El segundo semestre: ¿a dónde vamos?
Proyectar en Argentina nunca fue tarea fácil. De hecho, incluso en las economías más avanzadas y estables, los plazos de planificación son sustancialmente más largos que en países como el nuestro. Aun así, vamos a tratar de pensar qué nos depara el segundo semestre de 2026.
Empecemos por la inflación, sin duda una de las principales preocupaciones del gobierno y, hasta hace unos meses, también de la sociedad. Luego del pico de marzo, se proyecta que vuelve a retomar un proceso de desinflación: marzo 3,7%, abril 2,6% y mayo 2,1%. Es muy probable que durante el segundo semestre los valores oscilen entre 1,8% y 2%, como consecuencia de emisión monetaria contenida, la debilidad del consumo interno y el equilibrio fiscal. Los precios de los servicios regulados seguirán por arriba del promedio mensual.
Es muy probable que 2026 termine con una inflación del 31%, con una tasa en el primer semestre de 17% y, durante el segundo semestre, de 12%, aproximadamente.
El frente fiscal seguirá mostrando un comportamiento acorde a lo que se constituyó en un pilar de este gobierno, en los hechos y en lo discursivo: buscar el superávit primario y financiero. No obstante, las posibilidades de sostenerlo se tornan cada vez más complejas. Los gastos están al límite de las posibilidades de seguir ajustándolos y, por el lado de los ingresos, si la actividad no crece junto al consumo, las posibilidades de sostener el equilibrio fiscal se complican. El segundo semestre será positivo en el terreno fiscal, pero con un margen de maniobra en descenso. El 2027 será aún más desafiante en este sentido.
El consumo es el frente más complejo que enfrentará el gobierno. En este sentido, dependerá básicamente de las posibilidades de incremento en los ingresos reales y de la posibilidad, o no, de apuntalarlo por medio del crédito. Por otro lado, una variable que empezó a incidir de forma directa es la tasa de desempleo: la masa de gente ocupada impacta directamente en el nivel de consumo de los países.
Respecto de los ingresos reales, abril marcó un posible punto de inflexión, pues fue el primer mes que desde septiembre presentó un incremento con relación al mes anterior en todas las categorías: sector privado y público registrado, y sector privado no registrado. No obstante, con relación a abril de 2025, siguen siendo negativas las variaciones de los ingresos reales de los sectores público y privado registrados, y positiva en el sector no registrado. El recupero para el segundo semestre no resultará fácil.
Presionar los incrementos salariales para el sector privado registrado por medio de paritarias corre el riesgo de bajar los niveles de empleabilidad o, dicho de otra forma, de generar más desempleo: es un equilibrio entre empleos y salarios. En el sector público, el gobierno mantiene una posición muy rígida con relación a los gastos y la planta salarial pesa en la estructura. De hecho, hasta ahora los salarios constituyeron una variable de ajuste, por lo cual es muy probable que continúe la tendencia de caída en los salarios reales.
Por el lado del crédito, la dinámica es compleja. Los bancos y las entidades financieras que se dedican a los préstamos de consumo presentan los niveles más altos de mora de los últimos años. Pensar que, por la reactivación del crédito, encontremos un repunte del consumo implicaría un esquema de refinanciación de las deudas contraídas por los individuos, a tasas mucho más bajas y razonables, sumado a la capacidad de repago en cuotas y a un espacio monetario para contraer nuevos consumos con calificación crediticia acorde. Es decir: los individuos deberían pagar una cuota de refinanciación y una cuota de nuevos consumos. Incluso suponiendo este escenario, la capacidad de impacto del crédito para el consumo será acotada.
No obstante, ya existen ofrecimientos para refinanciar deudas personales y de empresas, y es muy factible que se profundicen en este segundo semestre, por un tema propio del mercado: de lo contrario, la incobrabilidad del sistema podría trepar a niveles récord.
La masa ocupada se encuentra en un proceso debilitado: el desempleo viene creciendo, del último trimestre de 2025 (7,5%) al primer trimestre de 2026 (7,8%). A los sectores más intensivos en mano de obra les cuesta sostener los niveles de empleabilidad. Durante el segundo semestre, estos valores podrían acelerarse en el tercer trimestre y mantenerse estables en el último trimestre de 2026. La movilidad laboral no es una variable muy elástica, propia de la rigidez del mercado argentino; no obstante, responde.
En conclusión, el consumo será un punto débil también en el segundo semestre de 2026.
El tipo de cambio de pesos por dólar presentó un comportamiento estable durante el primer semestre: prácticamente no tuvo variación entre el 2 de enero de 2026 y fines de junio de 2026. Para el segundo semestre de 2026, por el lado de la oferta, comienza el período de menor liquidación de dólares del agro y la suba de la tasa de interés que se prevé tendrá la FED de Estados Unidos generará un fly to quality (flujo de fondos hacia instrumentos de mayor calidad crediticia), como los bonos del Tesoro americano, recortando flujos para países más riesgosos, como el nuestro. A su vez, teniendo en cuenta que Argentina recibió flujos de fondos por colocación de obligaciones negociables, eso permitió en el primer semestre incrementar la oferta de divisas.
Por el lado de la demanda de dólares, la percepción de un tipo de cambio atrasado en su cotización, sumado a las próximas elecciones presidenciales de 2027 -que ya comienzan a incorporarse en los cálculos de individuos y empresas-, además del atraso de ciertos sectores que inevitablemente deberían comenzar a generar demanda de importaciones, presionarán un incremento en la demanda de dólares.
Esto lleva a pensar que para fin del segundo semestre el tipo de cambio podría llegar a $1.740 por dólar, muy por debajo del techo de la banda de flotación que fija el Banco Central de la República Argentina.