Describir una realidad biológica no es discurso de odio
Cuando se pierde la capacidad de establecer el debate, la autocrítica, o se vulneran los derechos de unos por la ideología de otros, se está frente a un sistema autoritario incompatible con la democracia. La Fundación MANADA (Madres de Niñas/os y Adolescentes con Disforia de Género Acelerada) representa a cientos de familias que padecen o padecieron las consecuencias de contenidos perturbadores e inapropiados en el marco de la ESI y peor aún, abordajes faltos de ética, de prudencia y cuidado ante niños y adolescentes que se auto perciben trans, infinidad de familias avasalladas por docentes e instituciones que traicionaron la confianza que depositamos a la hora de elegirlos para la instrucción escolar de nuestro mayor desvelo, nuestros hijos.
Podemos contar por decenas los casos de familias a las que un colegio “olvidó”, como si fuera un detalle menor, comunicarles que su hija o hijo, había solicitado que lo refieran con un nombre de fantasía y los padres se dieron por anoticiados con la llegada del boletín con un nombre ficticio, o que le permitan a una nena de 9 años, utilizar el baño de varones, o que en un quinto grado aparecieran penes de madera del tamaño de un varón adulto y de esa clase salieran las nenas descompuestas y asustadas, y un nene con una severa discapacidad motriz al que nadie tuvo el reparo de retirar del aula para que no se sintiera mortificado, y la lista continúa.
¿Amerita esto que se derogue la ESI? No, desde ya que no, entendemos que la educación sexual es necesaria, que inclusive antes de la ley era un tema que se brindaba en la escuela como parte fundamental del cuidado de la vida. Pero no se puede negar, que, en muchos casos, demasiados, se la contaminó con una ideología que no solo carece de sustento científico, como el hecho de desconocer que se nace solo mujer o varón, sino que es utilizada como bandera político partidaria, grave error: a las escuelas de todo el país concurren niños, no un botín político.
No existe bajeza mayor que la de utilizar a la niñez, la vejez, la salud o la pobreza como trampolín electoralista. Cuando un funcionario público tiene la sensatez, después de haber profundizado en las falencias de una ley vigente, de proponer corregirlas desde el debate, a partir de la escucha de la sociedad civil y de los mismos docentes que en su mayoría se ven obligados a aplicar —incluso contra su criterio— el material que les llega desde las distintas secretarías de educación, está haciendo su trabajo más allá de su opinión personal.
Nos alarman no solo como ciudadanos, también como padres, las amenazas y la censura que recibió una funcionaria del Gobierno de la Ciudad por parte de varios legisladores; nos preguntamos: si una funcionaria es víctima de esta barbarie, ¿qué nos espera a los ciudadanos de a pie? ¿Volvimos a los años 70 y nadie nos avisó? ¿O la dictadura woke se está instalando en el siguiente nivel y en breve tendremos iguales leyes que en Canadá?: marche preso por no permitir que hormonen o mutilen a una hija menor de edad, marche preso por decir que solo existen dos sexos, macho y hembra, de la especie humana. Describir una realidad biológica no es discurso de odio, en tal caso, sí lo es decirle a un niño o a un adolescente que nació siendo un error de la naturaleza, pero que no se preocupe, en 8 cirugías y 40 años de hormonas va a sentirse mejor y que quien opine lo contario no lo ama tal y como es. ¿En serio?, ¿de verdad estamos en este punto?
Señores legisladores, sus amenazas por carta documento, redes sociales y bancas, no solo son una vergüenza para la democracia que tanto nos costó a los argentinos, sino que, a través de sus actitudes de censura a la libertad de expresión, nos hacen revivir temores y traumas de un pasado al que nadie quiere volver, ¿o ustedes sí?