Los jóvenes, entre el protagonismo y la abstención
La participación electoral en la última elección legislativa del año 2025 fue inferior al 70%, representando la tasa más baja desde la recuperación de la democracia en 1983, pero el dato más preocupante es el segmento etario inferior a los 35 años, que arroja niveles de ausentismo de alrededor del 35%, comparando con la elección presidencial de 2023.
Si bien se trata de un problema regional que excede a un ciclo electoral, abarca un proceso de mediano y largo plazo que podría afectar de manera progresiva la legitimidad del mandato democrático y el funcionamiento del sistema republicano.
Los jóvenes han sido protagonistas de movimientos culturales mundiales y de transformaciones como los derechos civiles en Estados Unidos durante los ‘60, el Mayo del ’68 francés, la Primavera de Praga de 1968 y el movimiento de los estudiantes de México del mismo año, las protestas contra la guerra de Vietnam en los ’70 y el movimiento contra el apartheid, el movimiento estudiantil de la plaza de Tiananmén en 1989, la Primavera árabe de 2010-2012 y el movimiento climático Fridays for Future iniciado en 2018, entre otros .
Hoy el foco se dirige hacia la generación “Y” de los “millenials” y “Z” de los “centennials”, integradas por adultos jóvenes y adolescentes que crecieron con internet de alta velocidad, teléfonos inteligentes y redes sociales y han vivido acontecimientos como la pandemia de COVID-19 durante etapas importantes de su formación.
Cabe distinguir el segmento desde los 18 años en el que la participación decrece, no obstante la multa prevista, de los electores de 16 y 17 años que fueron incorporados mediante la ley 26.774 que no prevé sanciones pero que es el grupo que vota por primera vez y cuya formación cívica temprana resulta esencial.
Las causas del descenso de la participación son múltiples y se relacionan con la percepción de la democracia, la insuficiencia de los programas de formación cívica en el nivel secundario, la percepción de que el voto individual no incide en el resultado, y el impacto de la desinformación en redes sociales sobre la calidad del debate público, entre otros.
Eso contrasta con el protagonismo que han tenido los jóvenes a lo largo de nuestra historia institucional y que es menester resaltar comenzando por los patriotas de la emancipación, continuando con la generación de 1837 y con la reforma universitaria de 1918 que expandiría sus efectos por América Latina.
En materia política destaca el mitin del Jardín Florida durante la revolución de 1890 con su proclama tu quoque juventud que iniciaría profundas transformaciones y si venimos mucho más acá en el tiempo nos encontraremos con la juventud peronista durante los ’70 y el movimiento radical de renovación y cambio durante la transición a la democracia de los ’80, sin olvidar el tributo de sangre de miles de jóvenes desaparecidos durante la última dictadura y de los héroes que dejaron truncadas sus vidas en las Islas Malvinas.
En las elecciones de octubre de 1983, la participación ciudadana superó el 85 % y desde entonces la militancia juvenil en los partidos políticos se expresó notablemente en las ramas respectivas como en los centros de estudiantes y las fundaciones. En los últimos años, muchos jóvenes prefirieron expresarse a través de las redes sociales, en desmedro de las organizaciones partidarias, circunstancia que también se inscribe como una forma de expresión política en rechazo a “la casta”.
En cualquier caso la existencia una ciudadanía activa e informada es esencial para la convivencia democrática, de manera que la formación electoral en los colegios secundarios es muy valiosa, como el programa “mi voto mi elección” que desde hace más de diez años realiza la Cámara Nacional Electoral en las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires, de manera coordinada con la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y las dependencias correspondientes del Gobierno de la Ciudad.
En el mismo orden, la incorporación de tecnología a los procesos electorales permitirá superar la brecha generacional que aleja a las nuevas generaciones de procesos burocráticos anticuados; cabe mencionar la resolución CNE del 21/5/26 por la cual se autorizó a la ONG Proyecto País, a realizar una prueba piloto de iniciativas populares mediante teléfonos celulares.
La articulación de acciones con organizaciones de la sociedad civil con incumbencia electoral es una de las preocupaciones centrales frente a las elecciones del año 2027 así como también con actores gubernamentales de la nación y de las provincias. Es esencial promover incentivos, toda vez que las prácticas internacionales recomiendan la intervención temprana en los años previos a la incorporación al cuerpo electoral.
La reciente Acordada Extraordinaria 108 de la Cámara Nacional Electoral promueve la realización de programas de capacitación y educación cívico-electoral dirigidos a futuros votantes, a desarrollarse en el ámbito de los establecimientos secundarios en todo el país, solicitando la colaboración de la Secretaría de Educación de la Nación, del Consejo Federal de Educación, del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), las ONGs, así como de las entidades periodísticas y de prensa.
Cabe recordar que las elecciones no son un servicio público a cargo de una determinada autoridad, sino un acto de participación ciudadana, en el que se manifiesta de manera más directa la soberanía popular. Recordando al gran Sarmiento, se trata de “educar al soberano”. w
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