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clarin.com · hace 3 horas · Clarin.com - Home

La conexión Thomas Paine, de Filadelfia a Tucumán

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Cuando imaginamos el Congreso de Tucumán de julio de 1816, la mente nos lleva a una pintura estática de hombres con levita debatiendo solemnemente en una vieja casona colonial sobre la ruptura con España, la protección frente a nuevas potencias europeas y, lo más complejo, sobre la forma de gobierno para organizar el naciente país.

Los congresales operaban en un clima de emergencia militar, acosados por el avance realista en el norte. Y la trastienda de nuestra Independencia fue un hervidero de lecturas clandestinas y debates encendidos. En un mundo donde las ideas del absolutismo monárquico intentaban resurgir en Europa, los revolucionarios del Río de la Plata necesitaban un faro jurídico para fundar una nueva nación y tradujeron conceptos extranjeros como una herramienta jurídica de emergencia para dotar de legitimidad a un territorio que se fragmentaba bajo el peso de la guerra.

Como cuenta José Carlos Chiaramonte en su obra fundamental Ciudades, provincias, Estados: Orígenes de La Nación Argentina, 1800-1846 (Ariel Historia, 2007) : "El ejemplo de los Estados Unidos y la difusión de sus textos constitucionales no operaron como un modelo estático de imitación pasiva, sino como un repertorio de soluciones institucionales y de legitimidad al que los hombres del Río de la Plata recurrieron con urgencia para dotar de legalidad a un territorio que corría el riesgo de fragmentarse irremediablemente bajo el impacto de la guerra".

Hubo un texto, en especial, que se imprimió en Filadelfia y recorrió el continente americano: La independencia de la Costa Firme justificada por Thomas Paine treinta años ha, un libro publicado en 1811 por el venezolano Manuel García de Sena. Este volumen funcionó como una verdadera "biblia política" de los patriotas americanos. Su valor radicaba en algo revolucionario para la época: contenía la primera traducción al español de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776, su Constitución de 1787 y las leyes fundamentales de varios estados norteamericanos.

Para 1816, los diarios de Buenos Aires ya publicitaban su venta. El libro circuló de mano en mano entre los congresistas que viajaban a Tucumán. En sus páginas, abogados y pensadores locales encontraron los argumentos para justificar la ruptura definitiva con España. El texto planteaba que el poder nacía del pueblo y que la soberanía compartida no era una utopía, sino un modelo que ya funcionaba con éxito en el norte del continente.

El impacto de este libro fue tal que moldeó las dos grandes posturas de nuestra historia. Por un lado, inspiró el federalismo radical de José Gervasio Artigas, quien usó el texto como fuente para exigir la autonomía de los pueblos. Por el otro, sirvió a los congresistas de Tucumán para discutir a fondo si debíamos ser una república o una monarquía constitucional.

Natalio Botana describe la tensión del momento en su obra Repúblicas y Monarquías: La encrucijada de la Independencia (Edhasa, 2016): "Para 1816, la única certeza que prevalecía era la de una inminente disolución. En el Congreso de Tucumán, el debate entre los partidarios de la república y los de la monarquía constitucional no era una mera especulación teórica de intelectuales, sino una encrucijada dramática y urgente: se trataba de elegir la arquitectura política capaz de salvar a la revolución de la anarquía interna y de conseguir el reconocimiento de un mundo europeo que volvía a coronar reyes".

A 210 años de aquellas gestas, recordar este circuito de ideas nos demuestra que la Independencia no fue un hecho aislado ni puramente militar. Fue también el resultado de una juventud ilustrada que devoraba textos prohibidos para diseñar el futuro. El Acta del 9 de julio de 1816 no solo se escribió con tinta y valentía criolla; también llevó en su ADN las palabras de Filadelfia traducidas al castellano.

La tinta antes que la sangre

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