La codependencia de las leyes, los sismos y sus lágrimas
El académico Carlos Ayala Corao en un ciclo de conferencias de la Academia de Ciencias políticas y Sociales, planteó que Venezuela debe aprovechar las ventajas que ofrece hoy en día la Inteligencia Artificial (IA), calificándola como un útil instrumento al servicio de la humanidad. Acotó, asimismo, que el Papa León XIV en “Magnifica Humanitas”, demanda que ha de conducírsele como un útil instrumento al servicio de la humanidad y no en una herramienta de dominación, control social y nueva esclavitud.
Nosotros, no tan doctos, morábamos en ser calificados como copio netos, cada vez que acudíamos a la IA, por lo que agradecemos al buen amigo Carlos Ayala la sugerencia que ha formulado, con respecto a los beneficios de la modernidad.
Es así como constatamos acudiendo a ella que la palabra “sismo” deriva del griego “seísmos” y designa una sacudida o agitación. Y que para una vieja versión del Diccionario de la Real Academia Española equivale a terremoto o sacudida de tierra producida por causas internas. Pero, asimismo, por vía de la complementariedad, se alude a “la sismología”, como parte que es de la geología, esto es, al análisis de los estremecimientos terráqueos. En aras de cierto orden en lo relativo al examen de la problemática, permítasenos hacer referencia, excusándonos por la repetición, asimismo, a:
1. Sismógrafo, instrumento que señala durante un sismo la dirección y amplitud de las oscilaciones y sacudimientos de la tierra,
2. Terremoto, concusión o sacudida del terreno, ocasionada por fuerzas que actúan en el interior del globo,
3. Temblor, una sacudida terrestre causada por la liberación repentina de energía acumulada en el interior de la tierra.
Ahora bien, en aras de un analisis un poco más global, cabría adicionar, aquellos eventos causados por la voluntad humana, demandándonos acerca de la presunta legitimidad de la expresión “sismos políticos”, entre los cuales, acudiendo al libro “The Big Book of Answers”, de Kevin S. Hile, cabria mencionar unos cuantos: Nacionalismo, Liberación de la India (Mohandas Gandi), Solidaridad (Lech Walesa), Antiapartheid, Abolición de la Esclavitud, Reconocimiento de los Derechos Civiles (I have a dream, Martin Luther King Jr.), el Ku Klux Klan, The United Farm Workers (Cesar Chavez), Feminismo, Populismo, Progresismo (Derechos de los Trabajadores), The Hippies y the Ocupied Movement (con rango internacional en aras de una economía equitativa). Al elenco se le incluye en el género “Movimientos políticos y sociales”. Pero, unos cuantos más son identificables, entre ellos, los religiosos, filosóficos y artísticos.
En atención a lo antes expresado, cuesta poner de lado “la curiosidad”, definida, precisamente, por la IA como “el deseo o impulso natural por conocer, averiguar y aprender”, obviando preguntarse si, además, de la concusión o sacudida del terreno, ocasionada por fuerzas que actúan en el interior del globo, Venezuela ha sido, igualmente, víctima y por largos años y unas cuantas veces de “sismos políticos, sin encontrar en unas cuantas ocasiones a un sismógrafo eficiente”.
Asimismo, en la textura de la lógica ha de puntualizarse que destacadas personalidades señalan que el sistema político es más eficiente en la medida en que se sustente en “la maximización de ciudadanía”, fuente del verdadero ciudadano, definiéndosele como “aquel de racional comportamiento y moderador de los impulsos y las pasiones humanas más intensas”. Para reconocidos especialistas albergamos impulsos primitivos, deseos reprimidos y traumas que influyen en nuestra conducta sin que nos demos cuenta, en principio, calificadas como las instancias psíquicas las cuales con frecuencia interactúan definiendo la dinámica de la personalidad, conduciendo a la satisfacción inmediata de los anhelos sin importar las consecuencias. Un super yo impregnado de demandas ante una realidad exterior que induce a una perturbación del equilibrio espiritual, cuando no conseguimos dominar nuestra propia complejidad, lo cual nos conmina a contrariar inclusive a la voluntad de Dios. Para la IA la transgresión voluntaria y consciente de la ley divina, cuyas consecuencias parecieran más catastróficas que el desbocamiento de las normas creadas a través de los sistemas políticos. Poner de lado la actitud de mantener el equilibrio, controlar los impulsos y actuar con mesura ante las emociones o deseos, no hay dudas de que ejercen una determinante influencia, negativa, lógicamente, en el liderazgo político. Evidencias abundan en lo relacionado con los países de América Latina.
Una aseveración de lo antes expuesto, es que no deberíamos dudar de que “los sismos políticos” han existido, existen y que durante siglos hemos realizado millones de intentos para regularlos, en aras de una democracia eficiente, tema con respecto al cual el profesor Carlos Blanco, destacado político venezolano y quien ocupara posiciones importantes en la segunda Administración del Presidente Carlos Andrés Pérez, ha participado en procura de alternativas, como consta del interesante trabajo “La democracia frente al Estado eficiente” editado por la Cepal.
En un interesante libro de Juan Garrido Rovira, titulado “La revolución de 1810” (2009), el destacado jurista se refiere al Reglamento del 11 de junio de 1810, señalando entre sus propósitos y aspectos: 1. Apertura democrática y proporcionalidad, 2. Concentración del poder: causa de las miserias políticas, 3. Separación de poderes, 4. Participación de la comunidad, 5. Formación del censo general, 6 Conteo de votos, 6. Elección de diputados, 7. Instalación del Congreso y finalmente “Hacia el cambio definitivo de la condición y de régimen político”, con respecto a lo cual el abogado expresa “Instalado el Congreso, la Suprema Junta de Caracas había cumplido su misión histórica y se abría un camino para discutir y decidir acerca de la declaración de la independencia y el establecimiento del gobierno republicano representativo y fundamentado en la igualdad civil y política de los hombres libres”.
El lector, pensando con franqueza, es muy probable que cuente los 216 años desde entonces transcurridos y siendo franco comentaría “en unos cuantos sismos políticos hemos morado”, consecuencia de la mano del hombre, los alimentados por la naturaleza numéricamente bastante menos. Una justificada razón para preguntarse a cuál de las dos tipologías hemos de tenerle más miedo.
Al régimen estatuido por los Estados Unidos, a partir del 3 de enero del año en curso, se le ha calificado, por algunos como “corresponsabilidad gubernativa” y en criterio de otros “protectorado y tutela”. Aquellos cansados de tantos sismos, no dejan de ver con buenos ojos la providencia del Gigante del Norte, pero los de la frase “si se puede”, más optimistas, arguyen a favor de una democracia, como lo consagra el Preámbulo de la Constitución de 1999, oportuno transcribir:
“El pueblo de Venezuela, en ejercicio de sus poderes creadores e invocando la protección de Dios, el ejemplo histórico de nuestro Libertador Simón Bolívar y el heroísmo y sacrificio de nuestros antepasados aborígenes y de los precursores y forjadores de una patria libre y soberana; con el fin supremo de refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones; asegure el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna; promueva la cooperación pacífica entre las naciones e impulse y consolide la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, la garantía universal e indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad internacional, el desarme nuclear, el equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad; en ejercicio de su poder originario representado por la Asamblea Nacional Constituyente mediante el voto libre y en referendo democrático”.
No sabríamos si calificar o no a una pretendida “refundación de Venezuela”, uno de los sismos más imaginativos de nuestra historia, pues, todavía sacude a nuestra pretendida, pero no materializada república. Lamentablemente.
En el contexto no deja de ser interesante regresar al consejo del académico Carlos Ayala, acudiendo nuevamente a la IA, en la cual se define al optimismo exagerado como “la tendencia a sobreestimar los eventos positivos y subestimar los riesgos, pudiendo derivar en una positividad tóxica. A corto plazo calma, pero a la larga genera ansiedad al evitar la realidad y negar emociones necesarias como la tristeza o el enojo”. Non e facile, dicono gli italiani.
Hemos de hacer referencia a la contestación que el también académico, nuestro discípulo, Jose Rafael Badell, Presidente de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, hiciera a la exposición de Ayala. El excelso alumno y amigo con sobrada competencia para traer a colación la histórica frase ¡Di cébanos eterna die!, traducida al español ¡Como decíamos ayer!, pareciera haber dejado en la audiencia la necesidad del optimismo para no decaer, pues, Fray Luis de León, iniciaba sus lecciones con la aludida mención, por ausencia a sus clases motivado a la estadía a menudo en las mazmorras de la época, sancionado por defender el necesario camino a la modernidad política.
No puede dejar de mencionarse, antes de terminar, a la exageración en la normativa, bajo la errónea convicción de que todo se resuelve con la calificable inflación normativa derivada de una infinita tipificación de los hechos y de presuntas penas. Razón para advertir que carecería de lógica tipificar a “los sismos” a través de las constituciones o de fuentes normativas inferiores. La IA, por lo menos, lo criticaría.
Una apreciación final en el presente ensayo pasaría por advertir la preocupante codependencia de las leyes, los sismos y las lágrimas. Y muy particularmente, si admitiéramos la hipótesis. El desastre sísmico del litoral venezolano no deja, por consiguiente, de recomendar el análisis a fin de precisar aquello que se escucha con respecto a una exagerada codelincuencia, lo cual no ha de extrañar, puesto que según el relato bíblico Sodoma y Gomorra fueron destruidas por una lluvia de fuego y azufre enviada por Dios como castigo divino. Los textos sagrados señalan que la destrucción se debió a la extrema depravación, la inmoralidad sexual, la injusticia social, el maltrato a los extranjeros y la soberbia de sus habitantes.
Finalmente, volviendo al tema de las relaciones de hoy entre los Estados Unidos y Venezuela, pocas son las opciones, tal vez, dos: 1. Prosigue la corresponsabilidad, el protectorado o la tutela y 2. El Norte decide no proseguir en el empeño que se ha propuesto. Quizás hojear el interesante libro “Estados Unidos, La historia”, de Paul Johnson, 2001, pueda contribuir a disipar la conveniencia o no del actual régimen para con Venezuela. Limitándonos al índice los temas tratados son, Primera parte, “Una ciudad sobre una colina” / La Norteamérica colonial, 1580 – 1750, Segunda parte, “Que la constitución libre sea por siempre sagrada” / La Norteamérica revolucionaria, 1750-1815, Tercera parte, “Lo que prevalece es una feliz mediocridad general” / La Norteamérica Democrática, 1815-1850, Cuarta parte, “El pueblo casi elegido” / La guerra civil norteamericana, 1850-1870, Quinta parte, Masas apiñadas y cruces de oro, 1870-1912, Sexta parte, “La primera nación internacional”, 1012-1929, Séptima parte, “Nada que temer, excepto el temor”, Norteamérica superpotencia, 1929-1960 y finalmente Octava parte, “Pagaremos cualquier precio, soportaremos cualquier carga”, La Norteamérica que crea problemas, 1960-1977.