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perfil.com · hace 15 horas · Jorge Fontevecchia

Desentendimiento

Jorge Fontevecchia

Alenka Zupancic es profesora del Centro de Investigación Científica de Ljubijana y una de las responsables de la difusión internacional del psicoanálisis lacaniano con perspectiva política junto con su compatriota Slavoj Žižek, de quien los lectores de PERFIL reciben sus columnas periódicas; la publicada hoy en papel, sobre el calor en Europa y el capitalismo, también es imperdible. Quizás sin saberlo, Žižek es el verdadero antagonista de Milei, mientras que Alenka Zupancic,čtambién sin pensarlo, acaba de publicar un libro titulado Desentendimiento, cuya lectura resulta totalmente aplicable a nuestra Argentina actual.

En título original en alemán es Verleugnung (Negación) que fue traducido al inglés como Disavowal, lo que no satisfizo a la traductora, quien después de analizar la palabra “renegación” y “desmentida”, encontró la síntesis en desentendimiento como acción de desentenderse de algo, tomado de la expresión del psicoanalista francés Octave Mannoni, resumida en la frase: “Ya lo sé, pero aun así...”.

Desentenderse como “entender algo y actuar como si no lo supiéramos”, trasladable a nuestra relación con ciertos políticos, muy especialmente con Milei, y hasta hace no tanto tiempo con Cristina Kirchner; desentendimiento selectivo en función de las preferencias ideológicas.

Comienza el libro con un chiste de Freud, cuando un hombre le dice a su esposa: “Si alguno de nosotros muere, me mudo a París”, ejemplo de incredulidad de la propia muerte; no es que no se sepa, ni se nieguen los hechos, solo que después se prosigue como si no se supiera, y para Alenka Zupancic es un rasgo cada vez más predominante en nuestra subjetividad de época, un business as-usual donde todo sigue como si nada, al que califica como “una forma perversa de la razón”.

La diferencia con la negación es que esta “implica dos dimensiones: nuestra realidad y otro nivel en el que existe lo que se expulsa, lo que se reprime de nuestra realidad y lo reprimido ya no es parte de ella. El desentendimiento, en cambio, es unidimensional, lo desentendido no desaparece de la realidad, está presente, lo sabemos y lo decimos”. La autora relaciona el crecimiento del desentendimiento con el “mundo posfactual: no es que no haya hechos; al contrario, es que son meros hechos y ya no acarrean el peso de lo real”. Cita también el libro de Paolo Virno Déjà Vu and the End of History como otra forma de desentendimiento social en el que el “ya lo sé” comienza a jugar el rol de objetito fetiche que nos protege de esa realidad traumática donde “parecemos estar absortos en un carnaval profundamente autodestructivo en el que disfrutamos el espectáculo de nuestra muerte y desaparición”.

Cita el texto de Octave Mannoni La otra escena. Claves de lo imaginario, explicando la creencia así: “La creencia es una fase inicial e infantil de nuestra relación con el mundo que luego es reemplazada por el conocimiento iluminado, y como este conocimiento es a veces desagradable o incluso traumático, retrocedemos hacia la creencia o continuamos creyendo lo que creíamos antes de la llegada del conocimiento superador. La creencia no existe antes del conocimiento, la creencia viene después o al mismo tiempo que el conocimiento”. Esta es la explicación de por qué “la creencia es resistente al conocimiento” y “el conocimiento no puede ser remedio para la creencia”, y por eso desde el periodismo podemos publicar revelaciones y pruebas que si van contra la creencia, serán siempre desestimadas.

Creer ciegamente es lo contrario a la ciencia, que en términos de Karl Popper solo existe ciencia cuando se acepta la posibilidad de la falsación, porque si una teoría no pudiera ser falsada en función de evidencia inherentemente comprobable, no es científica, es una creencia infalsable.

La proliferación de teorías conspirativas se funda en creencias, las que Alenka Zupancic denomina “plaga de las fantasías” y “voluntad oscurantista” del “recóndito inframundo de la subcultura” producto de “delirio de interpretación”, que tiene a Donald Trump como ejemplo paradigmático perfectamente trasladable a nuestro Javier Milei.

En las conclusiones de su libro explica que el desentendimiento, siendo un fenómeno “masivo individual, es el pináculo de la individualidad”.

En la política argentina acuñamos otra forma de expresar el desentendimiento descripto como “fingir demencia”, o sea: “Sé perfectamente lo que está pasando, pero actúo como si no lo viera para no asumir las consecuencias”, que puede aplicarse indistintamente a votantes, militantes, funcionarios, empresarios y hasta periodistas (cuya función sería exactamente la opuesta) traducido en “sí, pero hay que seguir apoyando porque el rumbo es el correcto”.

No se deja de ver el defecto, se deja de permitir que ese defecto tenga efectos sobre el apoyo. No se dice “eso nunca ocurrió”, se dice “sí, ocurrió. ¿Y?”, donde ese “¿y?” es el núcleo del desentendimiento. No hace falta construir una realidad alternativa.

Basta con desactivar el efecto normativo de la realidad. En palabras de Zupancic, “el conocimiento se convierte en una coartada para no modificar la posición subjetiva. Saber deja de ser el punto de partida para revisar una conducta y pasa a ser un elemento integrado en una lógica que preserva la adhesión”.

A miles de kilómetros de distancia, la filósofa eslovena viene a explicar científicamente el mecanismo psicoanalítico y político mucho más profundo de nuestro “fingir demencia” versión popular y humorística de expresar el no ignorar la realidad, sino desentenderse de las obligaciones que ese conocimiento debería generar.

Consuelo: no somos los únicos; es un fenómeno repetido en sociedades altamente polarizadas que explica por qué la exposición de hechos verificables no modifica las lealtades políticas en esos estados de ánimos.

Corolario: la negación todavía pelea contra la realidad; el desentendimiento, ya no: convive con la realidad y la neutraliza. Ahí está su potencia contemporánea.

Las abuelas ya lo sabían cuando apelaban a expresiones como “hacerse el distraído”, “no darse por aludido”; la diferencia es que antes se lo aplicaba a cuestiones personales y hoy, en el imperio del individualismo, se convirtió en un problema social.

Ya no es: “Fulano se hace el distraído”, sino que “todos (muchos) sabemos lo que ocurre y todos (muchos) actuamos como si no tuviera consecuencias”.

Su contrapartida desde los agentes es el concepto de Slavoj Žižek, la razón cínica, tomado del filósofo alemán en Peter Sloterdijk: “Ellos saben muy bien lo que hacen, pero aun así lo hacen”.

La negación pelea con la realidad; el desentendimiento convive con ella y la neutraliza

Volviendo al periodismo, el que más debería vacunarse del desentendimiento: en la época de Watergate conocer implicaba actuar; si se descubría corrupción, mentira o abuso, ese enterarse generaba una obligación. Hoy el conocimiento deja de ser transformador, y conocer deriva en comentario (redes sociales), y seguir igual. En el paroxismo del individualismo, el “qué debo hacer” muta en “qué me conviene hacer”.

Finalmente, “hacerse el distraído” deja de ser una estrategia individual de evasión para convertirse en una tecnología social de convivencia, con contradicciones que nadie desea resolver, desplazando el fenómeno del plano moral: la gente es hipócrita, al plano estructural: la sociedad funciona así.

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