque confirmó la culpabilidad de la acusada, reevaluó las sanciones: tres años de prisión, de los cuales uno bajo vigilancia electrónica, cuarenta y cinco meses de inhabilitación, treinta de ellos en suspenso, y quince meses de cumplimiento efectivo.
Haber permitido durante seis años la existencia de un “sistema organizado” de malversación de fondos públicos por un importe de 2,8 millones de euros constituye una mancha indeleble"
Un giro procesal radical. Consecuencia directa: Marine Le Pen decidió interponer un recurso de casación, lo que suspende la ejecución de la pena, especialmente la pena de la tobillera mientras se examina el recurso. Tras haber asegurado que, en cualquier caso, no haría campaña bajo brazalete electrónico, el recurso le permite, en esta fase, ser candidata a las elecciones presidenciales de abril de 2027 mientras espera la decisión del Tribunal de Casación.
El fiscal general de Francia, Rémy Heitz, aclaró recientemente la situación jurídica de la interesada al recordar que ella “se beneficia de la presunción de inocencia”, ya que, debido al recurso presentado, «no puede ser condenada de manera definitiva». Para la candidata se abre así un camino casi real hasta abril de 2027, en vez de un vía crucis que parecía aguardarla.
2. Su nueva dinámica electoral es también el fruto de una progresión electoral constante.
Jean-Marie Le Pen, fundador del partido, se concebía como un candidato cuyo objetivo, a través del Front National, era sacudir el sistema, dar testimonio de su antigaullismo en el contexto de la retirada de Francia de Argelia, y expresar su revisionismo respecto a la Segunda Guerra Mundial (llegó a afirmar, por ejemplo, que las cámaras de gas constituían un "detalle" de la historia de la Segunda Guerra Mundial, dejando aflorar al mismo tiempo su antisemitismo de fondo).
Se había presentado por primera vez a las elecciones presidenciales en 1974. Su mayor éxito electoral llegó en 2002, cuando logró clasificarse para la segunda vuelta frente a Jacques Chirac con el 17,7 % de los votos.
Su hija Marine, tras romper políticamente con él en 2015, expresó una ambición distinta: convertir al partido —rebautizado como Rassemblement National (RN) en 2018— en una auténtica fuerza de gobierno. Corrigiendo la imagen heredada de su padre, su estrategia consistió en la desdemonización del partido y en una búsqueda constante de respetabilidad política.
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Su primer intento presidencial, frente a François Hollande en 2012, le permitió obtener en la primera vuelta; el segundo, frente a Emmanuel Macron en 2017, obtuvo el 21,3 % en la primera vuelta y 33,9 % en la segunda; el tercero, nuevamente frente a Macron en 2022, alcanzó el 23,15 % en la primera vuelta y el 41,45 % en la segunda. Una progresión constante e ininterrumpida.
Sin embargo, las elecciones de 2022 ya habían puesto de manifiesto sus límites. Los debates de la segunda vuelta frente a Emmanuel Macron revelaron las debilidades de la candidata en materia económica, la escasa credibilidad de algunas de sus propuestas, el carácter arriesgado de sus hipótesis de financiación, la fragilidad de sus medidas proteccionistas y la ambigüedad de su posición respecto a la Unión Europea. Todo ello parecía haber arruinado la ambición presidencial de Marine Le Pen.
Ahora bien, la sentencia dictada en julio de 2026 por el Tribunal de Apelación de París y, sobre todo, la posibilidad para ella de recurrir en casación, permitieron que surja de sus cenizas, abriéndola una auténtica perspectiva política. En la actualidad, las encuestas le atribuyen un 36 % de intención de voto en la hipótesis de la primera vuelta de las elecciones presidenciales.
3. En este cuarto combate, recurrirá al argumento de ser la única alternativa frente a un sistema considerado letal para la soberanía nacional.
Marine Le Pen siempre ha procurado presentarse como una dirigente "cercana al pueblo". El crecimiento del Rassemblement National se ha basado en la denuncia del "desprecio social" que, según el partido, las clases medias y populares francesas habrían sufrido por parte de las élites.
Jean-Luc Mélenchon se ha consolidado como la principal fuerza electoral. Las encuestas le atribuyen entre un 13 % y un 15 % de intención de voto en primera vuelta"
Su legitimidad política descansa en esa capacidad para arraigar en la opinión pública su promesa de proteger a "los franceses" frente a un «sistema» político, mediático y tecnológico que, según sostiene, estaría subordinado a Europa y corrompido por la ideología de los mercados.
Probablemente seguirá afirmando que el «sistema» intenta impedir su acceso al poder.
También insistirá en que los demás grandes partidos apelarán a la formación de un «frente republicano» en torno al RN con el objetivo de frenar a la «extrema derecha», mientras ella seguirá presentándose como representante de la derecha nacional patriótica.
Una derecha preocupada por defender a los franceses “que trabajan y se levantan temprano”.
Sin embargo, numerosos analistas observan que el programa del RN pretende capitalizar las inquietudes del ciudadano francés medio y que, paradójicamente, sabe incorporar a determinadas propuestas tradicionalmente asociadas a la izquierda, especialmente en materia de pensiones y de crítica a la globalización.
Un ejemplo significativo es que, en septiembre de 2024, el grupo parlamentario del RN presentó una proposición de ley sobre las pensiones que contemplaba, entre otras medidas, el restablecimiento de la jubilación a los 64 años, la posibilidad de retirarse a los 60 años para quienes acrediten largas carreras profesionales y la reducción del período de cotización a 42 años.
Por ello, la verdadera cuestión no consiste en determinar si Marine Le Pen imprimirá a su programa una orientación más estatista o más liberal. Lo esencial será saber hasta qué punto seguirá utilizando el argumento nacional, especialmente en materia de inmigración y de prestaciones sociales.
4. En cualquier caso, el RN presenta hoy la particularidad de haberse convertido en el prisma a través del cual se estructura el sistema político francés.
En primer lugar, ¿cuál es la regla para acceder a la segunda vuelta de unas elecciones presidenciales según la Constitución de la V República? Unicamente se clasifican los dos candidatos que hayan obtenido el mayor número de votos en la primera vuelta, con independencia del porcentaje alcanzado.
¿Cuál es, además, el elemento novedoso del panorama político? El hecho de que, tras dos mandatos consecutivos, el presidente Emmanuel Macron abandone la escena política. Se abre así un escenario electoral mucho más abierto.
En la izquierda, el partido La France Insoumise (LFI) de Jean-Luc Mélenchon se ha consolidado como la principal fuerza electoral. Las encuestas le atribuyen entre un 13 % y un 15 % de intención de voto en primera vuelta en la mayoría de los escenarios, pese a que —o precisamente debido a ello— su estrategia de comunicación genera frecuentes acusaciones de complacencia hacia determinadas formas de antisemitismo.
'Ella se limpia los pies con cuarenta años de lecciones de moral impartidas a todo el mund', resume con dureza una de las críticas que hoy se le dirigen"
En cuanto al Partido Socialista (PS), viene experimentando desde la década de 2010 un marcado declive electoral. Actualmente se estima que dispone de un suelo electoral autónomo situado en torno al 6 % en unas elecciones presidenciales.
Por lo que respecta al denominado “bloque central”, este aparece dividido entre su ala centrista (los macronistas) y la derecha republicana.
Lo integran principalmente: Renaissance, el partido macronista presidido por Gabriel Attal, antiguo primer ministro; el Movimiento Demócrata (MoDem), dirigido por François Bayrou, también antiguo primer ministro; Horizons, fundado por Édouard Philippe, otro ex primer ministro y alcalde de Le Havre; la Unión de Demócratas e Independientes (UDI); y, finalmente, Los Republicanos (LR), presididos por Bruno Retailleau, formación muy crítica con el macronismo aunque aliada circunstancial del mismo y afectada por importantes tensiones internas.
Todas las fuerzas políticas presentes incorporan ya, aunque sea de manera implícita, la posibilidad de una victoria del RN en 2027, bien como elemento de clarificación de futuros enfrentamientos políticos (la izquierda), bien como un peligro absoluto que debe impedirse (el bloque central).
La dificultad reside en que el bloque central, del que debería surgir la figura capaz de imponerse a Marine Le Pen, se encuentra debilitado por la rivalidad entre sus dos principales aspirantes a la candidatura presidencial: Édouard Philippe y Gabriel Attal.
El primero disfruta actualmente de una ventaja en las encuestas, con alrededor del 18 % de intención de voto. El segundo, al que se atribuye un 14 %, podría aceptar una alianza con É. Philippe. Según las proyecciones disponibles, É. Philippe parece ser hoy el único candidato con posibilidades reales de enfrentarse al RN con opciones de victoria.
5. Su decisión de presentarse en 2027 es percibida como un error moral. A ello se suma la incapacidad del RN para desprenderse de su túnica populista.
¿Cómo puede una dirigente política condenada tanto en primera como en segunda instancia volver a aspirar al cargo más alto del Estado, aunque la legalidad se lo permita?
Es la primera vez, bajo la V República, que un candidato al Elíseo concurre a unas elecciones presidenciales tras una condena confirmada en apelación. Haber permitido durante seis años la existencia de un “sistema organizado” de malversación de fondos públicos por un importe de 2,8 millones de euros constituye una mancha indeleble.
Marine Le Pen se había distinguido precisamente por proclamar su voluntad de limpiar los establos de Augías de la vida política francesa. Incluso había reclamado la inhabilitación de « por vida » para los responsables políticos condenados por hechos de esta naturaleza.
"Ella se limpia los pies con cuarenta años de lecciones de moral impartidas a todo el mundo", resume con dureza una de las críticas que hoy se le dirigen. Saliendo así al combate con la espada desenvainada, ¿no sería traicionarse a sí misma?
El otro gran obstáculo es que el RN, aunque ha ganado en credibilidad, sigue siendo un partido populista organizado en torno a un clan familiar. Jordan Bardella era el alter ego de Marine Le Pen en caso de impedimento electoral. Ha quedado relegado al papel de un virtual primer ministro.
En realidad, como ocurre en un sistema de inspiración feudal, J. Bardella se dejó avasallar. Las funciones oficiales dentro del partido resultan, por tanto, trampantojos: él es presidente del RN desde 2022 (y diputado europeo); ella preside el grupo parlamentario del RN en la Asamblea Nacional desde 2022 (y es diputada por Pas-de-Calais).
El RN, prisionero de sus concesiones a la demagogia populista, sigue siendo incapaz de construir lo que podría asemejarse a una verdadera unión de las derechas. Esta es, precisamente, la diferencia fundamental entre una Marine Le Pen en Francia y una Giorgia Meloni en Italia.
Salvo el pequeño partido de Éric Ciotti, alcalde de Niza, que cuenta con 17 diputados en la Asamblea Nacional (la mayoría procedentes de Los Republicanos), el RN dispone de 122 diputados, el grupo parlamentario más numeroso de la Cámara. En realidad, continúa siendo un gigante con pies de barro. Encontrar aliados suficientes para ganar la segunda vuelta sigue constituyendo, para Marine Le Pen, un enorme desafío.
Pero la nueva candidata ha ganado en serenidad. Si el Tribunal de Casación desestimara su recurso, la sentencia adquiriría fuerza ejecutiva y volvería a ser obligatorio el uso de la tobillera. Con todo, habida cuenta del calendario judicial, dicha hipótesis resulta poco probable.
¿La última cabalgata? En política nunca se puede descartar nada. Pero la política también exige saber retirarse a tiempo.