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perfil.com · hace 16 horas · Romina Giurfo*

Los primeros mil días de un bebé definen su vida futura

Bebé recién nacido con su mamá 08072026

Todos los procesos que se desarrollan durante el embarazo, el trabajo de parto y el nacimiento constituyen verdaderos interruptores que son capaces de moldear la organización neuroendocrina e inmunológica de cada niño y cada niña.

Por definición la epigenética es el estudio de cómo los hábitos y el ambiente que nos rodea, pueden cambiar la forma en que los genes funcionan. Los mecanismos a través de los cuales se producen estas modificaciones son reversibles y también heredables, es decir que pueden transmitirse a futuras generaciones.

Con respecto al embarazo, la evidencia científica asegura que características del estilo de vida materno, como por ejemplo la calidad del descanso, la alimentación, el estrés y cambios psicoemocionales actúan sobre el eje hipotálamo – hipófisis - suprarrenal e influyen en la expresión génica fetal a través de mecanismos epigenéticos.

Durante el parto se desarrollan diversos procesos neuroendocrinos, como por ejemplo, el aumento fisiológico de la oxitocina y la activación del nervio vago. Los mismos activan una cascada neurohormonal que prepara a la díada madre-bebe para su encuentro. Es esencial respetar desde la atención de la salud dichos procesos. El profesional de la salud debe favorecer el desarrollo de los mismos, a través de prácticas como el contacto piel a piel inmediato (COPAP) para promover el inicio espontáneo de la lactancia.

La epigenética es el estudio de cómo los hábitos y el ambiente que nos rodea, pueden cambiar la forma en que los genes funcionan"

Durante las primeras horas de vida, el cerebro del recién nacido necesita contacto continuo y calor para configurar circuitos vinculados a la confianza, la regulación y el aprendizaje. La separación temprana es promovida frecuentemente por procedimientos o protocolos médicos, y esto genera la activación del sistema del estrés generando en el organismo estrategias de vida defensivas. Por el contrario, el contacto ininterrumpido consolida trayectorias basadas en la cooperación, la regulación y la salud a lo largo de la vida.

Niños y niñas se encuentran inmersos en un sistema basado en las necesidades de los adultos"

Cuando como profesional acompañamos la recepción del nuevo ser, debemos actuar como agentes de protección para garantizar el vínculo y reconocer que ese momento no solo ocurre a través de la biología y el cuerpo, sino también en la construcción de la relación.

De este modo, podemos afirmar que el embarazo, el parto y la lactancia conforman un continuo biológico que no sólo sostiene la supervivencia, sino que define la calidad del vínculo y las trayectorias de desarrollo en el futuro.

La inversión en la salud biopsicosocial en los primeros años de vida, es una estrategia eficaz para prevenir enfermedades no transmisibles"

Por otro lado, la Ciencia de la Crianza integra hallazgos multidisciplinarios para fomentar prácticas de cuidado basadas en evidencia científica. Diversos autores coinciden en que la inversión en la salud biopsicosocial en los primeros años de vida, es una estrategia eficaz para prevenir enfermedades no transmisibles, promover el desarrollo socioemocional y mejorar el bienestar a largo plazo.

Desde este punto de vista, el rol del profesional de la salud obliga a cuestionar las prácticas adultocéntricas que habitualmente están instauradas en nuestra sociedad. Por el contrario, debemos promover estrategias sensibles, respetuosas y adaptadas a los ritmos de desarrollo infantil. Considero que las mismas pueden implementarse tanto en el ámbito de la salud, como en el educativo y social.

En la práctica diaria suelo observar que niños y niñas se encuentran inmersos en un sistema basado en las necesidades de los adultos, como por ejemplo: niños que se regulan y entretienen solos a través de la tecnología; que “aprenden” a dormir solos; la incorporación muchas veces forzada de leches de fórmula en reemplazo de la lactancia; niños que deben adaptarse al ritmo laboral de sus cuidadores sin un sistema que promueva licencias por maternidad / paternidad adecuadas.

Estas entre otras múltiples situaciones dejan de lado las necesidades de un ser en desarrollo, y no permiten actuar en los primeros 1000 días, ventana en la cual cada acción de los adultos cuenta: lo que hagamos hoy influirá en la salud, el desarrollo y el bienestar de toda una vida y de futuras generaciones.

Cuidar en los primeros años de vida es proteger, vincular y regular. Las necesidades básicas en la infancia incluyen tanto el cuidado físico como también el sostén emocional que lo hace posible. El contacto temprano, la presencia adulta sostenida y la respuesta sensible son prácticas respaldadas por la ciencia y por un enfoque de derechos.

En estos tiempos donde se observan múltiples enfermedades no transmisibles de distinta índole (oncológicas, inmunológicas, metabólicas, psicológicas, entre otras) que afectan la calidad del ser humano, debemos reflexionar y repensar; por un lado las prácticas como profesionales de la salud transformándolos en agentes de cambio para promover el cuidado en las etapas de la vida antes descritas, que son vitales para la salud biopsicosocial. No menos importante es nuestro papel como parte de esta sociedad , en la cual es crucial defender políticas públicas que protejan la infancia y fomenten el desarrollo de adultos sanos, libres y responsables.

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