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infobae.com · hace 11 horas · Rosendo Fraga

El mundo hacia un estado de guerra crónica

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Donald Trump enfrenta un panorama complicado en las elecciones de medio mandato. Tiene un marcado éxito en Wall Street, pero el precio de la nafta no baja. La guerra de Medio Oriente tiene una opinión mayoritariamente negativa. Si hoy se votara, sería derrotado, perdiendo por lo menos el control de la Cámara de Representantes.

En este contexto, el fallo de la Suprema Corte -integrada por seis conservadores y tres progresistas- que impide al Ejecutivo negar el derecho a la ciudadanía a los nacidos en territorio estadounidense que no han regularizado su situación, es una medida que limita claramente el poder del presidente, y que es un golpe para la política de restricción migratoria que impulsa la Casa Blanca.

La política interna obliga a Trump a buscar una pronta salida a la guerra contra Irán. Sin posibilidad de evitar un final de la guerra a un alto costo, opta por prolongar una negociación difícil, que lo muestra apurado en alcanzarla. Esto se evidencia en la continua suspensión y reanudación de las negociaciones, que ya ha sucedido varias veces durante la tregua iniciada el 17 de junio, y que teóricamente va a durar sesenta días.

El cese del fuego en los hechos no se respeta ni en torno al estrecho de Ormuz, ni tampoco en el enfrentamiento entre Israel y Hezbollah. Hasta ahora Estados Unidos tiene quince muertos en sus Fuerzas Armadas desde el inicio de la guerra contra Irán, pero los cálculos indican que por cada uno de estos han muerto entre ochocientos y mil iraníes. Pero el régimen iraní se siente ganador y la Guardia Revolucionaria no cede en las negociaciones: ahora exige la devolución de seis mil millones de dólares retenidos por las sanciones en bancos occidentales, antes de dar cualquier paso hacia una desescalada del conflicto.

La guerra de Medio Oriente se sigue extendiendo desde el punto de vista regional. Las monarquías del Golfo se encuentran divididas. Omán está más cerca de Irán, mientras que Bahrein y Qatar se alinean con Estados Unidos, y han sido agredidos por drones iraníes. Omán e Irán controlan las dos costas del estrecho de Ormuz y mantienen negociaciones para acordar un control del pasaje en el marco de las negociaciones con Estados Unidos. Están decididos a cobrar “peaje” por cruzarlo y someter a controles a los buques que lo hagan. Este es un punto inaceptable para Estados Unidos y sus aliados. Arabia Saudita mantiene una actitud cauta en este tema.

El gobierno iraquí ha dado un plazo de pocas semanas para que se desarmen las milicias pro iraníes que operan en el país. Las autoridades prevén que si esto no sucede, Irán puede articular acciones militares contra el gobierno iraquí, que se mantiene hasta ahora militarmente neutral en el conflicto. Cabe señalar que en este régimen conviven tres sectores con líneas étnicas diferentes en territorios distintos: una chiíta, otra sunita y la tercera kurda. La participación yemení en la guerra se va a activar cuando Teherán lo decida y atacará directamente territorio israelí. Hay mediaciones y negociaciones entre Estados Unidos e Irán y lo mismo sucede entre el primero y Omán y Qatar. Pero el horizonte sigue siendo impreciso y riesgoso.

En cuanto a la guerra entre Rusia y Ucrania, el debilitamiento relativo de Rusia es el escenario inmediato. La potencia euroasiática ha comenzado a importar energía, cuando hasta hace algunos días se caracterizaba por ser un importante exportador. La causa es el éxito que están teniendo los ataques de drones ucranianos sobre los centros de producción y distribución de petróleo y gas rusos. Las restricciones han llegado al consumo en las estaciones de servicio. Cabe señalar que Rusia tendrá elecciones legislativas el 20 de septiembre y Estados Unidos el 3 de noviembre.

Ucrania mejora día a día su capacidad de fabricación de drones a bajo costo, como lo están haciendo también Irán y Turquía (este último país se ha enfrentado con Israel por su reconocimiento del “genocidio armenio”). Dos meses atrás, un general ucraniano sostuvo ante el periodismo que quien iba a ganar la guerra era aquel que tuviera “más drones” y eso parece estar sucediendo. Ucrania está logrando producirlos a un costo sensiblemente menor al de Estados Unidos y esto es causa central de la eficacia en su defensa frente a los demorados avances rusos. La prolongación de la guerra que parece darse en el Golfo retrasa la intención de Trump de acelerar un acuerdo en el frente ruso-ucraniano.

Este último escenario, que puede prolongarse, también está sucediendo en Medio Oriente entre Estados Unidos e Irán. En ambos casos se trata de conflictos militares asimétricos: la fuerza más débil se está imponiendo sobre la más fuerte. Es un tipo de acción militar que se vincula también al concepto de “guerra híbrida”, donde el factor militar es una de las variables del conflicto y la sociedad actúa por su resiliencia. Los procesos electorales adquieren significación militar, como sucederá en los próximos meses con las elecciones legislativas de Rusia y Estados Unidos.

Se articula la guerra con el estado de la opinión pública frente a la economía, lo político y lo social, pero sobre todo sobre la expectativa de futuro. Todo esto se ve potenciado por los instrumentos tecnológicos. Los que están en desarrollo son los que han mostrado hasta ahora una mayor utilización de los mismos. Pero Rusia el 2 de julio ha confirmado su decisión de no ceder frente a Ucrania y un “enjambre” de drones lanzado sobre Ucrania produjo veintisiete muertos.

Mientras tanto, el tema de la inmigración se está transformando en una cuestión global. Se plantea como relevante en Estados Unidos la mencionada decisión de la Corte que impide al Poder Ejecutivo negar la ciudadanía a personas que hayan nacido en el país. En Francia los disturbios por esta causa coinciden con los récords de la ola de calor. Pero también este conflicto se extiende peligrosamente a Sudáfrica, donde decenas de miles protestan con cierta predisposición a la violencia, contra inmigrantes de Nigeria, Mozambique y otros países africanos, los que han comenzado a huir del país. Es decir, los conflictos militares y sociales se combinan con la escalada del problema migratorio.

Toda esta situación parece estar generando un estado de “guerra crónica”, en la que el mundo parece acostumbrarse a vivir con guerras que se prolongan y extienden sin final a la vista.

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