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perfil.com · hace 14 horas · Martín Kohan

En su lugar

Martín Kohan

De manera clara y firme, sin temor y sin temblor, Giorgia Meloni le paró el carro a Donald Trump: “Ni Italia ni yo suplicamos jamás”, le espetó severamente. Y Donald Trump, aunque no reculó, puesto que es Trump y nunca recula, debió quedarse bastante en el molde, lo que tratándose de él es mucho decir.

Y es que Trump, por vanidoso, es muy proclive a boquear. Boqueó cuando habló despreciativamente de Javier Milei, el presidente de los argentinos (a Milei no lo afectó, pues lo envanece tanto que Trump lo mencione, que no se fija en qué forma lo hace ni qué cosa dice); boqueó más gravemente cuando anunció destrucciones apocalípticas, o bien acuerdos muy geniales, contra Irán o con Irán. El halo de poder que irradia al ser el primer mandatario de una gran potencia mundial no alcanza a ocultar del todo el zigzagueo de banana-tarambana de su carácter personal.

Algo de eso hubo el día en que se puso lisonjero y se mandó canchero a chichonear a Meloni; a ese poder viril de macho piropeador, ella le opuso al instante, sin melindres ni sonrojos, la astucia de mujer de su poder de piropeada: asintió y le sonrió con total condescendencia. Lo miró por sobre el hombro, sin precisar para eso ni ser más alta que él ni mirarlo por sobre el hombro de veras.

Hace unos días el bueno de Trump se puso presuntuoso por enésima vez y declaró que Meloni le había rogado sacarse una foto con él. Y fue a eso a lo que ella respondió que ni Italia ni ella suplicaban jamás. Ni Italia ni ella, especificó, resolviendo en una sola movida dos planos articulados pero distintos: el de lo político y el de lo personal (contestó la primer ministro y contestó Giorgia Meloni).

Y dio a ver, de paso, una cuestión no menos relevante: que los conservadores en el poder no tienen por qué ser burdos, toscos, torpes, elementales, rudimentarios, atropellados, banales, fútiles. Incluso, y sobre todo, para aquellos que no compartimos su ideología, ni sus políticas, ni al servicio de quiénes las ponen, ni en contra de quiénes las aplican, esa intervención contingente cobra una importancia de veras fundamental.

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