Vía a la tragedia
Dobló con su Citroën 3CV a la altura de lo que hoy es el viaducto Carranza, que aún no existía. Estaba oscuro. Notó de inmediato que su frágil cochecito se zarandeaba suavemente sobre las vías del ramal San Martín. De repente, el interior del auto se iluminó con una luz blanca enceguecedora mientras el potente silbido de una formación ferroviaria anunciaba una colisión inminente. No bien puso sus cuatro ruedas sobre el pavimento, el tren, hecho un bólido, tan solo lo sacudió con su ventarrón. Nos sucedió a mi mujer y a mí hace décadas.
Otros no tuvieron nuestra suerte: murieron allí por pasar en zigzag las barreras bajas, muchos por imprudencia. No fue nuestro caso. Al venir desde una calle lateral, en un entorno mal iluminado, avancé entre las dos barreras distantes entre sí sin darme cuenta.
Las barreras deben impedir totalmente el paso de vehículos. Si es demasiado corta y deja espacio para pasar invita a que el inconsciente o el distraído ponga en juego su vida.
Resulta urgente que en el paso a nivel en el que murió Ernestina Pais se coloquen de cada lado barreras que cuando bajen obturen completamente la posibilidad de avanzar. De lo contrario, otra tragedia volverá a suceder.
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