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perfil.com · hace 3 horas · Marcelo Longobardi

Dass y el costo de una transformación económica que todavía no muestra su segunda parte

Grupo Dass

El cierre definitivo de la planta de Dass en Eldorado, Misiones, y la pérdida de 150 puestos de trabajo vuelven a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa a la Argentina desde hace décadas: qué ocurre cuando una economía decide cambiar sus reglas de funcionamiento.

No estamos hablando solamente del cierre de una fábrica. Estamos hablando de una señal dentro de un proceso mucho más amplio. Dass era una de las pocas empresas del país dedicadas a la fabricación de calzado deportivo a gran escala y producía para marcas internacionales como Nike, Adidas, Fila y Umbro. Su desaparición implica que una parte de la estructura industrial argentina deja de existir.

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La empresa, integrada por la brasileña Dass Brasil junto con inversores locales, ya arrastraba problemas desde hacía tiempo. La caída de pedidos, la pérdida de competitividad y las dificultades para sostener los niveles de producción fueron debilitando una operación que durante años generó empleo en una región donde cada puesto de trabajo industrial tiene un enorme impacto social.

Ahora bien, el debate de fondo no es solamente por Dass. El verdadero debate es qué país quiere construir la Argentina.

El Gobierno de Javier Milei plantea que la economía atraviesa una etapa de “destrucción y creación”. La idea es conocida: algunos sectores que no logran adaptarse a un mercado más competitivo desaparecen, pero esa misma transformación debería permitir el nacimiento de nuevas inversiones, empresas más eficientes y actividades con mayor capacidad de crecimiento.

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El problema aparece en la segunda parte de esa ecuación. Porque la destrucción puede ser rápida, inmediata y visible. Se ve en una fábrica que baja sus persianas, en trabajadores que pierden su empleo y en comunidades que sienten el impacto. La creación, en cambio, necesita tiempo, inversiones y condiciones que todavía no siempre están presentes.

Incluso algunos economistas cercanos al oficialismo reconocen que existe una tensión: por ahora, la pérdida de empresas y puestos de trabajo parece avanzar a una velocidad mayor que la generación de nuevas oportunidades.

Y ahí aparece la gran pregunta para el Gobierno: ¿cuánto tiempo puede durar una transición económica sin que sus costos sociales generen un problema mayor?

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La Argentina necesita discutir productividad, competitividad y reglas claras. Es evidente que el modelo económico de las últimas décadas dejó una industria con problemas estructurales, empresas poco competitivas y una economía acostumbrada a convivir con inflación, controles y distorsiones.

Pero también es cierto que detrás de cada cierre hay personas. Hay trabajadores con años dentro de una empresa, familias que dependen de un salario y localidades enteras que sienten cuando una planta deja de funcionar.

El desafío de esta etapa no es solamente estabilizar las cuentas públicas o bajar la inflación. El desafío es lograr que esa estabilidad se transforme en empleo genuino y en nuevas oportunidades productivas.

Porque una economía puede renovarse, pero ninguna sociedad puede sostener indefinidamente una etapa en la que solamente se observa la destrucción y todavía espera la creación. El caso Dass funciona como una fotografía de este momento argentino: un país que intenta cambiar, pero que todavía debe demostrar cómo será la segunda parte de esa transformación.

Milei