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perfil.com · hace 11 horas · Pablo Broder

Desperdicio de oportunidades

Pablo Broder

Estas líneas se están gestando a pocas horas de la finalización de un episodio absurdamente prolongado (más de tres meses y con un final claramente anticipado) de lo que podría llamarse el caso Adorni.

La referencia anterior resulta pertinente por cuanto hasta su conclusión, la cobertura mediática, especialmente los medios audiovisuales, tuvieron una dedicación casi exclusiva para abordar el tema, solamente minimizada por la tristísima experiencia por la que está atravesando el pueblo venezolano.

Una vez conocida la dimisión del exjefe de Gabinete, mágicamente el tema desapareció mediáticamente de escena. Retornaron los casos de corrupción de funcionarios del anterior gobierno, escándalos impúdicos de dólares en vestidores, yates en el Mediterráneo, etc.

El problema es que la naturaleza del hecho en sí misma, y su tratamiento posterior por parte del más alto nivel gubernamental, exhibió una vez más, muestras de cierta impericia para su abordaje, preñado de terquedad, acusaciones hacia el afuera, ocasionando enormes costos a una gestión que muchos argentinos, incluyendo a quien esto está expresando, desean fervientemente que el intento de transformación del país, iniciado en diciembre de 2023, no pueda verse frustrado por la obcecación oficial de no ponerle al mismo un punto final.

Es sabido, especialmente en política, que la obstinación y los malos modos no conducen a resultados positivos. No pagan.

Muchos se han interrogado sobre cuales podrían haber sido las razones para que el Gobierno haya sacrificado, en ese último largo trimestre de estancamiento, tantos logros, como también significativos márgenes de apoyo popular, quizás por una aparente relación de amistad personal.

El problema es que lamentablemente, los costos de esta indeterminación, repercuten no sólo en quienes los han generado en forma directa, sino por la enorme masa de argentinos, ilusionados con la posibilidad de un verdadero cambio en el derrotero nacional.

Cabe resaltar que esta actitud gubernamental ha generado, entre tantas consecuencias, una virtual parálisis de la gestión.

Determinó además (según trascendió) falta de concordancia en el Gabinete nacional, bloqueo en la imprescindible agenda parlamentaria, especialmente vital para un gobierno necesitado de leyes fundamentales, dilución del mensaje “anticasta” y anticorrupción esgrimido oficialmente por el Gobierno desde sus inicios, y fundamentalmente en vistas al próximo año electoral, innecesario desgaste de imagen.

Al momento de la renuncia del exjefe de Gabinete, los medios de prensa señalaban que varias encuestas exhibían picos de evaluación negativa del Gobierno que, habiendo alcanzado otrora más del 50% de opinión positiva, descendía a niveles claramente inferiores, vitales con miras al año 2027.

A su vez, la indeterminación oficial para dar un cierre a la cuestión, generó inútiles enfrentamientos o pérdidas de apoyo por parte de estructuras partidarias amigas o semialiadas, obligadas a pronunciarse ante el silencio oficial.

Y un dato no menor: la andanada mediática opositora, le impidió al Gobierno destacar los satisfactorios signos positivos en distintos aspectos de la actividad económica, en los últimos meses.

Es de desear que este triste episodio permita a las autoridades capitalizar sus experiencias, para posibilitar una Argentina diferente, pujante y que asegure a todos los habitantes, el nivel de vida que merecen.

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