¿Pedro Sánchez envidiará a Trump?
La vida te decepciona. Yo pensaba que acá en España habíamos logrado un doblete sin precedentes: ser a la vez el país con el mayor crecimiento económico y el más corrupto de las grandes democracias occidentales. Pero no. No hemos hecho historia.
Lo primero es, de momento, indiscutible. Lo segundo, una opinión que nada corresponde con la realidad.
Según las previsiones más recientes del FMI y de la OCDE para 2026 el crecimiento del PIB en España (2,3 por ciento) está ligeramente por delante de Estados Unidos y es más que el doble del de Reino Unido, Alemania, Italia o Francia. Según lo que leo todos los días en la prensa española resulta difícil no llegar a la conclusión de que en cuanto a abuso de poder, conflictos de interés y, directamente, robo el sistema político español es el campeón del mundo.
La prensa de EE.UU. acabó con mis ilusiones. Esto se publicó en The New York Times el martes: “El ex presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, está siendo investigado formalmente por un presunto delito de tráfico de influencias, acusación que él niega. Y el actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, compareció recientemente en el Parlamento para defenderse de las acusaciones de corrupción que afectan a su esposa, a su hermano y a antiguos colaboradores políticos.”
Hasta ahí bien. Pero luego, con la detestable arrogancia que caracteriza tantas veces a los yanquis, el diario agregó: “Sin embargo, según los expertos, la magnitud de los beneficios obtenidos por la familia Trump la sitúa en una liga distinta a la de estos dirigentes.”
Es humillante, más que nadie para aquellos políticos españoles que se jactan de lo corruptos que somos, varios de ellos los mismos que tanto admiran al régimen que manda en Estados Unidos. Humillante pero irrefutable. A la luz de la información que salió en Washington esta semana, España es un microbio en el negocio de la corrupción; Zapatero y la familia Sánchez, aún en el caso de que se prueben las acusaciones en su contra, unos bebés.
Lo habrán visto publicado esta semana, supongo. Trump acumuló más de dos mil millones de dólares en 2025, tras once meses en la presidencia. Si agregamos la fortuna que han cosechado sus familiares, la suma asciende a cuatro mil millones en el mismo período, según -entre otras fuentes- el premio Nobel de Economía, Paul Krugman.
Una de las enormes diferencias con los acusados españoles es que Trump no lo niega, lo celebra. De hipocresía—del homenaje que el vicio rinde a la virtud—nada. Y eso que no existe la más mínima duda de que ha acumulado su vasto tesoro gracias, precisamente, a “las influencias” que el poder le proporciona. En el año 2024, cuando no estaba en la Casa Blanca, ganó tres veces menos. Trump ha ingresado infinitamente más dinero mientras ha estado en el poder que cualquier otro presidente en los 250 años desde que se fundó Estados Unidos. ¡Feliz cumpleaños!
Vamos al detalle. La mayor parte de su dinero lo ganó con el dudoso negocio de las criptomonedas, que él mismo denunció en 2021 como “una estafa”. Acto seguido fundó una criptoempresa, World Liberty Financial, la mitad de cuyas acciones se las compró el año pasado Emiratos Árabes Unido. A cambio (siempre hay un “a cambio” con Trump) él le concedió al petroestado árabe el derecho, antes negado por ley, de adquirir unos microchips esenciales para impulsar el funcionamiento de la Inteligencia Artificial.
La política internacional de Trump y sus interés privados convergen en varios países, uno de ellos Kazajistán. Resulta que el país hecho famoso por el personaje de ficción Borat posee grandes reservas de tungsteno, un mineral de valor crítico para las industrias de la alta tecnología. Trump selló un acuerdo en septiembre con el gobierno de Kazajistán para que una empresa estadounidense explote estos recursos. La empresa recibió 1,6 mil millones de dólares en financiación del Tesoro estadounidense. Los dos hijos mayores de Trump rápidamente adquirieron el 20 por ciento de las acciones de dicha empresa.
La esposa de Pedro Sánchez, Begoña Gómez, le ha sacado bastante más provecho a su matrimonio que la primera dama de EEUU. Melania Trump ingresó unos 18 millones de dólares en 2025, 10 de ellos gracias a un documental producido por Amazon. El dueño de Amazon, Jeff Bezos, posee varias empresas cuyo éxito depende en buena medida de contratos y el visto bueno legal del gobierno. Una de ellas es Blue Origin, una empresa espacial que aspira a colonizar la luna.
Podríamos seguir y seguir con más casos, todos publicados en un informe de más de 900 páginas cuya veracidad Trump no cuestiona. El presidente ganó, por ejemplo, unos míseros ocho millones de dólares con porcentajes de las ventas de sus “Relojes Trump”, “Biblias Trump”, un libro de mesa titulado “Save America”, y zapatillas y perfumes varios. Algo que Trump se olvidó de mencionar en su informe fue el regalo recibido de Qatar de un Boeing 747, estrenado esta semana, con valor de 400 millones de dólares. José Luis Rodríguez Zapatero se enfrenta a la cárcel por supuestamente haber recibido de un jeque árabe un collar con un valor más de mil veces menor que el avión de Trump.
El hecho de que, de momento, ni se contempla de la posibilidad de enjuiciar a Trump por abusos de poder comparables con los de Putin en Rusia, Mobutu en su día en el Congo o el emperador Calígula en la antigua Roma delata lo endémica que se ha vuelto la corrupción en las altas esferas del poder estadounidense. Una portavoz de la Casa Blanca respondió al revuelo que han causado las revelaciones sobre las finanzas de Trump esta semana diciendo, “Ni el presidente ni ningún miembro de su familia ha incurrido jamás —ni incurrirá nunca— en ningún conflicto de intereses.” Y ahí se zanjó el tema. Ojalá, pensará Pedro Sánchez, fuera tan fácil en España.
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