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perfil.com · hace 12 horas · Guido L. Croxatto

¿No hay más cacerolas?

Guido L. Croxatto

Tiene razón Esteban Bullrich. Viene tambaleando entre nosotros la responsabilidad ética. Vale la pena revisar la lista de 129 legisladores que no dieron quorum para evitar la interpelación del renunciado Manuel Adorni, que se burló de todos (¿un jefe de gabinete retrogamer que recibe “préstamos” sin interés de dos jubiladas y de dos mujeres policías? ¿En serio?). En otra época, hubieran destapado un cacerolazo. Ahora las cacerolas están mudas.

Ni que hablar si un dirigente peronista hubiera insultado a los periodistas como lo hace Milei. La SIP hubiera dicho enseguida que estaba en riesgo “la democracia”. Ahora no. Pese a que el mismísimo presidente pide “odiar más” a los periodistas. (“no los odiamos lo suficiente”) Pero el periodismo argentino se deja humillar sin inmutarse. Como se deja humillar el poder judicial. Decorativo.

Lijo viajó con Mahiques hijo a París. Al regreso de ese viaje (“curiosa coincidencia”, titula Clarín) Milei dijo que esperaría “lo que dictamine la justicia”. La cronología es clara. Está allí. Para quien sepa verla. Los jueces se “comunican” de muchas maneras, por desgracia. No sólo con fallos. Casi nunca con fallos. Hay que terminar con el mundo de los “operadores” judiciales. El poder Judicial es el único poder del Estado que no se transformó después de la dictadura.

Milei es negacionista del cambio climático. Por eso reivindica tanto a los Menem de los 90. María Julia Alsogaray, que apareció en una portada de la revista Gente con un tapado de piel natural, se robó toda la plata que se iba a usar para sanear el Riachuelo cuando era secretaria de ambiente y recursos humanos. No se “saneó” nada. Se robaron todo.

Cuando Manuel Adorni habla contra la “casta política” es parecido. Se “habría” robado todo. Y habla de renovar la “moral pública”. Estamos perdiendo algo peor que la moral: estamos perdiendo la coherencia. Es algo aún peor. No queda común denominador. No queda ninguna “norma”, no ya “ética” o “legal”: no queda ninguna norma “discursiva”. Milei grita una cosa un día. Grita la contraria dos días más tarde, como advierte Ernesto Tenembaum. No hay hacia él pedido de “coherencia”.

No solo no queda ética pública. No quedan jueces que hagan valer el derecho. Por eso no queda ya “coherencia” discursiva en el ámbito colectivo. Porque el piso “legal” que debía garantizar el mínimo de “comunidad”, está desapareciendo: los jueces no hacen su trabajo.

En cualquier poder judicial serio del mundo, en cualquier país serio, los cargos judiciales no se “heredan”. En el poder judicial argentino, sí. Por eso se le dice que son una “familia”. Porque no son un poder genuino del Estado. La jueza del escándalo Maradona en San Isidro era hija de un juez de San Isidro. Mismo fuero. Mismo tribunal. Parece difícil de creer. Pero el nepotismo judicial es corrupción tolerada. Corrupción aceptada. Hasta que un día no se acepta más. Tenemos que generar ese día. Hacer que llegue.

Mahiques formó parte de FORES (Foro de Estudios Sobre la Administración de Justicia), que con el retorno de la democracia propuso la continuidad de los jueces de la última dictadura militar. Mahiques es un cuadro de la derecha judicial, ideología contraria a los derechos humanos. Su “padrino” en la “carrera judicial” es Daniel Angelici, operador judicial del macrismo. Todos los familiares de Mahiques, sus tres hijos, su esposa, etc., fueron colocados, uno a uno, dentro del Poder Judicial Argentino. ¿Eso es seriedad, eso es independencia? No. Eso es tener un “padrino” influyente.

Nada más. Así funciona la “justicia” en nuestro país. “Padrinos” y “operadores”. Así se ingresa. Así se hace “carrera”. No por mérito académico ni profesional. Por eso tenemos un poder judicial tan ineficaz, tan corrupto. Con el 82% de imagen negativa en el conjunto de la sociedad. Ese porcentaje dice algo: demanda un recambio. Una reforma. Caras nuevas. Perfiles diferentes. No “padrinos”.

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