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clarin.com · hace 3 horas · Clarin.com - Home

Cuando las tragedias nos recuerdan nuestra humanidad

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En estos días, las imágenes de los terremotos que afectaron a Venezuela recorrieron el mundo. Edificios destruidos, familias bajo los escombros y miles de personas damnificadas volvieron a recordarnos la fragilidad de la vida frente a los fenómenos naturales y la importancia de la solidaridad cuando el sufrimiento golpea a poblaciones enteras.

Al mismo tiempo, Europa atravesó una intensa ola de calor que afectó especialmente a Francia, España y el Reino Unido, con temperaturas superiores a los 40 °C durante gran parte de junio. Si bien se trata de fenómenos diferentes, ambos dejaron al descubierto una misma realidad: los eventos naturales y climáticos extremos impactan con mayor fuerza sobre las personas más vulnerables.

En el caso europeo, la cantidad de muertes, especialmente en Francia, fue en aumento y afectó principalmente a niños, adultos mayores, migrantes y personas en situación de calle. La gravedad de estos hechos pone en evidencia no solo la falta de infraestructura o la precariedad habitacional, sino también la necesidad de repensar cómo protegemos la vida humana frente a escenarios cada vez más extremos.

Aun así, estas sociedades, muchas veces caracterizadas por el individualismo y la diversidad de culturas y costumbres, buscaron respuestas conjuntas frente a la emergencia, demostrando que las crisis también pueden despertar solidaridad y compromiso colectivo.

En Venezuela ocurrió algo similar. Mientras pasaban las horas, los medios de comunicación y las redes sociales mostraban los dramáticos rescates y el esfuerzo de miles de personas por asistir a las víctimas. Gobiernos de distintos países, organizaciones internacionales y ciudadanos comunes comenzaron rápidamente a organizar ayuda humanitaria. También desde la Argentina, la comunidad venezolana impulsó canales de comunicación para intentar localizar a personas desaparecidas y colaborar con las familias afectadas.

Estos acontecimientos nos recuerdan que, más allá de las fronteras, las tragedias suelen sacar a relucir lo mejor de las personas. El desastre cambia, pero la respuesta humana suele ser la misma: empatía, solidaridad y apoyo mutuo.

Parafraseando las ideas del papa León XIV en la encíclica Magnifica Humanitas, la verdadera pregunta sigue siendo qué tipo de humanidad sobrevivirá frente al dominio, la vigilancia y el control que ejerce la tecnología actual.

Quizás el gran desafío sea lograr que esa capacidad de unirnos frente a las tragedias también esté presente en los conflictos cotidianos, sean ideológicos, económicos, políticos o bélicos. Solo así podremos dejar una sociedad más humana a nuestros hijos y a las nuevas generaciones.

Patricia Rodríguez Aguirre

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