Necesaria reforma de la Carta Orgánica del BCRA y con competencia de monedas
Considerando la patética Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA) que implementó el kirchnerismo en 2012, luce razonable que al menos se modifique la actual y se redacte una nueva, no tan desaforadamente populista. El tema es la credibilidad que puede tener y la solución a implementar.
La Carta Orgánica del BCRA fue modificada siete veces desde que se creó en 1935 y el desastre monetario y financiero que hemos tenido en Argentina en estos 91 años de vida (inicialmente, la ley establecía que el BCRA iba a funcionar por 40 años) fue descomunal.
El Banco Central nació para enfrentar problemas monetarios y financieros, no para convertirse en una ventanilla permanente del Tesoro. Sin embargo, la historia argentina fue llevando al BCRA cada vez más cerca del financiamiento del gasto público y cada vez más lejos de la defensa del valor de la moneda.
Con el tiempo, hacerle perder valor a la moneda estuvo visto como una buena opción. También hubo períodos en que se utilizó al BCRA para intervenir en el mercado financiero y cambiario para forzar un valor artificialmente alto del peso.
La primera gran modificación se implementó en 1946, con la nacionalización del Banco Central. Se nacionalizó el BCRA y se modificó profundamente su función; quedó dependiente del poder político. Desde ese momento, el Banco Central quedó mucho más subordinado a la política económica del gobierno de turno. La moneda dejó de estar resguardada por una institución relativamente separada del poder político y pasó a depender cada vez más de las necesidades fiscales y crediticias del Estado.
En 1949 hubo otra reforma relevante, dentro de un esquema económico más intervencionista. El BCRA quedó más alineado con la planificación estatal, el crédito dirigido y el financiamiento de objetivos de política económica. Se buscó que el BCRA fuera instrumento del desarrollo definido por el poder político. Es decir: proteger el valor del peso dejó de ser su función central.
En 1957, después de la caída del peronismo, se dictó una nueva Carta Orgánica. Esa reforma intentó reordenar el funcionamiento del Banco Central y redefinir sus facultades. Fue un intento de volver a separar la autoridad monetaria de la utilización discrecional que había tenido con el gobierno de Perón.
En 1973 se sancionó otra Carta Orgánica del Banco Central. Esa reforma volvió a insertar al BCRA en una concepción de política económica donde el crédito, la regulación financiera y la orientación de recursos tenían un papel central.
Otra reforma se implementó en 1977. La política monetaria y financiera se reorganizó alrededor de la Ley de Entidades Financieras y un nuevo esquema de funcionamiento del sistema bancario. Fue la época de la tablita cambiaria y la política monetaria no frenó la inflación, que siguió siendo alta. El BCRA continuó metiéndose en la política cambiaria y en el financiamiento del Tesoro, y derivó en las crisis financieras derivadas del carry trade que generaba la tablita y del endeudamiento externo para sostenerla.
En 1992 se hizo otra Carta Orgánica al establecerse la Convertibilidad fija entre el peso y el dólar. Pero esa independencia se desarmó en 2001, cuando Domingo Cavallo impulsó la salida Pedro Pou de la presidencia del BCRA.
Pou era partidario de la dolarización y Cavallo, de salir de la convertibilidad incluyendo el euro e implementando lo que se llamó el factor de convergencia, para finalizar en una especie de respaldo del peso con el dólar y el euro.
Ahí hubo un quiebre en la confianza sobre el mantenimiento de la convertibilidad y terminó en la corrida financiera que desembocó en el corralito y la posterior pesificación, en la presidencia de Duhalde.
La reforma más espantosa de las últimas décadas fue la de 2012, junto con las de los gobiernos de Perón. Se ampliaron los objetivos del Banco Central, que incluía preservar la estabilidad monetaria, promover la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social, dentro del marco de las políticas establecidas por el gobierno nacional.
O sea: un conjunto de objetivos inconexos que terminó en un verdadero desastre monetario, cambiario e inflacionario.
Viendo la historia del BCRA, el principal problema de la nueva Carta Orgánica va a consistir en generar confianza en que se mantendrá en el tiempo, cualquiera sea el gobierno que le siga al actual.
El problema central de la economía argentina es la falta de calidad institucional. Los gobiernos se encargan de romper las reglas que ellos mismos establecen. Por eso, aunque comparto la idea de hacer una nueva Carta Orgánica que le dé independencia política y limite al BCRA a preservar el valor de la moneda, tengo mis dudas de que vaya a tener un impacto de confianza como la tuvo la convertibilidad.
Considerando este problema, junto con la reforma de la Carta Orgánica, habría que establecer una verdadera competencia de monedas en la que hasta los impuestos puedan ser pagados en otras monedas que no sean el peso. ¿Por qué? Porque se le quitaría una demanda forzada al peso al no tener que demandarse pesos para pagar impuestos.
Descartada la dolarización por falta de dólares para llevarla a cabo y considerando la historia de continuas reformas de la Carta Orgánica del BCRA, la clave estará no solo en sancionar una nueva Carta Orgánica que establezca la independencia del BCRA del poder político para que no siga siendo, como hasta ahora, una Secretaría del ministerio de Economía, sino que, además, es fundamental que el peso no tenga curso forzoso y los impuestos se puedan pagar en cualquier moneda.
Acá hay un punto que aclarar. En este tiempo se ha vendido que, al no emitirse para financiar al Tesoro, se baja la inflación. La realidad es que eso no es cierto. El BCRA no emite solo para financiar el déficit fiscal; también puede emitir para comprar dólares, como lo está haciendo actualmente, y luego quitar parte de esos pesos de circulación: el Tesoro coloca deuda y absorbe pesos.
Valga la aclaración porque la base monetaria se multiplicó por cuatro desde que Javier Milei llegó al gobierno.
Por eso, la clave está en la competencia de monedas. Si el BCRA produce una mercadería llamada pesos que es poco confiable, la gente no demandará pesos y demandará otras monedas para hacer transacciones, y el BCRA se verá obligado a mejorar la calidad del peso o a que desaparezca.
Pero insisto: acá el principal problema para recuperar un sistema monetario creíble es nuestra larga historia de casi 100 años destruyendo el peso y la confianza en el sistema financiero, confiscando depósitos.
En síntesis, comparto la idea de una reforma de la Carta Orgánica que independice al BCRA del poder político, pero tengamos en claro que una simple ley, en Argentina, no alcanza para generar confianza.