← Volver
infobae.com · hace 9 horas · Silvia Grinberg

Homeschooling: cuando la educación deja de ser un asunto público

Infobae

El proyecto de “Ley de Libertad Educativa”, que propone habilitar el homeschooling como alternativa a la escolarización vuelve a poner en discusión una pregunta de fondo: ¿qué entendemos por educación?

Presentar esta modalidad como una ampliación de la libertad de las familias supone reducir la escuela a un lugar donde se accede a datos o información. Sin embargo, la escuela es mucho más que eso. Es una institución pública cuya función, por ejemplo enseñar a leer y escribir o resolver operaciones matemáticas, ocurre en el encuentro con los otros y con aquello que está por fuera de nuestro mundo inmediato.

La experiencia de la pandemia dejó una enseñanza difícil de ignorar. Durante esos meses, las familias descubrieron que enseñar no es una tarea espontánea ni puede reemplazarse simplemente con buena voluntad. También comprendimos cuánto pesa el aislamiento en la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes. Hoy, cuando buena parte de los diagnósticos sobre las nuevas generaciones advierten sobre el uso excesivo de los celulares incluso en el espacio áulico, el crecimiento de la soledad, el deterioro de la salud mental y el impacto de los vínculos mediados exclusivamente por las pantallas, resulta paradójico que la única respuesta sea promover una modalidad que solo puede profundizar el encierro en el espacio doméstico.

La escuela constituye uno de los primeros espacios donde los chicos y las chicas construyen vínculos que exceden el ámbito familiar. No se trata solamente de socializar con otros niños. Se trata de ingresar a una experiencia mucho más amplia: encontrarse con personas de distintas trayectorias, escuchar otras voces, conocer otras culturas, otros modos de hablar, otros cuerpos, otros deseos y otras formas de comprender el mundo. La escuela nos enseña, precisamente, que existe un mundo más allá del hogar. Un desplazamiento constitutivo de la formación de cualquier sujeto. Crecer supone salir, aunque sea parcialmente, del universo familiar para entrar en relación con otros. Cuando toda la educación ocurre dentro de la casa, esa posibilidad se empobrece. La familia deja de ser un ámbito de cuidado para asumir funciones que no le corresponden y para las que, en general, tampoco está preparada. Se desdibujan los vínculos entre madres, padres e hijos y se pierde una dimensión central de la experiencia educativa: la posibilidad de construir autonomía a partir del encuentro con lo diferente.

También suele afirmarse que estos déficits podrían compensarse mediante actividades recreativas o deportivas. Pero un club no reemplaza a la escuela. La escuela no es únicamente un espacio de convivencia; es el lugar donde esa convivencia se organiza alrededor del conocimiento. Allí se forman conceptos, se leen textos en común, se discuten ideas, se aprende a argumentar, a escuchar posiciones distintas y a revisar las propias. Si hoy hablamos de pensamiento crítico como una capacidad indispensable para el siglo XXI, deberíamos reconocer que esa capacidad no nace del aislamiento, sino la posibilidad de encontrarse con perspectivas diversas.

Hay, además, una dimensión política que no puede pasarse por alto. El homeschooling solo puede profundizar desigualdades que ya existen. Las posibilidades educativas de cada niño quedan cada vez más atadas a los recursos económicos, culturales y simbólicos de su familia. Quienes puedan contratar tutores o disponer de tiempo, formación y capital cultural ofrecerán determinadas oportunidades; quienes no cuenten con esos recursos verán restringidas las suyas. Lejos de ampliar a la educación, la educación en casa solo puede profundizar las diferencias y debilitar el principio de igualdad sobre el que se construyeron los sistemas educativos modernos.

La educación se convirtió en un asunto público porque las sociedades comprendieron que la formación de los jóvenes no podía depender exclusivamente de las familias. La escuela pública nació para garantizar un derecho y para construir un espacio común. Defender ese espacio hoy no significa desconocer los problemas que atraviesa la institución escolar. Significa reconocer que muchas de las respuestas a los desafíos contemporáneos -la desigualdad, la fragmentación social, la crisis de la salud mental, la necesidad de formar ciudadanos críticos- requieren más escuela pública; mejores políticas educativas, no menos, y mucho menos encierro doméstico y pantallas.

El significado de “hermano” en el cristianismo