Equipos de alto rendimiento en IT
Cada Mundial pone en el centro de la escena a los jugadores. Esto también puede ser trasladado metafóricamente a las empresas que deben contar con los jugadores/profesionales indicados detrás de cada proyecto y cada iniciativa, para garantizar la competitividad y el éxito de los negocios. Ese cuidado en armar un equipo explica, en gran medida, por qué algunas selecciones rinden mejor que otras con un nivel de talento individual similar.
Las empresas atraviesan un proceso parecido. La competencia ya no se resuelve solo con buenos productos o buenas ideas: se resuelve con la capacidad de sumar, rápido y bien, a los especialistas que hacen que esas ideas funcionen en producción. Datos, inteligencia artificial, desarrollo de software, ciberseguridad. La lista de posiciones que hoy necesita cualquier organización que compita en serio se parece cada vez más al plantel de una selección donde cada rol es distinto, y ninguno alcanza por sí solo.
Así como una selección no gana un Mundial con once jugadores que hacen lo mismo, ninguna empresa innova con equipos genéricos. Se necesita especialización y, sobre todo, complementariedad. El desafío no es contratar más gente, se trata de contratar exactamente los perfiles que faltan, en el momento en que se necesitan.
Ahí aparece el paralelismo más interesante entre el deporte de alto rendimiento y la estrategia empresarial. Ninguna selección se maneja en soledad con todos los especialistas que necesita: recurre a scouting, a mercados de pases, a cuerpos técnicos externos, a la posibilidad de sumar un refuerzo puntual sin comprometer años enteros de formación. Las empresas hacen algo equivalente cuando recurren al outsourcing de innovación: incorporan capacidades críticas en automatización, cloud o analítica sin tener que construirlas, desde cero, dentro de su propia estructura.
La tecnología debe estar disponible de inmediato para cualquier operación corporativa seria. Por lo tanto, las selecciones, los equipos de IT, deben proveer los sistemas que no pueden fallar, monitoreo en tiempo real, ciberseguridad reforzada frente a un volumen de tráfico que se multiplica en cuestión de horas, análisis de datos que se traduce en decisiones inmediatas. “Nada de eso se sostiene con un plan de contingencia genérico, se sostiene con equipos que trabajan bajo la lógica de la alta disponibilidad, prácticamente las 24 horas, los 7 días de la semana.”
Las empresas que compiten en mercados exigentes empezaron a operar con esa misma lógica: sistemas que no pueden pausar y equipos que responden en tiempo real, más allá del huso horario o el día de la semana. Eso requiere partners tecnológicos especializados, no un proveedor más.
Es en ese punto donde el outsourcing de innovación deja de ser una decisión de costos y se convierte en una decisión estratégica. No se trata de delegar tareas menores, sino de sumar al plantel -vale la metáfora- a los especialistas que permiten competir de igual a igual con organizaciones mucho más grandes. Una empresa con el partner correcto puede acceder a capacidades de automatización o inteligencia artificial similares a las de una multinacional, sin haber tenido que construir ese equipo internamente durante años.
El Mundial termina en pocas semanas. La competencia entre empresas por sumar los mejores equipos tecnológicos, no. Y como en cualquier deporte de alto rendimiento, el resultado depende cada vez menos de contar con una estrella individual, y cada vez más de armar, con criterio, el plantel completo.