Ghirlandaio: más que un retrato
Hace pocas semanas, durante la apertura de las subastas de arte en Nueva York, el monto total en ventas superó los 1.200 millones de dólares. Hay obras que nunca llegarán a colocarse allí, podría citarse “La Gioconda” entre las más famosas. Un retrato menos difundido, pero que se puede ubicar entre las cumbres del arte se ubica en el Museo Thyssen, en Madrid. Se trata del retrato de Giovanna Tornabuoni, obra del artista del Renacimiento, Doménico Ghirlandaio. Imperdible, está en la sala dedicada al “Quattrocento” italiano.
Giovanna era una joven de la nobleza florentina, de la familia de los Albizzi. Se casó joven con otro noble de la familia de los Tornabuoni y murió en 1488, a los 23 años, al dar a luz. El cuadro encomendado a Ghirlandaio permaneció por varios siglos en el Palacio de los Tornabuoni, hasta que comenzó a girar en manos de coleccionistas y magnates. El Barón Tyssen lo incorporó a su colección en 1935 en Lugano (Suiza). Y en 1992, al inaugurarse el museo con su nombre en Madrid, el retrato fue instalado entre sus mayores atracciones.
El Estado español lo compró y se garantizó su conservación. Hace algunos años, alrededor de ese cuadro –que Guillermo Solana, por entonces director del museo, calificó como “la joya entre las joyas”- se realizó la más importante exposición de Ghirlandaio.
“Fue, junto a Botticellli lo mejor de una espléndida Florencia del Quattrocento. Su obra pictórica de tal calidad que incluso nos asombran sus últimos trabajos”, definió el profesor Gert van der Sman, comisario de la exposición. Consideró que ver un cuadro de Ghirlandaio “nos permite adentrarnos en la realidad de la Florencia de aquella época, una realidad en la que, por cierto, la mujer ocupaba un lugar muy relevante en la vida social y pública”.
El retrato de Giovanna es de pequeñas dimensiones (77 x 49 centímetros) y se cree que el artista la pintó como homenaje póstumo, está firmada en 1489, un año después de la tragedia.
Todos los expertos en arte, desde aquel día hasta la actualidad, destacan su excelencia. “El virtuosismo de Ghirlandaio en la utilización de los medios artísticos siempre está subordinado a la intención de expresar la gracia de Giovanna y de captar su dignidad. La pintura es pues un adecuado tributo a la incomparable esposa de Lorenzo Tornabuoni”, escribió uno de ellos, van der San.
Y tal vez lo más adecuado es una cita del poeta Marcial que el mismo Ghirlandaio colocó en la obra: "Oh, Arte, si tan solo pudiera pintar el carácter y el alma, no habría pintura más hermosa en el mundo."
Se llamaba Domenico di Tomasso Bigordi, le quedó “Ghirlandaio” porque su padre, orfebre, le preparaba las guirnaldas a las damas de la alta sociedad florentina. Ghirlandaio nació en esa ciudad en 1448 y más adelante, ya consagrado como artista, su taller fue un punto de referencia: si Florencia fue la ciudad fundamental del Renacimiento desde la segunda mitad de ese siglo XV, gran parte lo debía a sus famosos talleres, los de Pollaiolo, Ghirlandaio y su maestro Verrocchio. En el taller de éste surgió un genio estaba como aprendiz un genio llamado Leonardo da Vinci. Y en el de Ghirlandaio apareció, a sus trece años, otro genio, Miguel Angel.
“La obra de Ghirlandaio transmite el ambiente y la efervesencia cultura de Florencia, en la época de Lorenzo El Magnífico”, escribe el erudito del Renacimiento, Paul Johnson. La obra religiosa de Ghirlandaio es impresionante y se conserva hasta nuestros días. Si uno tiene la oportunidad –un privilegio- no se puede perder la vista de sus frescos para la basílica Santa María Novella: “Frisos de la Vida de San Juan Bautista”.
Murió a los 46 años y dejó pocos retratos, pero igualmente impresionantes. Uno se encuentra en el Louvre: “El anciano y el niño”. Y el otro, el de Giovanna.
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